10 de septiembre de 2014

Censura y represión

No es necesario portar una metralla para convertirse en represor, tampoco conducir un Falcon o un Jeep ni levantar ciudadanos de las calles, se es represor en el amor a la arbitrariedad, cuando se reprimen las ideas, pero sobre todo cuando no agradan sus contenidos o cuando son diferentes a la campana comúnmente aceptada y se las reprime. 

Existe un segmento cultural, un componente social, que acompaña a la humanidad desde épocas inmemoriales: El represor. En edades crudas usaban las armas pero en tiempos de paz subliman sus potencias y las vuelven palabras, muchas veces sin argumentos, pero palabras al fin, y acciones cuyo objetivo es evitar la difusión pública de las ideas, anular los debates abiertos, bajo la premisa orweliana de que "malos pensamientos promueven malas acciones" incurriendo torpemente en lo opuesto, que es cuando "malas acciones promueven malas conductas sociales" aunque, finalmente, sólo atrasan lo inevitable y sobran ejemplos culturales transitados por nuestra sociedad como, por ejemplo, los debates sobre el divorcio, el destape, etcétera, en los '80. Pero si no alcanzan los argumentos y las palabras encuentran otros métodos accesibles. Veamos algunos de los recursos y el comportamiento de estas figuras selváticas que habitan y comparten nuestra biósfera.

Siendo represor se reprimen las palabras cuando se condena a quien las pronuncia, pero si se impide la pronunciación de las mismas ahí adquiere el nombre de censura, que viene de la voz latina censor y tiene su origen en Roma, eso nos dice que como tarea es antigua. En tiempos de libertades cívicas el primer paso es la censura, es decir, el impedimento de las ideas por supresión o anulación, pero de intentarlo de nuevo, de obstinar en lo mismo y de porfiar en los argumentos, sobreviene entonces la represión que es cuando incluso las palabras son usadas como un arma para allanar, detener e impedir una manifestación individual, no para educar ni iluminar, sino como amenaza, como agresión disuasiva.

En la edad Media, incluso Shakespeare debió sortear los obstáculos de la censura ejercida por los Comisarios reales cuando llegaban con sus soldados a clausurar las obras públicas si se juzgaban nocivas a los valores de la sociedad de aquel momento, o tal vez una idea o un concepto de la dramaturgia que pudiera afectar la moral pública. Eran los "representantes del poder" en esos tiempos. Aún lo son. Siempre hay representantes del poder, a veces ocultos en la sociedad para ejercer la censura y nos recuerdan que si tuvieran una metralla, regresarían como represores. 

Pero veamos un simple y mínimo acto de censura con evolución: La primera vez se allana una idea es censura, clara y recta, pero si se ejerce nuevamente con conocimiento de lo que se quiere censurar, es decir, una confirmación de la supresión de una idea o un sentimiento, dejó de ser censura y ahora se llama represión y el diccionario se refiere a una acción del poder para contener, detener o castigar, y cuyo territorio de actuación es bastante amplio y por completo discrecional. Por eso tanto el censor como su correlato, el represor, son paradigmas reveladores del primitivismo que busca impedir y retrasar la evolución social a períodos oscurantistas y brutales. Prueba de ellos son el destape de la sociedad española que luego de 40 años de censura, supresión y represión, que dejaron huellas profundas en las costumbres de dos generaciones, explota hacia una libertad expresiva irrestricta, prueba visible de la invalidez de los métodos represores para erradicar una concepción social o individual; con todo el despliegue de coerciones apenas logran retrasar los procesos.

Pero lo cierto es que para ejercer dicha represión se necesita una cuota básica de poder y naturalmente que es nacida del propio Estado. Finalmente, hablamos de un agente, un funcionario regular o de oficio secular del organismo. El mismo Trotsky inspirado en el pensamiento de Max Weber estaría de acuerdo en que para ejercer esa cuota de poder no sólo se requiere de funcionarios acreditados como parte del Estado, sino de externos creyentes en la validez de sus métodos. La institución en sí misma no alcanza para penetrar a la sociedad completa, sino que requiere y se nutre del reflujo permanente de servidores nacidos en la propia sociedad que reprime.


La censura fue ejercida en obras musicales, obras literarias e incluso en mapas. La idea es que algo no salga a conocimiento público y trata de los estilos empleados para el objetivo. Por eso es característica de tiempos o monárquicos o militares o de imperio religioso, con cortes marciales o tribunales inquisidores. Para eso antes se nombraban a los Comisarios Reales o Delegados Papales o Interventores, y se les otorgaba poder y el comando de agentes o soldados pero también, a su vez, se designaban a espías para observar a los peligrosos y prevenir las protestas, las reuniones sospechosas. El extremo final de esta medida de sospecha conspirativa del Estado para con una sociedad completa la conocemos: El Estado de sitio, que es cuando la reunión de más de dos personas presupone una conspiración.

La humanidad tuvo a grandes sospechosos miembros de las artes, Shakespeare fue un peligroso, Cyrano también lo fue, Pasternak, Cabrera Infante, Roa Bastos, Wilde, Monterroso, Neruda, todos ellos y muchos otros, fueron peligrosos para el Estado. Hubo y hay tantos peligrosos que el ejercicio de la censura se mantiene vigente por los cultores y moderadores, los representantes o servidores del Poder y del Estado, porque también subyace en épocas republicanas oculta de manera latente, siempre hay quien nos advierte que de no ser obedecida la palabra imperante, y ante la respuesta contestataria, entonces se ejerce la represión como medida terminal. Ellos administran las voces, las califican, las clasifican, las desagregan, las verifican en sus contenidos. Y si es necesario, las censuran. Y si se obstina, entonces se reprime. Para esto se emplean las armas o las palabras o los gritos. En efecto, cuando no alcanzan las voces, entonces se suman muchas voces hasta conformar gritos y barullo que aplaquen al fin las voces solitarias, porque el objetivo es que no sean escuchadas. Basta con impedir el conocimiento del concepto. Wilde podría darnos una clase magistral de cuando los ladridos de la jauría se suman para tapar una voz.

Uno de los grupos de choque y censura reconocidos y ocultos en la actualidad de nuestra sociedad, por ejemplo, pertenece a la misma iglesia católica. Como institución dispone de su jauría de censores y represores quienes allanan el debate de temas sensibles como el aborto; así es, ellos son quienes reciben las instrucciones de acallar las voces nocivas en sus argumentos en los debates abiertos, y así administran los motivos y las justificaciones de la demagogia católica. A veces, los veremos asomar en las mesas periodísticas con la levadura conocida pero, como parodia, sólo persigue el fin de impedir el desarrollo del debate, no se trata de la razón ni los motivos. Pero cuando esos "grupos de tareas" no son escuchados por la sociedad, o son superados en los argumentos básicos, entonces pierden la compostura y aplican el recurso extremo de las amenazas de bomba en edificios públicos, en hospitales, en juzgados, en salas de debate, en estudios de televisión. Allí vemos que el censor llevado al extremo es represor.


El implemento de la censura represiva la vemos aplicada de manera siniestra en lo individual cuando se elimina a un testigo clave en un juicio, allí también vemos que la censura es represión. Y por supuesto que estos ejecutores cobran por esos servicios, o dineros o regalías o beneficios. Tanto represores como censores reciben una paga por los servicios cumplidos, la idea es mantenerlos conformes y dichosos con sus funciones. Los Estados e instituciones siempre encuentran un cifra tentadora para los verdugos porque siempre tienen un precio accesible.

Se reprime cuando se permite el ejercicio de la represión y de su hermana menor, la censura, ya sea pacífica o ejercida por la fuerza, y es común entre los represores y censores en tiempos de luz, el gran acto de cobardía suprema que viene luego, tras la acusación, cuando se la niega; cuando se buscan justificativos para exculparse de haberse sumado anteriormente a la condena, cuando tras haberla implementado se la quita de la acción y se la traslada a la ambigüedad, cuando se la niega o se miente o se calla frente a las evidencias que es cuando luego de haber tirado la piedra se oculta la mano, no sea que los descubran en su verdadera naturaleza risueña y nefasta: Son represores en épocas de paz. 

Pero no hay censores ni represores famosos en la historia de la humanidad, sólo cuando exceden sus propias marcas y se vuelven déspotas, tiranos o asesinos, de allí el fascismo exteriorizado en pleno siglo XX y lo que va del actual, ciudadanos comunes que ante un estímulo adecuado ven en un adversario al enemigo digno de muerte. No se trata de cuál es más sabio ni mejor argumentado, sino de impedir la imposición de una idea, retrasarla; pero de no cruzar esa marca que orilla el crimen social, por suerte, la sociedad los olvida. Nadie recuerda el nombre del verdugo de Juan el Bautista. Ninguno de ellos le dejó una huella perdurable al tiempo, ninguno es recordado en alguna biblioteca por fuera del registro de remesas y pagos a funcionarios y siervos pasajeros del Estado. Pero no hay que temerles, por el momento sólo son los idiotas de turno.


Si no comprendieron qué contiene 
el ejercicio irrestricto de la Libertad de expresión, 
están a años luz de comprender el costo que 
tiene el derecho de Acceso libre a la información.



Barón Carlos Rigel


Copyright®2014 por Carlos Rigel

7 de septiembre de 2014

Una rectificación pertinente



Según me aclaran, en horas recientes se me ha relacionado con un acontecimiento de discriminación y censura contra la Sra. Perla Patrón, de Ramos Mejía, para la cual, como organizadora de un encuentro literario de su ciudad, fui uno de los invitados durante los eventos. Esa misma cortesía, a su vez, se le fue dispensada en los comienzos del Café Rincón de letras. Sin embargo, luego de acontecimientos confusos en relación a una publicación que realicé para el café que ella coordinaba con los autores de su grupo de allegados, simplemente me retiré para dedicar mis esfuerzos únicamente a los eventos de difusión cultural en San Justo.

Con posterioridad a mi alejamiento –de lo que podríamos llamar, el grupo Ramos Mejía–, es que comienzan los ataques en las redes contra mi persona –nada novedoso, por cierto–, la persecución, el seguimiento de mis movimientos diarios, la extracción de información de mis cuentas jaqueadas y el uso discrecional de la misma, la contratación o convenios con gente de baja calaña para el hostigamiento, las amenazas, los emails injuriantes, los cruces informativos y los reportes diarios de mis movimientos en un grupo de gente cuya finalidad cotidiana parecía ser la de hostigarme con advertencias, evaluaciones jamás pedidas y descalificaciones por completo impertinentes. De esa época tengo los emails, los partícipes, la revelación de información del origen de los sucesos narrados y hasta las cifras que fueron ofrecidas y cobradas por miembros de ese grupo por los servicios prestados cuya finalidad prefiero callar, algunos datos oportúnamente descritos en notas de mi blog inmediatas o posteriores al momento.

No obstante, la Sra. Perla Patrón se presentó libremente, como cualquier otro ciudadano, en uno de los últimos cafés literarios coordinados en el Centro Cultural Congett cuando las aguas estaban ya divididas y mi persona en el centro del huracán. Y durante mi última visita al programa de radio "Cultura desde el pie" también tuvo la completa libertad de llamar al programa, a sabiendas de que estaba yo presente, como también puede hacerlo cualquier otro ser libre de brindar su opinión sin censura previa ni restricciones sobre temas de interés general. Jamás se la privó ni de visitar los espacios públicos ni de hacer uso de sus libertades cívicas. Repito, jamás.

Sin embargo, tengo el derecho a reservarme de publicar mis escritos donde participa gente que en lo oculto y al amparo de las redes, me ataca. De allí la aclaración y la consulta de que si ella publicaba en el "Catálogo de Autores de La Matanza" del año 2012, editado por la Secretaría de Cultura y Educación del Partido de La Matanza, me abstenía de participar de la antología. Jamás la privé de su ejercicio individual de la libre expresión en igualdad de condiciones que cualquier otro. De allí que si ella participaba de algún evento, sin dar explicación alguna, me retiraba. No obstante, a nadie he privado de dispensarle los honores que cada uno crea conveniente. Mis causas son privadas y sólo me sirven a mí. Pero me reservo el derecho de participar donde quiero, yo también soy libre y destino mi interés en lo que quiero y me parece adecuado.

Pero así es que antiguos colaboradores, colaboradoras y con quienes yo colaboré en la promoción de la libre expresión, luego fueron ejecutores de tareas ocultas, llamadas ocultas, injurias, mentiras, insultos, calumnias aproximadas o contaminadas o alejadas de la verdad, y que se prolongan aisladamente hasta la fecha. Cada uno cuenta su versión según lo que tiene adentro, pero yo sólo tengo la mía y jamás me interesó saber cuál es la ajena. Lo que di, di y no tengo reclamos, lo que perdí, perdí y nada lamento, y lo que no obtuve, no obtuve y nunca añoro. Y cuando abandono algo es definitivo bajo una premisa que es axioma inamovible en mi vida y es que "no dará mañana lo que no dio ayer". Que cada quien exponga su obra al público y que el público juzgue, y quien no tenga obra que mostrar que exponga sus actos. Yo sólo escribo.


CR

6 de septiembre de 2014

Grupo Almafuerte





La novedad del distrito
para la promoción de las Artes y 
el pensamiento libre.

Concientes del momento crítico que vive la sociedad nacional, el recrudecimiento de la censura y la condena a la libre expresión del ser, sumado a la necesidad continua de expresarnos con mayor libertad, nace el Grupo Almafuerte como entidad de trabajo para la difusión y promoción de las expresiones artísticas y académicas, cuyas vertientes abrevan tanto en artistas y pensadores locales y nacionales como invitados del exterior con una convocatoria de amplitud expresiva interdisciplinaria, un selló que ampara a músicos, escritores, escultores, pintores, historiadores, ensayistas, fotógrafos, periodistas, académicos, pensadores, dramaturgos, actores, etcétera, ya que no prima lo discriminatorio ni sectorial o lo político, tampoco lo religioso o lo étnico, sino la tolerancia, el respeto al conocimiento, la libertad de pensamiento, la excelencia, el estudio, la calidad artística y cultural, el esfuerzo y la preocupación permanente por la difusión de las artes y el pensamiento libre.


Nuestro país ha vivido etapas represivas y restrictivas, dolorosamente aprendimos de ellas; tampoco las artes o las expresiones del ser piden permiso para manifestarse, y la intención no es desagregar al partido de La Matanza del resto del país ni del mundo, crear una isla inconexa autosuficiente, sino injertarla en una corriente contemporánea de artistas y pensadores, concientes en que las diferencias étnicas, regionales, políticas, religiosas y de clase, son fuente de conflictos sociales discriminatorios permanentes y que los habitantes del distrito padecemos con frecuencia. Como tal, la convocatoria está abierta a todos los ciudadanos del mundo que deseen promover sus obras en nuestras ciudades con presentaciones públicas amplias con el respaldo intelectual y académico correspondiente. Si nuestro distrito no será un corazón abierto entonces que duerma en la barbarie.


1 de septiembre de 2014

Hiperprólogo




Como es mi costumbre con los títulos 
nuevos, publico el prólogo del volumen
La cicatriz universal, de próxima salida 
a la venta.

Hiperprólogo

«De tanto escrito olvidado, sepultado y fosilizado en distintas computadoras caídas en su deber, poco falta que reste publicar de mi pluma pretérita. Diría que casi no tengo deudas importantes con las décadas pasadas, aunque al concluir este pensamiento, recuerde unos cuentos extraviados y nunca recuperados, quizá en alguna carpeta perdida durante mis mudanzas por cambios de domicilio.

Coincide el momento, es cierto, cuando se suman los pedidos de los lectores de textos más profundos y prolongados, la necesidad de sustentar una lectura a lo largo de los días como una compañía silenciosa, un libro como una constante diaria, un destino reincidente habitando el cotidiano vivir, como comer o dormir, excepto que luego de leído y acaso, con mucha suerte, releído, pase a hibernar como parte de una biblioteca de lomos escritos y erguidos de pie, como pequeñas torres fósiles de signos; o tal vez duerma aplastado bajo los cuerpos inertes de otros títulos en una mesa de luz; o quizá peor destino, nunca lo sabremos. Como decía un amigo frecuente de mis escritos, cada libro, cada ejemplar, tiene su propia vida, su propio rumbo.

Pero volviendo al tema de origen, algunos de mis lectores reclaman un mayor compromiso con la edición de títulos de larga lectura; entre ellos destaco al músico, narrador y poeta Kazán, a Mariano Iaciancio, a Dora Goitía, quizás haya otros. Y ante ellos, me justifico: sé que el formato de los diarios de autor conforma una especie de golosina para el lector, un caramelo aditivo que por lo general adorna la obra mayor y más poderosa que frecuenta a los autores famosos, pero en mí ha operado a la inversa, digo que ha sido la apertura luego de los cuentos recopilados en el volumen REM de relatos, única muestra vigente y publicada, hasta el momento, de mi narrativa ficcional. Y, sin embargo, al volver a editarlos, poco me identificaban ya esos textos olvidados, sentí que era otro quien los había escrito pero porque esa etapa quedó en el pasado y priorizo en esta edad la novela y el ensayo como desafíos permanentes.

Hace poco decía que no pienso hoy en función del cuento, género no suprimido pero menos frecuente en mis escritos, y no pienso en él como pensaba y me obsesionaba hace décadas en el pasado, en mis comienzos.

Pero esta breve reflexión me permite conjeturar que sólo me queda una ruta por delante y es la de la novela, pero he aquí que no la novela tradicional ya que desde 1986 trabajo a diario con un pensamiento descubierto y analizado con una de mis amigas escritoras, la Sra. H. Flesca, cuando concluíamos que el tiempo del género de la novela había llegado a su fin, y que sobrevenía la edad de la metanovela. Claro que esto fue dicho antes del arribo de los grupos editores españoles a nuestras tierras, lo que configura una retraso de cincuenta años para la literatura experimental y progresiva heredada de los ’70. Pero lo cierto es que he tenido que elaborar una teoría acerca de la dimensión de un género tan poco indagado como la metanovela, si hasta creo que fue una creación dialéctica de la sinergia dual de ese momento, un neologismo nacido pasional, más como una especulación de la futurología que como una señal continua del presente. Y sin embargo, la siento verdadera en mi conciencia; vale la pena buscarla, como ya dije, aunque los fracasos se acumulen previo al incinerador de los sacrificios literarios. Cada autor debe disponer de su propio y selectivo incinerador, Gehenna pírrica de holocaustos privados, aunque mucho antes de cumplir el pedido final de Kafka, preferiría prenderle fuego a él antes que a su obra, o acaso cortarle la mano a Sábato antes que hiciera fuego cuatro de sus novelas anteriores a Sobre héroes y tumbas, las que ahora, definitivamente, pueblan de ánimas paginadas las estanterías fantasmas de bibliotecas universales, como las de Alejandría.

Pero a ese género misterioso de la metanovela pertenece el texto Diario del fin (2010) muy pronto a editarse; y también, creo yo, las andanzas de don Quijote en las Indias comenzado en 2005 y sin fecha de conclusión —porque la sigo escribiendo—, y de la cual, desde que publiqué un capítulo de anticipo en 2013, tengo reclamos de presentar al menos la primera parte de la saga; e incluso el siguiente proyecto al que sumo imágenes y pastillas narrativas sueltas, y que trata de una adaptación del Fausto de Goethe al clima urbano de una Buenos Aires ilusoria y mordaz, y cuyo protagonista es un escritor. 

Sólo falta aclarar que imponernos metas ambiciosas, más grandes que nuestra exigua inteligencia, exige la conducta diaria de crecer hacia ellas, comer, mirar, amanecer vestido como otro, vivir otra vida, y ese proceso es lento. Como recuerdo en un capítulo de este volumen, nunca sabremos cuándo se cierra el interruptor que dispara el comienzo de un texto, pero no como un escrito ceremonial a cumplir, sino como el grito de un pedazo de nuestra vida que busca manifestarse en el mundo de las realizaciones. Así operan los demonios de la pluma.

En resumen, quizá sobreviva algún ensayo que justifique la re-elaboración del texto y su publicación posterior, y hasta confieso que uno de ellos se trata de un análisis de metástasis entre lo antropológico y lo antroposófico, cuyo título fue eliminado a última hora del presente volumen, y se trata de Señales del Alma, escrito en 2005, porque reclama el compromiso adicional de re-escribirlo, además de una conclusión que merezca una edición solitaria. Claramente advierto una categoría de escrito pasional y tan irresponsable del tipo La anomalía de Jerusalén, también de 2005, aunque editado recién en 2012.

Quizás haya sido necesario exorcisarme de tanto brevario pero, como digo, ha concluido el tiempo de los confites y los caramelos narrativos, los textos cortos están llegando a su fin aunque sé que nunca se extinguirán por completo. Recuerdo entonces un concepto oportuno de Cortázar: Cuando se agotan los temas, entonces se empieza a escribir.

Bien, quizás ahora comience a escribir.»

Barón Carlos Rigel


Copyright®2014 por Carlos Rigel

25 de agosto de 2014

Un fragmento del ensayo Cicatriz paradojal







Publico las primeras páginas que introducen al texto 
editarse próximamente en el volumen La cicatriz universal
 y que explora la refutación del físico norteamericano 
Leonard Susskind al físico inglés Stephen Hawking acerca 
de una hipótesis polémica conocida como 
La paradoja de la información y que explora el destino 
final de la historia en los términos de un agujero negro estelar, 
paradigma hasta hoy irresuelto.


"Recordaba la polémica desatada desde hace más de tres décadas entre dos académicos peso pesados de la física como el inglés Stephen Hawking y el estadounidense Leonard Susskind en los extremos opuestos de las teorías cosmogónicas atinentes a los Agujeros Negros proyectados al final de los tiempos.

Pero procedamos a recordar vagamente que un Agujero Negro es un producto pesado, un residuo estelar, porque nace en los escombros de una supernova, una estrella agotada y colapsada. El núcleo residual es tan masivo y poderoso que comienza a absorber la materia circundante. Así las fuerzas gravitatorias crecen infinitamente proporcionales a la masa que acaparan. Cuanto más agregan, más grande se vuelve, y más poderoso el campo de fuerza. Incluso la luz que, es mejor recordar el enunciado de Planck, viaja como una onda de alta frecuencia pero se comporta como una partícula de alta energía cuando toma contacto con la materia, hablamos entonces del fotón, ese elemento que choca contra los objetos y permite a nuestros ojos ver, el fotón, decía, también cae hacia el núcleo gravitatorio del Agujero Negro. Y conviene destacar que cae tan libremente toda materia debido a que el objeto, el cadáver nuclear de la estrella, no emite ningún tipo de radiación desde su interior masivo hacia el exterior, por lo tanto ninguna fuerza ofrece una resistencia que repela o que compense el derrumbe gravitatorio hacia el núcleo estelar.

Si tenemos en cuenta que el tamaño observable de cualquier estrella de universo, su volumen, durante su vida activa o secuencia principal, como se le llama a esta fase de fulgor estable, es resultado de dos fuerzas opuestas, la del poder gravitatorio o campo magnético, que lleva a la materia a derrumbarse sobre su mismo núcleo, y una fuerza opuesta que limita el cierre sobre el mismo centro, y se trata del propio calor. En efecto, es la radiación misma que, como sabemos, expande toda materia, la hincha, por ende se opone al derrumbe y determina el límite al poder atractivo que intenta compactarlo todo contra el centro de gravedad. De esa manera, el tamaño de un astro es resultado de esas dos fuerzas opuestas, la gravedad que intenta comprimirla y la radiación que, al contrario, la expulsa hacia el exterior, resultando en una esfera visible de un tamaño resultante. Como decía, ese equilibrio de fuerzas contrarias da como resultado siempre el tamaño aparente de una estrella. Pero avancemos un poco más para conocer las diferencias mecánicas entre una estrella y un agujero negro.

Un astro activo mantiene su tamaño con algunos ligeros cambios en las distintas etapas de su vida hasta que llega el final. Pero una vez que un sol como el nuestro ha consumido todo su combustible, la radiación ya no cuenta y el objeto, por lo tanto, sólo está sujeto a la tracción de la gravedad.

Entonces aparecen en escena las distintas maneras de manifestar ese final. Allí entra en consideración una variable significativa a tener en cuenta: el tamaño, la cantidad de materia o masa de la estrella. Tras finalizar la fase activa, las más pequeñas, como por ejemplo el Sol, nuestro sol, simplemente agonizan apacibles y finalmente se apagan, volviéndose objetos fríos y opacos. Mientras que las estrellas muy grandes, más de cien veces el tamaño del nuestro, inician un colapso espectacular en varios pasos pero cuyo resultado final es que estallan produciendo el fenómeno estelar llamado nova o supernova. La masa total se expande miles de veces en un estallido cuya luminosidad puede ser vista desde cualquier lugar de nuestra galaxia e incluso desde otras comunidades de galaxias distantes. Esa materia desintegrada y de muy baja densidad finalmente se enfría y apaga.

Ahora, bien, las supernovas, decíamos, estallan pero dejan tras de sí un residuo, un núcleo masivo, oscuro y muy poderoso. Son esos núcleos pesados, precisamente, los que evolucionan a Agujeros Negros y cuyo primer alimento en su larga vida voraz es la propia materia antes liberada durante la explosión y luego inerte, opaca, ahora de nuevo reunida con un destino menos, o acaso nada, luminoso. Es de conclusión inmediata que esa materia muerta atraída de nuevo al núcleo no vuelve a la actividad, no emite radiación alguna ante la fricción de partículas y si acaso produce calor, que es probable, no es verificable, pero que sí se manifestará, como resultado del incremento masivo, en un aumento proporcional del poder de gravedad. Y cuanto más grande más pesado, y cuanto más crece más extiende sus brazos, ampliando el radio de influencia y capturando materia cada vez más lejos, fagocitando incluso otros objetos más pequeños de otras o incluso de su misma especie. Por ende, un agujero negro sólo puede crecer de manera indefinida, de allí su poder aterrador.


Por ese motivo no emite ningún tipo de partícula u onda que oponga una resistencia o contrarreste a la caída de lo que captura el objeto. Así comienza la vida activa de un agujero negro. Y es negro, porque si observáramos esa porción del cielo advertiríamos un boquete oscuro en el cielo. Pero esto es sólo a simple vista, ya que si estudiáramos al objeto en diferentes radio-frecuencias, verificaríamos una actividad inusual como, por ejemplo, el efecto Doppler sobre la luz que lo circunda o que viaja en las cercanías del ogro estelar, una característica del movimiento que es mejor recordar..." 

Barón Carlos Rigel


Copyright®2014 por Carlos Rigel

16 de agosto de 2014

Sin huella

11 de Agosto de 2014


Sin huella

Qué poco vale una tribulación cuando la sangre muere y ese gran suicida que es el tiempo nos lo recuerda en cada minuto cuando se lanza al abismo y cae como un edificio sin raíz. Somos instantes.

Barón Carlos Rigel





Copyright®2014 por Carlos Rigel

13 de agosto de 2014

Reportaje para TVMC de Martín Biaggini.








Muy pronto linkearé el reportaje de Martín Biaggini para TVMC, Arte y cultura, respetando los derechos de propiedad intelectual de la productora local. El mismo fue realizado el Domingo 10 de Agosto en la Biblioteca Popular de la Imagen de la ciudad de San Justo, institución a la cual extiendo mi agradecimiento por facilitar la institución.

El perfil del ciclo expone al público a los actores de la cultura del distrito, y el mismo Biaggini sabe de mis reservas objeciones a revelarme como parte de una comunidad a la que no me siento integrada y de la que decidí apartarme voluntariamente luego del episodio de censura padecido en público en 2012. La misma generación creada por el Proceso represivo y censor que vivió el país en décadas recientes me anulaba el micrófono. Son la evidencia más clara del triunfo procesista en un segmento de la sociedad que subyace perfectamente camuflado en la ciudadanía. Se parecen a nuestros políticos.


La diferencia es que yo viví esas épocas, nadie me explicará lo que contienen. Mi autoexilio fue voluntario, como es sabido, renuncié a participar de grupos represivos, lo cual me ha traído desde entonces ataques, burlas, desprecios y operativos de desprestigio. Sin embargo, nobleza obliga: adeudo a la educación y el extremo respeto de Biaggini y a su labor, lo que me llevó a aceptar la entrevista cuando he renunciado a participar de eventos públicos en el distrito. Fui censurado en un espacio abierto promovido por instituciones de gobierno y nadie protestó.

Por primera vez para la región que me vio nacer doy una nota sobre mi vida y mis escritos, mis orígenes como narrador y hasta confieso que debí hacer memoria ante el micrófono frente a preguntas simples aunque incisivas y de respuestas olvidadas. Jamás creí necesario recopilar eventos de mi destino a través de 30 años vividos con lapicera, máquina de escribir y teclados, desde los comienzos con la redacción tortuosa, el premio, el abandono de la escritura, hasta el retorno en 200o para descubrir el placer de escribir sin esperar nada a cambio, porque ni siquiera he reclamado espacios para leer mi trabajo nunca, siempre en favor de otros. Las notas y reportajes dadas en otros momentos fueron en beneficio del descubrimiento de otros autores. Pero no tengo nada que ocultar y menos de qué arrepentirme, soy lo que soy: una persona que piensa, dialoga con sus lectores y escribe. El mismo ejercicio cotidiano que llevo a mis libros.

CR