19 de septiembre de 2014

Convocatoria



"No te des por vencido ni aun vencido"

Concientes del momento crítico que vive la sociedad nacional, el recrudecimiento de la censura y la condena a la libre expresión del ser, sumado a la necesidad continua de expresarnos con mayor libertad, nace el Grupo Almafuerte como entidad de trabajo para la difusión y promoción de las expresiones artísticas y académicas, cuyas vertientes abrevan tanto en artistas y pensadores locales y nacionales como invitados del exterior con una convocatoria de amplitud expresiva interdisciplinaria, un selló que ampara a músicos, a escritores, a escultores, pintores, historiadores, ensayistas, fotógrafos, periodistas, académicos, pensadores, dramaturgos, filósofos, actores, etcétera, ya que no prima lo discriminatorio ni lo sectorial o lo político, tampoco lo religioso o lo étnico, sino la tolerancia, el respeto al conocimiento, la libertad de pensamiento, la excelencia académica, el estudio, la calidad artística y cultural, el esfuerzo y la preocupación permanente por la difusión de las artes y el pensamiento libre.

Nuestro país ha vivido etapas represivas y restrictivas, dolorosamente aprendimos de ellas; tampoco las artes o las expresiones del ser piden permiso para manifestarse, y la intención no es desagregar al partido de La Matanza del resto del país ni del mundo, crear una isla inconexa autosuficiente, sino injertarla en una corriente contemporánea de artistas y pensadores, concientes en que las diferencias étnicas, regionales, políticas, religiosas y de clase, son fuente de conflictos sociales discriminatorios permanentes y que los habitantes del distrito padecemos con frecuencia. Como tal, la convocatoria está abierta a todos los ciudadanos del mundo que deseen promover sus obras en nuestras ciudades con presentaciones públicas amplias con el respaldo intelectual y académico correspondiente. Si nuestro distrito no será un corazón abierto entonces que duerma en la barbarie.

17 de septiembre de 2014

Dicho por Gus Niel...



Felicitaciones por los diseños de las cubiertas nuevas de mis libros nada menos que del novelista poderoso y arquitecto más que exitoso, Gustavo Nielsen... ¡pero si estoy como pandereta rabiosa en una murga! Promete ocuparse él mismo de la cubierta de mi siguiente libro con regalo del original, un honor total para mí de un amigo, es decir que en el haber tendré un original Gus Niel, el primero de mi carrera narrativa... No, mejor, pandereta rabiosa con matraca sorda. Así estoy. Abrazo con rosca, Gus.


Nada menos que el "güiner" de mi generación. Un honor para mí.





13 de septiembre de 2014

Modelo de crítica y campaña de desprestigio para noveles




Viendo que prosperan las calumnias 
de poco o nulo peso específico contra mis títulos 
en secreto o por muro público en las redes sociales 
es que propongo una mejora sustancial de valor
para una insuperable y bien fundada difamación.


En la observación sucinta del seguimiento de las tapas de mis libros que realizan mis secretos y ocultos detractores frente a otros escritores, empleadas las cubiertas como argumento de descalificación de su autor, es decir yo, debo aclarar que no es suficiente listar ni parcialmente ni totalmente el resumen de mi obra literaria editada a la fecha –apenas nueve títulos–, sino que, además, se deben agregar los motivos intrínsecos de la impugnación y la erradicación social de los mismos, de manera tal que la campaña de desprestigio sea eficaz, como seguramente esperan con el cometido y que promueven con insistencia, y así cumplir exitosamente con el objetivo publicitario. 

Y yo, pensado, como siempre, en el rol didáctico y social que me corresponde como autor, es que me detengo a elaborar algunos puntos a tener en consideración para recomendarles gentílmente, pero apenas como una guía rudimentaria de aplicación práctica consistente y atinente con la circunstancia, como seguramente vuestras señorías deben tener presente. Algunos de éstos puntos a tener cuenta son:

Primero: deben comprar el libro o libros en los comercios listados oportúnamente a precio de mercado. De estar imposibilitados de acceder a la totalidad de ellos, para el motivo que los convoca puedo facilitarles un descuento por la totalidad, una bonificación, digamos, de un 15 %. No, mejor un 20.

Segundo: tras adquirirlos, deben leerlos completos para tomar conocimiento del contenido o contenidos, pues no sea cosa que la grata sorpresa de leer tan sorprendentes y variados episodios pueda distraerlos del objetivo primario.

Tercero: volver a leerlos para eliminar cualquier sorpresa o metáfora oculta del texto y dedicarse al análisis de los contenidos conceptuales. Este paso es indispensable para una correcta fundamentación literaria sólida y ejemplar.

Cuarto: anotar o subrayar cada oración, párrafo y la hoja sospechosa de falacia –en ese orden para no pasar por alto ninguna–, dejando adecuadamente marcada la página con un señalador provisto por AstroRey Ediciones, y las afirmaciones sujetas a refutación ya sean empíricas, dialécticas o simplemente semánticas.

Quinto: comenzar la tarea de refutación, propiamente dicha, registrando los momentos, frases o premisas claves por donde filtrar el ataque destructivo. Por ejemplo:

Si en el ensayo La anomalía de Jerusalén (2012) relativizo la legitimidad del documento de propiedad titular que exhibe Silvestre, obispo de Roma, donde afirma que el emperador Constantino le donó el eje del imperio muy gratuitamente, documento sospechado siglos después por el epicúreo Lorenzo Valla, ustedes pueden afirmar: ¡Miente!... ¡Mentira-mentira-mentira! ¡Oh Dios, maldito Rigel!, tras lo cual deben exponer los motivos y la documentación pertinente que descalifica la afirmación y prueba que es, o lo contrario u otra la versión de los hechos en la historia. Incluso si saben que Lorenzo Valla no era tan epicúreo sino que tienen evidencias de que era penitente o hasta devoto de las Carmelitas descalzas. 
O si afirmo, otro ejemplo, que los discípulos de Jesús estaban todos dormidos de ebriedad en el huerto la noche de la captura de Cristo, como consta en el sección XIV Isramérica del mismo ensayo, manifestar: "¡Mentira, oh, canalla infame, era Speed, un energizante de venta pública, yo los vi! ¡Muera Rigel, muera, oh Dios mío!", y luego avanzar con la refutación necesaria de vuestras evaluaciones precisas. 
Y así con cada punto flaco y previsible de ser rebatido fácilmente que encuentren en cada uno de los nueve títulos de mi autoría que se exponen al mercado, y que aunque pudieran estar agotados en el comercio, bien pueden encargarlos y hasta realizar tareas de expionaje para conseguirlos, aunque al mismo precio del mercado, es claro. De esa manera la impugnación es completa, avasalladora, fundada y adecuada, porque expone al libro como un libelo menor –y que no me molestaré en explicarles qué es, ya que pueden encontrarlo en un diccionario común– y a su autor, pudiendo con absoluta autoridad expresar de viva voz: ¡No lo compren, es falso... falso! ¡Oh, Dios, basta-basta-basta!

Sexto: en un gran acto de repudio a la literatura, al autor y su obra, convocar al incendio de cuantos ejemplares consigan de este autor nefasto en un acto solemne y público a pleno mediodía –que hasta sospecho quien puede ser la proveedora de los ejemplares–, buscando dejar una huella en la memoria genética del inconciente colectivo que relaciona al autor con el terror y los incendios.

Séptimo: organizar escraches, pintadas, autodesgarros de vestiduras, desmayos públicos, asaltos, quema de vehículos y mujeres violadas, como medida de protesta. Les recomiendo leer Los funerales de King Kong, cuento tercero del volumen REM (2012), como modelo de manifestación cívica y ejemplar. 

Es la intención de este autor iluminar vuestras mentes con métodos adecuados para una extraordinaria campaña de desprestigio como corresponde a la dignidad, no de este autor menor y fugaz, sino de su obra cuyos códigos, como ya dije, se autodefinen a sí mismos. Y no deben preocuparse por el atropello previsible de ser juzgado por la Ley 11.723 de citar mis tapas sin previa autorización expresa como consta en la primera página de los textos que corresponden a los ISBN da cada título registrado en la Cámara Argentina del Libro de los libelos difamados por tan notables intelectos, como lo establece la ley nacional, incurriendo en un delito cuando claramente la letra dice:  

"Hecho el depósito que marca la ley 11.723. Incluido en los Derechos de Propiedad Intelectual del autor en forma parcial por cada obra publicada y total por cada volumen recopilado. Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio gráfico o electrónico sin previa autorización por escrito del autor."

con lo cual no les estoy diciendo que sean de naturaleza estúpida o que nada tiene que ver con la literatura lo que ustedes hacen y producen, no, sólo digo que son de una torpeza a destacar que tiene que ver con la "literatura" en el planeta de los simios. Próximamente les indicaré otros detalles a tener en cuenta para una correcta e impecable campaña de difamación. A vuestros servicios, como siempre...


Barón Carlos Rigel


Copyright®2014 por Carlos Rigel

10 de septiembre de 2014

Censura y represión

No es necesario portar una metralla para convertirse en represor, tampoco conducir un Falcon o un Jeep ni levantar ciudadanos de las calles, se es represor en el amor a la arbitrariedad, cuando se reprimen las ideas, pero sobre todo cuando no agradan sus contenidos o cuando son diferentes a la campana comúnmente aceptada y se las reprime. 

Existe un segmento cultural, un componente social, que acompaña a la humanidad desde épocas inmemoriales: El represor. En edades crudas usaban las armas pero en tiempos de paz subliman sus potencias y las vuelven palabras, muchas veces sin argumentos, pero palabras al fin, y acciones cuyo objetivo es evitar la difusión pública de las ideas, anular los debates abiertos, bajo la premisa orweliana de que "malos pensamientos promueven malas acciones" incurriendo torpemente en lo opuesto, que es cuando "malas acciones promueven malas conductas sociales" aunque, finalmente, sólo atrasan lo inevitable y sobran ejemplos culturales transitados por nuestra sociedad como, por ejemplo, los debates sobre el divorcio, el destape, etcétera, en los '80. Pero si no alcanzan los argumentos y las palabras encuentran otros métodos accesibles. Veamos algunos de los recursos y el comportamiento de estas figuras selváticas que habitan y comparten nuestra biósfera.

Siendo represor se reprimen las palabras cuando se condena a quien las pronuncia, pero si se impide la pronunciación de las mismas ahí adquiere el nombre de censura, que viene de la voz latina censor y tiene su origen en Roma, eso nos dice que como tarea es antigua. En tiempos de libertades cívicas el primer paso es la censura, es decir, el impedimento de las ideas por supresión o anulación, pero de intentarlo de nuevo, de obstinar en lo mismo y de porfiar en los argumentos, sobreviene entonces la represión que es cuando incluso las palabras son usadas como un arma para allanar, detener e impedir una manifestación individual, no para educar ni iluminar, sino como amenaza, como agresión disuasiva.

En la edad Media, incluso Shakespeare debió sortear los obstáculos de la censura ejercida por los Comisarios reales cuando llegaban con sus soldados a clausurar las obras públicas si se juzgaban nocivas a los valores de la sociedad de aquel momento, o tal vez una idea o un concepto de la dramaturgia que pudiera afectar la moral pública. Eran los "representantes del poder" en esos tiempos. Aún lo son. Siempre hay representantes del poder, a veces ocultos en la sociedad para ejercer la censura y nos recuerdan que si tuvieran una metralla, regresarían como represores. 

Pero veamos un simple y mínimo acto de censura con evolución: La primera vez se allana una idea es censura, clara y recta, pero si se ejerce nuevamente con conocimiento de lo que se quiere censurar, es decir, una confirmación de la supresión de una idea o un sentimiento, dejó de ser censura y ahora se llama represión y el diccionario se refiere a una acción del poder para contener, detener o castigar, y cuyo territorio de actuación es bastante amplio y por completo discrecional. Por eso tanto el censor como su correlato, el represor, son paradigmas reveladores del primitivismo que busca impedir y retrasar la evolución social a períodos oscurantistas y brutales. Prueba de ellos son el destape de la sociedad española que luego de 40 años de censura, supresión y represión, que dejaron huellas profundas en las costumbres de dos generaciones, explota hacia una libertad expresiva irrestricta, prueba visible de la invalidez de los métodos represores para erradicar una concepción social o individual; con todo el despliegue de coerciones apenas logran retrasar los procesos.

Pero lo cierto es que para ejercer dicha represión se necesita una cuota básica de poder y naturalmente que es nacida del propio Estado. Finalmente, hablamos de un agente, un funcionario regular o de oficio secular del organismo. El mismo Trotsky inspirado en el pensamiento de Max Weber estaría de acuerdo en que para ejercer esa cuota de poder no sólo se requiere de funcionarios acreditados como parte del Estado, sino de externos creyentes en la validez de sus métodos. La institución en sí misma no alcanza para penetrar a la sociedad completa, sino que requiere y se nutre del reflujo permanente de servidores nacidos en la propia sociedad que reprime.


La censura fue ejercida en obras musicales, obras literarias e incluso en mapas. La idea es que algo no salga a conocimiento público y trata de los estilos empleados para el objetivo. Por eso es característica de tiempos o monárquicos o militares o de imperio religioso, con cortes marciales o tribunales inquisidores. Para eso antes se nombraban a los Comisarios Reales o Delegados Papales o Interventores, y se les otorgaba poder y el comando de agentes o soldados pero también, a su vez, se designaban a espías para observar a los peligrosos y prevenir las protestas, las reuniones sospechosas. El extremo final de esta medida de sospecha conspirativa del Estado para con una sociedad completa la conocemos: El Estado de sitio, que es cuando la reunión de más de dos personas presupone una conspiración.

La humanidad tuvo a grandes sospechosos miembros de las artes, Shakespeare fue un peligroso, Cyrano también lo fue, Pasternak, Cabrera Infante, Roa Bastos, Wilde, Monterroso, Neruda, todos ellos y muchos otros, fueron peligrosos para el Estado. Hubo y hay tantos peligrosos que el ejercicio de la censura se mantiene vigente por los cultores y moderadores, los representantes o servidores del Poder y del Estado, porque también subyace en épocas republicanas oculta de manera latente, siempre hay quien nos advierte que de no ser obedecida la palabra imperante, y ante la respuesta contestataria, entonces se ejerce la represión como medida terminal. Ellos administran las voces, las califican, las clasifican, las desagregan, las verifican en sus contenidos. Y si es necesario, las censuran. Y si se obstina, entonces se reprime. Para esto se emplean las armas o las palabras o los gritos. En efecto, cuando no alcanzan las voces, entonces se suman muchas voces hasta conformar gritos y barullo que aplaquen al fin las voces solitarias, porque el objetivo es que no sean escuchadas. Basta con impedir el conocimiento del concepto. Wilde podría darnos una clase magistral de cuando los ladridos de la jauría se suman para tapar una voz.

Uno de los grupos de choque y censura reconocidos y ocultos en la actualidad de nuestra sociedad, por ejemplo, pertenece a la misma iglesia católica. Como institución dispone de su jauría de censores y represores quienes allanan el debate de temas sensibles como el aborto; así es, ellos son quienes reciben las instrucciones de acallar las voces nocivas en sus argumentos en los debates abiertos, y así administran los motivos y las justificaciones de la demagogia católica. A veces, los veremos asomar en las mesas periodísticas con la levadura conocida pero, como parodia, sólo persigue el fin de impedir el desarrollo del debate, no se trata de la razón ni los motivos. Pero cuando esos "grupos de tareas" no son escuchados por la sociedad, o son superados en los argumentos básicos, entonces pierden la compostura y aplican el recurso extremo de las amenazas de bomba en edificios públicos, en hospitales, en juzgados, en salas de debate, en estudios de televisión. Allí vemos que el censor llevado al extremo es represor.


El implemento de la censura represiva la vemos aplicada de manera siniestra en lo individual cuando se elimina a un testigo clave en un juicio, allí también vemos que la censura es represión. Y por supuesto que estos ejecutores cobran por esos servicios, o dineros o regalías o beneficios. Tanto represores como censores reciben una paga por los servicios cumplidos, la idea es mantenerlos conformes y dichosos con sus funciones. Los Estados e instituciones siempre encuentran un cifra tentadora para los verdugos porque siempre tienen un precio accesible.

Se reprime cuando se permite el ejercicio de la represión y de su hermana menor, la censura, ya sea pacífica o ejercida por la fuerza, y es común entre los represores y censores en tiempos de luz, el gran acto de cobardía suprema que viene luego, tras la acusación, cuando se la niega; cuando se buscan justificativos para exculparse de haberse sumado anteriormente a la condena, cuando tras haberla implementado se la quita de la acción y se la traslada a la ambigüedad, cuando se la niega o se miente o se calla frente a las evidencias que es cuando luego de haber tirado la piedra se oculta la mano, no sea que los descubran en su verdadera naturaleza risueña y nefasta: Son represores en épocas de paz. 

Pero no hay censores ni represores famosos en la historia de la humanidad, sólo cuando exceden sus propias marcas y se vuelven déspotas, tiranos o asesinos, de allí el fascismo exteriorizado en pleno siglo XX y lo que va del actual, ciudadanos comunes que ante un estímulo adecuado ven en un adversario al enemigo digno de muerte. No se trata de cuál es más sabio ni mejor argumentado, sino de impedir la imposición de una idea, retrasarla; pero de no cruzar esa marca que orilla el crimen social, por suerte, la sociedad los olvida. Nadie recuerda el nombre del verdugo de Juan el Bautista. Ninguno de ellos le dejó una huella perdurable al tiempo, ninguno es recordado en alguna biblioteca por fuera del registro de remesas y pagos a funcionarios y siervos pasajeros del Estado. Pero no hay que temerles, por el momento sólo son los idiotas de turno.


Si no comprendieron qué contiene 
el ejercicio irrestricto de la Libertad de expresión, 
están a años luz de comprender el costo que 
tiene el derecho de Acceso libre a la información.



Barón Carlos Rigel


Copyright®2014 por Carlos Rigel

7 de septiembre de 2014

Una rectificación pertinente



Según me aclaran, en horas recientes se me ha relacionado con un acontecimiento de discriminación y censura contra la Sra. Perla Patrón, de Ramos Mejía, para la cual, como organizadora de un encuentro literario de su ciudad, fui uno de los invitados durante los eventos. Esa misma cortesía, a su vez, se le fue dispensada en los comienzos del Café Rincón de letras. Sin embargo, luego de acontecimientos confusos en relación a una publicación que realicé para el café que ella coordinaba con los autores de su grupo de allegados, simplemente me retiré para dedicar mis esfuerzos únicamente a los eventos de difusión cultural en San Justo.

Con posterioridad a mi alejamiento –de lo que podríamos llamar, el grupo Ramos Mejía–, es que comienzan los ataques en las redes contra mi persona –nada novedoso, por cierto–, la persecución, el seguimiento de mis movimientos diarios, la extracción de información de mis cuentas jaqueadas y el uso discrecional de la misma, la contratación o convenios con gente de baja calaña para el hostigamiento, las amenazas, los emails injuriantes, los cruces informativos y los reportes diarios de mis movimientos en un grupo de gente cuya finalidad cotidiana parecía ser la de hostigarme con advertencias, evaluaciones jamás pedidas y descalificaciones por completo impertinentes. De esa época tengo los emails, los partícipes, la revelación de información del origen de los sucesos narrados y hasta las cifras que fueron ofrecidas y cobradas por miembros de ese grupo por los servicios prestados cuya finalidad prefiero callar, algunos datos oportúnamente descritos en notas de mi blog inmediatas o posteriores al momento.

No obstante, la Sra. Perla Patrón se presentó libremente, como cualquier otro ciudadano, en uno de los últimos cafés literarios coordinados en el Centro Cultural Congett cuando las aguas estaban ya divididas y mi persona en el centro del huracán. Y durante mi última visita al programa de radio "Cultura desde el pie" también tuvo la completa libertad de llamar al programa, a sabiendas de que estaba yo presente, como también puede hacerlo cualquier otro ser libre de brindar su opinión sin censura previa ni restricciones sobre temas de interés general. Jamás se la privó ni de visitar los espacios públicos ni de hacer uso de sus libertades cívicas. Repito, jamás.

Sin embargo, tengo el derecho a reservarme de publicar mis escritos donde participa gente que en lo oculto y al amparo de las redes, me ataca. De allí la aclaración y la consulta de que si ella publicaba en el "Catálogo de Autores de La Matanza" del año 2012, editado por la Secretaría de Cultura y Educación del Partido de La Matanza, me abstenía de participar de la antología. Jamás la privé de su ejercicio individual de la libre expresión en igualdad de condiciones que cualquier otro. De allí que si ella participaba de algún evento, sin dar explicación alguna, me retiraba. No obstante, a nadie he privado de dispensarle los honores que cada uno crea conveniente. Mis causas son privadas y sólo me sirven a mí. Pero me reservo el derecho de participar donde quiero, yo también soy libre y destino mi interés en lo que quiero y me parece adecuado.

Pero así es que antiguos colaboradores, colaboradoras y con quienes yo colaboré en la promoción de la libre expresión, luego fueron ejecutores de tareas ocultas, llamadas ocultas, injurias, mentiras, insultos, calumnias aproximadas o contaminadas o alejadas de la verdad, y que se prolongan aisladamente hasta la fecha. Cada uno cuenta su versión según lo que tiene adentro, pero yo sólo tengo la mía y jamás me interesó saber cuál es la ajena. Lo que di, di y no tengo reclamos, lo que perdí, perdí y nada lamento, y lo que no obtuve, no obtuve y nunca añoro. Y cuando abandono algo es definitivo bajo una premisa que es axioma inamovible en mi vida y es que "no dará mañana lo que no dio ayer". Que cada quien exponga su obra al público y que el público juzgue, y quien no tenga obra que mostrar que exponga sus actos. Yo sólo escribo.


CR

6 de septiembre de 2014

Grupo Almafuerte





La novedad del distrito
para la promoción de las Artes y 
el pensamiento libre.

Concientes del momento crítico que vive la sociedad nacional, el recrudecimiento de la censura y la condena a la libre expresión del ser, sumado a la necesidad continua de expresarnos con mayor libertad, nace el Grupo Almafuerte como entidad de trabajo para la difusión y promoción de las expresiones artísticas y académicas, cuyas vertientes abrevan tanto en artistas y pensadores locales y nacionales como invitados del exterior con una convocatoria de amplitud expresiva interdisciplinaria, un selló que ampara a músicos, escritores, escultores, pintores, historiadores, ensayistas, fotógrafos, periodistas, académicos, pensadores, dramaturgos, actores, etcétera, ya que no prima lo discriminatorio ni sectorial o lo político, tampoco lo religioso o lo étnico, sino la tolerancia, el respeto al conocimiento, la libertad de pensamiento, la excelencia, el estudio, la calidad artística y cultural, el esfuerzo y la preocupación permanente por la difusión de las artes y el pensamiento libre.


Nuestro país ha vivido etapas represivas y restrictivas, dolorosamente aprendimos de ellas; tampoco las artes o las expresiones del ser piden permiso para manifestarse, y la intención no es desagregar al partido de La Matanza del resto del país ni del mundo, crear una isla inconexa autosuficiente, sino injertarla en una corriente contemporánea de artistas y pensadores, concientes en que las diferencias étnicas, regionales, políticas, religiosas y de clase, son fuente de conflictos sociales discriminatorios permanentes y que los habitantes del distrito padecemos con frecuencia. Como tal, la convocatoria está abierta a todos los ciudadanos del mundo que deseen promover sus obras en nuestras ciudades con presentaciones públicas amplias con el respaldo intelectual y académico correspondiente. Si nuestro distrito no será un corazón abierto entonces que duerma en la barbarie.


1 de septiembre de 2014

Hiperprólogo




Como es mi costumbre con los títulos 
nuevos, publico el prólogo del volumen
La cicatriz universal, de próxima salida 
a la venta.

Hiperprólogo

«De tanto escrito olvidado, sepultado y fosilizado en distintas computadoras caídas en su deber, poco falta que reste publicar de mi pluma pretérita. Diría que casi no tengo deudas importantes con las décadas pasadas, aunque al concluir este pensamiento, recuerde unos cuentos extraviados y nunca recuperados, quizá en alguna carpeta perdida durante mis mudanzas por cambios de domicilio.

Coincide el momento, es cierto, cuando se suman los pedidos de los lectores de textos más profundos y prolongados, la necesidad de sustentar una lectura a lo largo de los días como una compañía silenciosa, un libro como una constante diaria, un destino reincidente habitando el cotidiano vivir, como comer o dormir, excepto que luego de leído y acaso, con mucha suerte, releído, pase a hibernar como parte de una biblioteca de lomos escritos y erguidos de pie, como pequeñas torres fósiles de signos; o tal vez duerma aplastado bajo los cuerpos inertes de otros títulos en una mesa de luz; o quizá peor destino, nunca lo sabremos. Como decía un amigo frecuente de mis escritos, cada libro, cada ejemplar, tiene su propia vida, su propio rumbo.

Pero volviendo al tema de origen, algunos de mis lectores reclaman un mayor compromiso con la edición de títulos de larga lectura; entre ellos destaco al músico, narrador y poeta Kazán, a Mariano Iaciancio, a Dora Goitía, quizás haya otros. Y ante ellos, me justifico: sé que el formato de los diarios de autor conforma una especie de golosina para el lector, un caramelo aditivo que por lo general adorna la obra mayor y más poderosa que frecuenta a los autores famosos, pero en mí ha operado a la inversa, digo que ha sido la apertura luego de los cuentos recopilados en el volumen REM de relatos, única muestra vigente y publicada, hasta el momento, de mi narrativa ficcional. Y, sin embargo, al volver a editarlos, poco me identificaban ya esos textos olvidados, sentí que era otro quien los había escrito pero porque esa etapa quedó en el pasado y priorizo en esta edad la novela y el ensayo como desafíos permanentes.

Hace poco decía que no pienso hoy en función del cuento, género no suprimido pero menos frecuente en mis escritos, y no pienso en él como pensaba y me obsesionaba hace décadas en el pasado, en mis comienzos.

Pero esta breve reflexión me permite conjeturar que sólo me queda una ruta por delante y es la de la novela, pero he aquí que no la novela tradicional ya que desde 1986 trabajo a diario con un pensamiento descubierto y analizado con una de mis amigas escritoras, la Sra. H. Flesca, cuando concluíamos que el tiempo del género de la novela había llegado a su fin, y que sobrevenía la edad de la metanovela. Claro que esto fue dicho antes del arribo de los grupos editores españoles a nuestras tierras, lo que configura una retraso de cincuenta años para la literatura experimental y progresiva heredada de los ’70. Pero lo cierto es que he tenido que elaborar una teoría acerca de la dimensión de un género tan poco indagado como la metanovela, si hasta creo que fue una creación dialéctica de la sinergia dual de ese momento, un neologismo nacido pasional, más como una especulación de la futurología que como una señal continua del presente. Y sin embargo, la siento verdadera en mi conciencia; vale la pena buscarla, como ya dije, aunque los fracasos se acumulen previo al incinerador de los sacrificios literarios. Cada autor debe disponer de su propio y selectivo incinerador, Gehenna pírrica de holocaustos privados, aunque mucho antes de cumplir el pedido final de Kafka, preferiría prenderle fuego a él antes que a su obra, o acaso cortarle la mano a Sábato antes que hiciera fuego cuatro de sus novelas anteriores a Sobre héroes y tumbas, las que ahora, definitivamente, pueblan de ánimas paginadas las estanterías fantasmas de bibliotecas universales, como las de Alejandría.

Pero a ese género misterioso de la metanovela pertenece el texto Diario del fin (2010) muy pronto a editarse; y también, creo yo, las andanzas de don Quijote en las Indias comenzado en 2005 y sin fecha de conclusión —porque la sigo escribiendo—, y de la cual, desde que publiqué un capítulo de anticipo en 2013, tengo reclamos de presentar al menos la primera parte de la saga; e incluso el siguiente proyecto al que sumo imágenes y pastillas narrativas sueltas, y que trata de una adaptación del Fausto de Goethe al clima urbano de una Buenos Aires ilusoria y mordaz, y cuyo protagonista es un escritor. 

Sólo falta aclarar que imponernos metas ambiciosas, más grandes que nuestra exigua inteligencia, exige la conducta diaria de crecer hacia ellas, comer, mirar, amanecer vestido como otro, vivir otra vida, y ese proceso es lento. Como recuerdo en un capítulo de este volumen, nunca sabremos cuándo se cierra el interruptor que dispara el comienzo de un texto, pero no como un escrito ceremonial a cumplir, sino como el grito de un pedazo de nuestra vida que busca manifestarse en el mundo de las realizaciones. Así operan los demonios de la pluma.

En resumen, quizá sobreviva algún ensayo que justifique la re-elaboración del texto y su publicación posterior, y hasta confieso que uno de ellos se trata de un análisis de metástasis entre lo antropológico y lo antroposófico, cuyo título fue eliminado a última hora del presente volumen, y se trata de Señales del Alma, escrito en 2005, porque reclama el compromiso adicional de re-escribirlo, además de una conclusión que merezca una edición solitaria. Claramente advierto una categoría de escrito pasional y tan irresponsable del tipo La anomalía de Jerusalén, también de 2005, aunque editado recién en 2012.

Quizás haya sido necesario exorcisarme de tanto brevario pero, como digo, ha concluido el tiempo de los confites y los caramelos narrativos, los textos cortos están llegando a su fin aunque sé que nunca se extinguirán por completo. Recuerdo entonces un concepto oportuno de Cortázar: Cuando se agotan los temas, entonces se empieza a escribir.

Bien, quizás ahora comience a escribir.»

Barón Carlos Rigel


Copyright®2014 por Carlos Rigel