20 de enero de 2012

La sandía panificada



Una enamorada milonga del espacio profundo


Echado al cordón bajo la autopista y a la sombra de un enero cremosocomía el corazón arena de una sandía tibia recién afanada, cuando la vi pasar, autógena y parrillera. Los destellos vibratorios de sus achuras me encumbraron. Y me quedé sin fichas. Los ojos como canastos de pan, las mitocondrias hinchadas como galaxias en celo. Si apenas me cayó de la mejilla una pepita negra de amor. Y de mi pantalón una mosca voló enamorada.
No tuve más que tirarle con la sandía. ¡Adios amor!




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20 de noviembre de 2011

Poema sin título de Andrea Dagnillo

Una extensión de mis derechos de autor 
que protege los descuidos de una poeta emergente.


Un mundo de pecados, una audáz escapada, una mirada cómplice, una tarde de luna impacientada, un amanecer lleno de miel, una canción falsa, un remordimiento y otro más, un cuarto lleno de deseos, un volcán en nuestras bocas, un instante de suspiros, nuestra piel desesperada, una travesía bajo las sábanas, un relámpago de nuestra carne, una noche desesperada e interminable, una madrugada que termina y sólo quedan los deseos sin descubrir.

                                                     Andrea Dagnillo


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15 de noviembre de 2011

El mar en llamas





Marathónica de Poesía y Narrativa en Mar de Ajó, 2011,
organizada por la Fundación de poetas René Villar del 10 al 13 de Noviembre.


Apenas median horas entre el arribo a Mar de Ajó y mi ponencia anunciada por los coordinadores Horacio y Rubén Gómez. Se trata de la convención de autores y artistas de la Costa Atlántica, Mar del Plata y que incluye en este episodio a narradores y poetas de ciudad de Buenos Aires, GBA y provincias del interior. Transcurre en un noviembre anacrónico de calor, de viento y frío nocturno en el lujoso hotel Latinoamericano de Mar de Ajó, frente al mar.
En su mayoría se trata de coordinadores de encuentros de autores independientes, cafés literarios y talleres de escritura, incluso estudiosos de los procesos creativos, con irrupción de poetas y narradores, tanto veteranos como amateurs. 
La ponencia a cargo del autor prevista para las 19:45 –en la que el saco y la corbata no estuvieron ausentes–, comenzó finalmente a las 20:05, y aunque se me dispensaron dieciocho minutos, ocupé treinta y cinco minutos con atención absoluta del público –aprox. 100 personas–, clausurando la segunda jornada y previo a la actuación de Alfred Hopkins.
Como es sabido, jamás leo ni hablo de mi obra, y preferí comenzar con un análisis breve del estado de la letras en el Partido de La Matanza –ya que debo fundamentar mi presencia allí–, hasta dedicarme al tema propuesto. Como es habitual, hay reflexiones atinadas y risas, y lo que puede entenderse como el agradecimiento de la gente, que es cuando extienden manos para recibirnos de regreso a un ruidoso anonimato tras finalizar la ponencia.


La observación es que la poesía parece agotada, acorralada por lugares comunes perfectamente olvidables. Recuerdo entonces al premio Cervantes español Antonio Gamoneda cuando habla de "poetas imperiales" y de "poetas conquistados" porque siguen las estructuras mentales del siglo de Oro. Peor aún, es evidente el avance de la prosa por sobre la poesía clásica ya que el verso libre tiene más de narrativa que de sonoridad rítmica.
Pero quizás la novedad, el momento de ruptura con la solemnidad, el destello de contracultura, es la "Poesía sucia" del marplatense Víctor Clementi, especie de ogro semántico –o monstruo enamorado–, quien además caracterizó junto a Ana Pocorena y para estallido de risas del público su obra "(Osama) Bill Lamen", que vendría a ser el reportaje a un terrorista fundamentalista nacido de un experimento genético en la amalgama desopilante de Bill Clinton y Bin Laden, precisamente el humor arriesgado que yo agradezco.


Diría que al menos cincuenta autores expusieron, presentaron o leyeron sus textos durante las cuatro jornadas. Así escucho "años atrás", "tan es así" y otras variedades de la mala escritura y que revela la popular entrega a la redacción con poco estudio del español y menos lectura. Pero en todo caso habla de la formación media o baja de los moderadores del área que no sólo afecta a la costa sino a la latinidad. Hay más impulso que academia y la busca de "la belleza en los intersticios de la verdad" de las reflexiones hegelianas, no alcanzan para justificar la ausencia.

La cordialidad del grupo humano es intachable; así también la actuación del equipo de coordinadores: Horacio y Rubén Gómez, Lucía Vizio y Alicia Erdelysrky, que siendo autores resignan espacios propios en beneficio de las visitas. Sé cómo es eso. Tengo especial interés en asistir a la ponencia "La magia de los cafés literarios", lectura defectuosa a cargo de Josefina Rodríguez quien lista el origen de los cafés en Arabia y Europa medieval y, para mi asombro, salta al Café Tortoni, a comienzos del siglo XX, obviando nuestras payadas de pulpería que serían la versión autóctona más antigua de nuestros mates literarios. Por suerte en el Día de la Tradición Isabel Corrao Santos recita un fragmento extenso de Santos Vega de Hidalgo, salvando la fecha.
También soy invitado a la cena de camaradería preparada por los organizadores para la noche del sábado y me toca la mesa de autores marplatenses, algunos muy jóvenes, todos ellos coordinados por Marcela Predieri. 

La Patagonia está presente o recordada en la figura legendaria de Vicente Zito Lema, tras 19 horas de viaje para alcanzarnos, llegado desde una cárcel de mujeres, quienes editan un libro de poemas que me hubiera encantado escuchar. Por desgracia mi valija espera despanzurrada y vacía en la cama el viaje de regreso a Buenos Aires.
Una rareza: vendí todos los ejemplares que llevé, excepto uno que regalé a Augusto, un autor muy joven en lucha lúcida contra un visible síndrome de Down.




8 de noviembre de 2011

Hay que renovar las formas de morir


¿Acaso hay otra manera de morir que no 
sea de un paro cardiorespiratorio? 
Un aporte invalorable del gran deceso nacional 
a la poco imaginativa medicina contemporánea: 
Nuevas y mejores formas de morir. Facultad 
de Medicina, tomar nota.


Cuando un periodista le pregunta a un médico los motivos de un fallecimiento o célebre o anónimo, accidental o fortuito, la respuesta es siempre la misma. "El motivo del deceso fue paro cardiorespitatorio". Que yo sepa, en la naturaleza, todo lo que tenga sangre termina de esa manera, aunque las causas de origen puedan ser tan variadas como las siguientes: 

Por autoelectrocusión, por mordida de dinosaurio rabioso, patada de canguro salvaje, aplastamiento por meteoro extraterrestre, ataque tentacular de un pulpo gigante, disparo buco-cerebral, transplante interrumpido por un partido, paquete de medidas económicas, choque de galaxias, envenenamiento político, abandono médico por el convenio con la funeraria, por un penal errado, de asco, por disparo con rayo láser, gárgaras con cianuro, incautamiento sorpresivo de ahorros, de amor, de venganza con hamburguesas macdonalisias, a quemarropa con un libro de Coelho, de agusanamiento cerebral,  de vergüenza, por dormirse en las vías, de horror, con uno de Caparros pero de mil páginas, de linchamiento con tetranrick, por motivos desconocidos, por una maldición egipcia, por entutoramiento de cuello ajustado, por un botellazo cumpleañero, con uno de O’Donnell autografiado como si lo hubiera escrito él, por encargo del presidente, por contagio de La muerte roja de Poe, por disparo de policía descuidado, por un fierrazo tribunero, de asfixia con un pedazo de vacío cuando en el noticiero aparece Chirolita como senador, por succionamiento de sangre del Chupacabras, lo mismo pero por Drácula, por atragantamiento con un globo aeroestático, de intoxicación con jabón el polvo, de indigestión con fosfato de hidrógeno, etcétera.


La lista es interminable, pero no importa cuál fuera el motivo, el fin es siempre igual. Tal parece que la Muerte viene poco inteligente ya que sigue el mismo patrón desde que los reptiles dominaban la Tierra. ¿Podrá la medicina moderna aportar nuevas y más creativas formas de morir?


Octubre de 2005


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3 de noviembre de 2011

Extinto esplendor




"La fuerza y la belleza del unicornio residen en su cuerno. He ahí la majestad en el obsequio de los dioses entregado a los hombres en los destellos finales de la edad de Bronce. El último fue cazado con una zanahoria en una bahía de Cos en 836 A.C. Tardó menos de un minuto en morder la carnada. Desde entonces los lugareños dicen que en la bahía hay buen pique."


Párrafo de Los ángeles al desnudo, 2005





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28 de octubre de 2011

El adoquín inicial / Republicado


Reflexiones para la Nueva Edad Holística


Cuentan que cuando Simón Barjona, llamado Pedro, recibió la piedra inicial de la Nueva Iglesia –un bloque sólido de doce kilos–, se aventuró a cargarla con valentía y penitencia el camino hasta Roma. Sin embargo, poco antes de llegar a destino, la ruta se interrumpió brutalmente por un pantano. No afecto a pérdidas de tiempo —ni a pensamientos profundos— se adentró en las aguas lamosas. Pero mientras avanzaba he aquí que perdió el equilibrio y la piedra cayó en la ciénaga. Tenía dos alternativas: Buscar ayuda... o construirla allí mismo.



Párrafo del Libro 
Fragmentos del Cielo, de la Tierra y del Infierno.



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26 de octubre de 2011

Diario del fin / Un capítulo corto de la novela



«Martes 25 de Octubre

Se ha dicho que "cada generación debe reescribir la historia", modesta variedad del objetivismo cuando personaliza a toda una generación como a un individuo único e indivisible, pero más allá del absurdum rerum, el mandato implícito que conlleva presupone el interés generacional en registrarla nuevamente. Sin embargo, ¿qué ocurre si hay desinterés en reescribir la historia? Las sociedades estables irremediablemente pierden la identidad, he allí la circunstancia, y con ella los sueños que otrora parecieron inamovibles. La afirmación contiene en sí misma la fugacidad de las promesas adolescentes.
Comenzado el Tercer Milenio puedo advertir que Occidente, como lado del mundo mayoritariamente cristiano, se ha vuelto nietzschiano de comportamiento, como si el maestro cáustico de la acidez antiapostólica lo hubiera teñido todo con un color amargo sólo reconocible por él mismo y sus seguidores, especie de lavandina que no aclara sino que enturbia, y que ahora echa brotes en el suelo desequilibrado de la contemporaneidad. Y de éste resulta al menos un muerto seguro: se trata del Cielo en la propia conciencia del hombre actual. En efecto, el Cielo es la víctima acaso más destacada en el permanente asesinato del pasado siglo XX y comienzos de este primer siglo del nuevo milenio. Pero no es el único crimen contradictorio del actual positivismo. Es común encontrar jóvenes que proponen en sus prédicas una revolución radical pero que se sientan a esperar cómodos los resultados de una cultura claramente burguesa; o que se declaran antifacistas pero que defienden sus ideas a las trompadas, y ni siquiera consideran una posible contradicción entre las palabras y sus actos.
En cuanto al llamado mundo holístico, la clase media sienta sus bases en el conformismo individual cuando se exculpa a sí misma sobre las causas de la batalla permanente en las clases bajas. Aislarse cada uno en su propio tubo irreal no es difícil para mirar desde allí a una existencia que tiene dos metros cúbicos con epicentro visual en nuestra nariz. Y desde allí, muy condicional, todo se ve tan maravilloso, como quien dice: «Si yo puedo viajar a la India para descansar del stress, entonces todos pueden hacer lo mismo. Pero por qué no lo hacen, no es de mi incumbencia.»
También observo un cierto decaimiento en la Filosofía; en ella la corriente que impera es la de un cauteloso y prolijo escepticismo cultural. Terminada la edad de los superlativos, la de los grandes descubrimientos, consumado el período cientificista e industrial, sintonizada la edad de la razón pero en cortocircuito con el sentido común, cerrados los períodos de rabiosos dogmas oscurantistas del medioevo y la posterior revolución industrial, la filosofía parece estancada, acompañando a sociedades que revelan haber perdido las preguntas esenciales que generacionalmente necesitaban respuestas precisamente generacionales. “Es más fácil ser profesor de música que músico”, dice Zulma, acertadamente de este tiempo.
Tan pronto una definición es enunciada sobreviene su derrumbe, refutada y más tarde negada, o reemplazada por otra nueva, y luego olvidada hasta la desorientación y su final futilidad. Sartre no hubiera dejado huella en este tiempo. En la actualidad ni siquiera sobrevive una definición del concepto de “arte” que perdure inquebrantable y libre de cuestionamientos. Hoy la filosofía dedica sus estudios a los apóstoles pretéritos de cada lado. Hiato o cisma, decadencia o utopía, quiebre o inercia, nadie se atreve a pronunciarlo abiertamente pero está en declive. Incluso manotazos desesperados del racionalismo duraron menos de un siglo, por ejemplo, como el advenimiento de Freud y la corta fiesta del psicoanálisis; hoy muy pocos lo toman en serio o lo recuerdan, porque es como recobrar los estudios de Darwin aplicados a la evolución del ser humano, cuando la Teoría de la evolución de las especies sólo demostró ser aplicable correcta y sin errores a las bestias de la Creación, pero no al Hombre; es inconsistente para el Hombre del último millón de años y absurda para el de los últimos cincuenta mil.
El agotamiento en las fórmulas del pensamiento filosófico, las mismas que alguna vez perturbaron la eterna siesta de la humanidad, llegan de la mano con la idea liviana de una relativa satisfacción de objetivos: La cima parece alcanzada pero no como un sueño realizado, sino como una realidad resultante que es mejor no modificar, no sea que empeore. Empíricos, racionalistas, existencialistas, marxistas, eclécticos, epicúreos, pero también holísticos, contemplativos y revolucionarios, todos ellos abrevan hoy en el mismo pozo agotado de fórmulas bajo la forma de un animoso aburguesamiento, resentido e irresponsable.
Pero tampoco la religión, segmentada en un millón de verdades parciales —cuando no ingenuas—, alcanza para contener al universo maltratado de fieles desencantados y más desolados que nunca antes frente a una inercia mayoritaria de escépticos y de ateos conformes de su refractalidad; también es impotente frente a los brotes crecientes de la “inteligencia emocional” en el mundo contemporáneo compuesta de pibes índigos y cristales de reciente aparición en la sociedad del hombre como una raza dentro de la raza. Y así, nacido del Homo Sapiens, el Homo Profundittattis emerge de un territorio bombardeado menos espiritual que litúrgico, con interrogantes todavía básicos cuando las respuestas debían estar prontas y listas. De manera intrínseca e implícita revela la impotencia para contener a una generación de fenómenos infantiles con un pasado milenario para quienes ni La Biblia ni las recetas del pasado tienen soluciones que ofrecer: Nacen antiguos. Ahora, la sabiduría no tiene como símbolo a un viejo vivido y luminoso, sino a un pibe que no sabe leer.
Incluso la misma veta de la posmodernidad que alguna vez impulsó al Renacimiento europeo hoy se muestra insuficiente frente al desasosiego del hombre actual. Las respuestas no parecen estar por delante, sino ocultas en algún episodio lúcido del pasado pero inaplicables u obsoletas en la modernidad. Por ende el futuro es habitado por una simpática especie de aparatos compactos, por sincrotones más poderosos, por una medicina cibernética en alpargatas, naves cada vez cada vez más veloces y complejas, y con aldeas cada vez más pobres, pero también por interrogantes insípidos y ahora exiguos de ecuaciones seguras que aplicar para resolverlas.
El mismo Manto Sagrado es el símbolo disparatado que caracteriza esta edad: la comunidad científica evalúa la antigüedad de la reliquia a través del conocido método del Carbono 14, negando al fin su antigüedad y luego, como comunidad, se atrincheran para defender la medición, excepto que la muestra extraída corresponde finalmente al parche de algodón aplicado en 1350 para remendar el faltante en el lino original producto de un incendio históricamente documentado. Una tecnología avergonzada por la falta de sentido común; el mismo factor que la engrandece, la degrada.
Entonces, el manto sagrado es verdadero o falso, el universo es finito o infinito, impera la duda razonable o la certeza injustificable, el Quijote está reloco o es el primer cuerdo universal, Nietszche mató a Dios pero luego murió de burla al publicar Zaratustra, después Freud reemplazó a Dios pero duró menos de un siglo, el ser humano es resultado de la evolución de las especies o de la generación espontánea, el marxismo favorece a la clase baja sin embargo es impopular en ella misma, Dios está más muerto que nunca o cada vez más cerca de la humanidad, nada parece conmover al hombre contemporáneo. Es observable el refugio del hombre común en el sexo, en las pasiones fugaces, en las novedades de la moda o de los nuevos aparatos, en el fútbol y en aquella dicha que dura un día, convenciéndose de que esa es la felicidad prometida y reservada por la Creación.
Hubo un época conciente, hace apenas cuarenta años, cuando un escritor o un artista o un guerrillero hablaba y un país entero se detenía estupefacto a escucharlo. Hoy la voz del Papa no es esperada ni en el mundo cristiano, pero de escucharla tampoco habría en ella preceptos profundos a seguir al abrigo de la conciencia cuando los dogmas no alcanzan para entibiar el corazón desilusionado de certezas inamovibles. La Teodicea bíblica desdoblada en Cielo e Infierno no asusta ni siquiera a los pibes; menos aún preocupa la resurrección cuando yace desacreditada por la propia población que debería pastorearla.
Perder el Paraíso no acercó a las estrellas del firmamento. Las búsquedas existenciales que desgarraron al ser del medioevo sumiéndolo en una crisis impulsora y a menudo creativa, y cuyos destellos perduraron hasta comienzos del siglo veinte, hoy parecen aturdidas, o peor, concluidas por un cosmos ruidoso de celulares, cidís, videos, recitales y el Gran Estallido General de la Mediocridad Individual, un monstruo espiritual urbanizado prefigurado por Ortega y Gasset en La Rebelión de las masas como un individuo conforme de su tozudez y cada día más desarmonizado. Y mientras tanto la humanidad pasa, como si la Entropía Universal nos alcanzara a través de una engañosa y placentera estabilidad rumbo al abismo.
¿Cómo Dios podría sobrevivir a nuestra cínica apatía?»



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