2 de diciembre de 2023

Jupiterianos

Las tintascrudas de Rigel



A falta de mi habitual compañera de madrugadas, Karolina, (quien cayó vencida por goteras y los truenos), anoche me conecté con madam Marina y, he aquí, que en nuestros cruces intelectuales, tan sórdidos como peligrosos, aventuré que, no sólo moscas y abejas provienen de la Luna, sino también la lluvia.

Porque si Hollywood es capaz de relacionar pelotudamente una gota de agua con la caída de un chancho del espacio sobre el capó de tu coche en la teoría del Caos (y que no es Ley, felizmente), entonces yo también puedo delinear mis propias teorías sobre fractales arbitrarios con la compañía de dos vinos y media botella de vodka.

Pero algo me lleva a especular que los rayos vienen de Júpiter, así como el vino tinto y el güisqui.

En fin, proseguiré con mis especulaciones científicas y siempre al mango por las avenidas de nuestra galaxia.



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6 de noviembre de 2023

Inteligencia luciferiana



El posteo que comparto fue publicado hace pocos días en el sitio Libertad y Tradición de Facebook. Lo cito con las correcciones pertinentes y su fuente.

"Hace unos diez años un gran sacerdote argentino radicado en Italia, y que poseía una visión universal del estado de la Iglesia, la cultura y la política, hablando de la situación nacional, me dijo: "Mirá nuestra Patria, desde siempre es una historia de confusión de su clase dirigente tomada por la inteligencia luciferina. Le dije, "¿Y por qué no diabólica. Me dijo: "el Diablo fomenta las pasiones bajas del hombre, Lucifer, la inteligencia". Y agregó: "Néstor y Cristina son claros exponentes de ello así como con un grado de sabiduría para el mal muy alto."

Esta anécdota no la olvidaré más. Una por de quien venía y otra porque analizando nuestra historia es así Estamos atrapados salvo en pequeños periodos de este desencuentro permanente que nos llevó a la actual decadencia.

Una de las situaciones es la permanente falsificación de nuestra historia, por ej se honra a Caseros como un éxito por la libertad, cuando en realidad fue el triunfo de Brasil y Francia sobre la Confederación Argentina … Rosas no fue un santo pero no más sanguinario que sus oponentes … pero nunca traicionó los intereses argentinos, sin embargo se escribió una historia oficial falsificada similar a la de hoy de los treinta mil desaparecidos … quien recuerda del tan ponderado Dr Alberdi que fue castigado, siendo Embajador en Europa por visitar a Rosas, y al encontrarse con un hombre que él reconocía distinto al que había imaginado, se ofreció para ser su abogado y defenderlo por el juicio en Ausencia que se le hizo en Buenos Aires, y don Juan Manuel le contestó deje las cosas como están porque sino lo destrozaran, por esa relación le fue suspendido por más de un año el envío de sus honorarios de embajador… cuando falleció Alberdi pobre y olvidado todavía no los había cobrado… otro ej de la inteligencia luciferina.
Cuando en los años 80 se desató de parte de los liberales masones una persecución a todo lo católico emergieron figuras como la de José Manuel Estrada, perseguido por sus ideas, fueron memorables sus palabras en el Colegio Nacional Buenos Aires cuando dijo: "De las astillas de esta catedra haré las tribunas de la libertad", esto también lo oculta la historia oficial escrita por la inteligencia luciferina.
Donde se recuerda por ej la alianza del católico y conservador Gustavo Martínez Zuviria con el agnóstico y liberal Lisandro de la Torre como modelo de esta hora… pero eso no es de interés de la inteligencia luciferina …
Quien recuerda el "Ni vencedores ni vencidos" del Gral. Lonardi en 1955, que hubiera terminado con la grieta, pero traicionado por los hombres de la inteligencia luciferina y toda la casta política. Otra vez el mal se impone.
Y así llegamos a los desencuentros de los '70 y en un tobogán sin fin donde el Mal fue victorioso siempre facilitado por los egos y la falta de humildad de muchos espíritus buenos.
Es hora de reflexionar profundamente sobre esta hora histórica donde un candidato que tiene el supremo arte de mentir una y otra vez se ofrecen como salvador cuando nunca lo supo ser,diría como expresión máxima de la inteligencia luciferina, y otro que lo sabemos buen economista.. con algunos valores que coincidimos,pero limitado en su formación pero bien acompañado en nuestros valores .. lamentando si algunas de sus formas y expresiones.
Algunos hablan de neutralidad porque no confían en el uno ni en el otro, pero en este Calvario de la Patria no hay lugar para Judas ni para Poncio Pilatos... ¡hay que definirse!

La política de la inteligencia luciferiana
Libertad y tradición
30 de octubre, 2023

29 de octubre de 2023

Al habitante de Antares

Las tintascrudas de Rigel



"Al habitante de Antares" es un texto libre, una prosa dedicada 
en 2004 a los escorpianos y cuyo original perdí en una 
computadora, aunque quedó incluido en uno de mis libros 
publicados, probablemente, entre 2010 y 2011 y del cual 
no conservo ningún ejemplar. 
Sin embargo, hace pocas semanas 
encontré en mi blog un borrador incompleto y no editado en 
las redes. La parte en color es la que me atreví a reescribir, 
contando apenas con algunas oraciones recordadas.


La noche le sienta bien. Por eso, digno y solitario, como un rey de la Luna, suele ocultarse durante las horas de sol a esperar el derrumbe de sus fuegos. Dicen haberlo visto desnucarse de un golpe único y venenoso, ya preso del delirio, acorralado acaso por la duna y las llamas del desierto. Pero tal vez sea un mito de sus detractores. Lo cierto es que los destellos diurnos lo debilitan pues anulan sus percepciones del Universo. Así, resulta indefenso frente a sus enemigos… porque también los tiene. 

El peor de todos, de tentaciones a tormentos, el Diablo del Edén. Su otro peor enemigo es tan ridículo y gracioso que prefiere olvidarlo. Por eso elige las sombras, acaso para insultar de misterio a la Creación. Y cuando cierra los ojos perfectos y totales a su oscuridad de ermitaño, se abalanza en meditaciones profundas y filosóficas. Cada día, mientras ennoblece las paredes de su cueva, él desnuda el temor de los hombres. También los errores de Dios.

Y cuando la polaridad estelar atraviesa los mares del cielo, entonces sale al territorio, poético y guerrillero, y rinde tributo a la esfera negruzca del firmamento. Ahora camina entre orgulloso y temerario, siempre en guardia, leyendo los secretos de los reinos bajo sus pies y sobre su cabeza, además del reino mundano.

Cuando los dioses caminaban la tierra, le temían. Sus versos en llamas —dulzura o muerte—, navegaron las venas rumbo al corazón de Platón. Y desde que brilla en el cielo, misántropo y enorme, Dios lo mira de reojo porque lastima las sombras de la tierra con fuegos ultravioletas. Entonces, desafiante, resplandece con luces de helio muy por encima del rosario de soles y constelaciones. De estas últimas, ninguna se le acerca. Si hasta las estrellas lo miran con luz zodiacal y mucho disgusto. No a él, ni a su poder, sino a sus erráticas reflexiones.

Se puede ser más rápido que él, pero nunca sorprenderlo. Y nadie quiera verlo yacer gélido e impenetrable, porque es más peligroso: está acechando la cena. Y mientras lo hace, quien lo ve, no sabe si medita o apunta. 

Él destroza la belleza oculto en las sombras. Es máquina, soldado y trampa. Virtud y enfermedad. Mata siempre a los mensajeros del cielo sin escucharlos. Por costumbre los envenena mientras los devora. Por eso está condenado al silencio, incluso cuando muere. Y siendo mudo es sabio. Cierra las pinzas de sus labios y mira estático en acuerdo mudo con la afirmación.

Cuando las nubes diseñaban montañas y el rayo esculpía el agua él ya veía muertos remotos. En su larga existencia visitó la cama de reinas y emperadores, fue copa y manta; también tormento en Caín y destino en el huerto, porque soñó a Judas un millón de años antes de su nacimiento. 

Su comienzo es remoto, fue el origen universal y su fin es el final último de la creación. Hoy está sentado a la izquierda de Dios a quien nunca mira recto a los ojos. Pero los profetas anuncian que será la única joya que el Todopoderoso conserve tras el fin. Porque él es jeringa, encanto y rodela, remedio, púa y poción. Y cuanto más finas sus armas más letales se vuelven. Su veneno predilecto es el recuerdo. Sus víctimas mueren o viven con los ojos abiertos. 

En la jungla, la duna o la sombra él es perfecto. Y no deja camino, pero siempre tras de sí hay una cuenta de huellas de su paso por la arena selenita... unas que nadie se atreve a seguir.



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28 de octubre de 2023

Las abejas, ¿vienen también de la Luna?

Las tintascrudas de Rigel




Hace más de 30 años escribí un cuento audaz —y muy etílico— con el título de "Las moscas vienen de la Luna", sátira publicada por primera vez en el volumen de cuentos REM (Editorial POL, 2008) y tan admirada por uno de mis maestros, don Abelardo Castillo, y con tantos otros lectores risueños que alguna vez hasta sentí vergüenza de haberlo escrito por las burlas que recibí y que contenía, cuando narro cómo un grupo comando de moscas verdes un día comienzan a asaltar los frascos residentes en la mesa y unen esfuerzos para desenroscar entre todas un envase de pickles, y huyen con un pepino avinagrado, y luego borran la huellas del atraco sin dejar rastro al regresar la tapa a su lugar, lo que provoca acusaciones iracundas y disturbios salvajes en una pareja mágica que habita el hogar. Y las moscas miran las consecuencias, pero hacen silencio. 

La pareja se trata, ella por su lado, de una princesa prófuga de la Luna, miembro de la aristocracia selenita obligada a casarse con un joven noble del lado oscuro al que no ama (por eso mismo huye) y cae por los misterios del realismo mágico en los suburbios de Buenos Aires. Y él, un suboficial de la policía bonaerense —cabo Ponce—, afecto al robo, el vino y los pepinos en vinagre, quien se asume como el protector de la princesa en la Tierra, aunque por tiempos siente ganas de dispararle a quemarropa y alegar defensa propia. Y ambos viven rodeados de moscas, restos de comida en la mesa y platos sucios apilados. 

Las moscas son la fiesta diaria, un baile multicolor; hay verdes, negras, rojas, tornasoladas, etcétera, y son aparentemente amigables. Es apenas un recurso del relato y no su eje principal; y si bien hay otros más extraordinarios y cínicos, las moscas destacan en la historia. Bueno, pero un día son descubiertas por el dueño de casa en pleno atraco y preanuncia el desenlace del escrito.

Bien.

Termino de ver en un documental de estudio cómo un grupo de abejas destapan un envase de miel para acceder al contenido.

Algo... digo, algo no está bien. La creación conspira, y lo pienso porque dudo que las abejas hayan accedido al escrito para observarlo como un plan organizado de saqueo... o sí?


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27 de octubre de 2023

Oniria, el color perdido

Las tintascrudas de Rigel



Soñé con la despedida de Mónica, 
la que fue mi primera pareja.

Ella interrumpía la cena, se levantaba de la mesa y la perdía de vista en un restaurant lujoso para descubrirla en el patio trasero del comercio, rodeada de familiares que no reconocí. Vestía una blusa blanca y pechugona, y una minifalda negra, esa que deslumbraba a mis compañeros de estudio. Y al despertar me sonó a despedida, a partida. Había regresado sólo para decirme Adiós.

Con apenas 14 años de edad fuimos dos incontenibles delincuentes sexuales y hace casi 50 años me fui a vivir con ella los ocho siguientes de mi vida.

Durante 20 días de cada año ella era mayor que yo hasta igualarla en edad con los soles de noviembre.

Nos conocimos con las témperas y los crayones de la secundaria del dibujo publicitario en Ramos Mejía. Y unidos, muy pronto, la fiebre nos contaminó como una transfusión de veneno. Cruzar límites se volvió tan común que fue el motivo para tomar distancia de nuestras familias y dar espacio a una locura de ardores juveniles.

Con 1,80 de altura, la vida extrema me redujo a esqueléticos 50 kilos de peso. Es decir, según la tabla americana, 30 por debajo del ideal en la relación peso y altura.

Y siendo yo soldado bajo bandera, ella fue la razón de mis escapes nocturnos por el que fui castigado con un mes preso en el calabozo. Me arrastraba por el campo hasta la ruta, evadiendo a los imaginarias de guardia, hasta que una mañana me descubrieron al regresar tarde.

Pero la poción viciosa sedimentó en la sangre y se hizo órgano; fue agua turbia y costra en el desencuentro. Nos volvimos violentos y salvajes. Los intentos de comunicación terminaban en peleas. Silencio y amor. Riñas y sexo. Entonces decidí ponerle fin a la pareja.

Admito que fue traumático para ambos, éramos dos adictos, uno al otro. Drogarnos de sexo era el escape nuestro de cada día. Y si el amor fue un infierno, la separación fue peor. Un verdaderos descenso al purgatorio.

Pasaron dieciocho años al menos. Volví a verla en '98 o '99 en un encuentro acordado en CABA una mañana de abril para firmar unos papeles. Cuando me vio acercarme a la mesa, me dijo: "¡Estás grandote!", porque me recordaba consumido y esquelético por la vida que hacíamos. Café y Marlboros en una cafetería vacía en la mañana vidriosa sobre Avda. Juan B. Justo. Fuimos amables al despedirnos. Pero no volví a saber de ella hasta soñarla ayer.

Las almas dicen adiós. No pocas veces me ocurrió en esta vida la visita final de una vida. El pitazo último y las campanas en el andén antes de partir al otro lado; un extraño halago de la creación.

Pero temo que hoy se me cayó un color ardiente de la paleta.


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23 de octubre de 2023

Las drogas "votarinas"

 Las tintascrudas de Rigel


Mi primera novela, "El símbolo: crónica de un prófugo en la ciudad de las lluvias" data de 1995 y trata de una conspiración del establishmen criollo en el control de la casa rosada para  reemplazar al presidente por un ser símil, un androide diseñado en un laboratorio tecnológico y sobre el cual tienen el comando total de sus funciones.

Y para que el país no advierta la diferencia con los furcios, los equívocos brutales del bicho presidencial en sus discursos, vierten en el agua corriente de consumo público un psicofármaco poderoso y alucinógeno: las "drogas votarinas" en el agua corriente, las que aplicadas pocos días antes de una elección provocan la inconciencia de los electores, el adormecimiento del sentido común, y a votar lo peor o cualquier cosa. Pero posee un efecto nefasto de contraindicación: promueve los suicidios en la población.

Años más tarde, el cineasta norteamericano Christopher Nolan, empleó un recurso similar en el film "El caballero de la noche" (2008) para llevar a Ciudad Gótica al ocaso destructivo: verter drogas potentes en el agua corriente con el efecto primario del miedo en la población, miedo, terror, que empujaría al derrumbe en un "todos contra todos".

Era el plan de la Liga de las Sombras para destruir la civilización urbana y establecer un nuevo orden económico y social inspirado en el derrumbe. Bien, años antes utilicé el mismo recurso, pero con efectos muy distintos en la dominación y la destrucción de la sociedad a la hora de votar. 

También recordemos en la historia de nuestro país al chileno el doctor en Química Dr. Del Río, servidor del régimen de Pinochet e infiltrado en nuestra ciudad, con el plan de envenenar el agua corriente de la ciudad de Buenos Aires y decapitar al poder político y la población de CABA por intoxicación mortal en los días del conflicto por el canal de Beagle y que estuvo a punto de llegar a la guerra, cuando ambos países, Chile y Argentina, estaban dispuestos al combate fronterizo. Del Río sólo necesitaba la confirmación del Pinochet para iniciar el  plan con un tóxico letal, inodoro e incoloro con un cálculo estimado de unos once millones de muertos y sólo en la primera fase.

Con la pacificación del conflicto por la mediación papal, Del Río supo que tenía las horas contadas. Borrarían las huellas de un plan macabro, un crimen de lesa humanidad. Su destino estaba sellado por el secreto de semejante operación homicida a su cargo y escapó a refugiarse en Uruguay. 

Agentes militares chilenos encubiertos dieron con él allí y lo asesinaron junto al secreto intacto. Esa... no fue una ficción.

Cicuta bestial o alucinógeno, vemos que la idea del envenenamiento del agua de consumo no es nueva. Tampoco lo fue cuando redacté la novela de ficción esperpéntica "El Símbolo"con el recurso de las "drogas votarinas", ya que provocaban un estado cognitivo iluso en la sociedad que promovía la reelección de un candidato, la votación masiva de un simio mecánico-biológico a batería con banda presidencial y cuyo escrito, el de la novela, causó desagrado y mucha reprobación de amigos, mi familia y colegas que accedieron al escrito, entonces descarté su edición, la olvidé. Y cuando dejó de importarme, de incomodarme, de impugnarme, la publiqué en 2015... veinte años después de haberla escrito.

Bien, fue el producto de mi incomprensión de algo ocurrido en esos años. Una manera de justificar lo inexplicable. Estimo que era optimista, porque en verdad, no hacen falta drogas o venenos en el agua corriente para inducir a votar a un simio como aparato del Establishmen. 

Porque venimos haciéndolo hace setenta años sin necesidad de droga alguna.


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18 de enero de 2023

Perro criollo

 Las tintascrudas de Rigel




Nos tratan como a perros. Nos tiran un hueso y los restos del almuerzo rejuntado de platos de una mesa amplia y movemos la cola, dichosos de tanto beneplácito, de tan abundantes sobras, de las atenciones siempre a horario. Se nota en los ojos y el hocico lengüetal que saborear aire plagado de condimentos y cociendas magistrales del menú ajeno. 

Aprendimos hace mucho a ser pacientes y a esperar nuestro turnosiempre alegres y presentes, a  no molestar con exigencias indebidas a los dueños mientras comen y la tertulia nos ignora.Aprendimos hace mucho a ser pacientes y a esperar nuestro turno siempre alegres y presentes, a  no molestar con exigencias indebidas a los dueños mientras comen y la tertulia nos ignora.

Acostumbrados a pelear en la vereda por migajas con los vecinos atrevidos que se acercan a husmear y querer robarnos las atenciones que nos merecemos por ladrar al cartero, a los cáusticos evangelistas de Illinois o de Texas de corbata negra, al pibe de la factura de electricidad y a Testigos de Jehová, tenemos derecho legítimo a defender a colmillo pelado la mezcla impresentable que derrama o en el piso o en el tupper roto del año pasado. O tal vez una hoja de diario. Y al fin nos abalanzamos conformes y prestos sobre ese desparramo que nadie quiere, los restos mutilados de quienes hasta miran con cierto asco el plato del final luego de la satisfacción de llenarse el estómago y saturar el paladar con sabores calculados. Eso es lo nuestro. 

Hasta en La Biblia se nos tiene presente. Y basta una caricia cada dos o tres años para desatar nuestro fervor por tanta lealtad. Mataríamos por una caricia de nuestros dueños. "Arrasaríamos el mundo", como dice Cómodo. Porque ellos son los mejores y no los cambiaríamos ni por mil platos de sobras del mediodía o el mejor Dog-Chow que pudiera existir. No.

Y nos pasean en sus autos como parte indivisible de la familia, al viento de la  tarde raudo que entra por la ventanilla, en viajes largos e indecisos por caminos desconocidos donde cantidad de árboles y follaje anuncian orinadas inolvidables y libre de intrusos ideal para marcar el territorio. Y nos bajan, nos alejan y corren, suben y se van. Seguramente se olvidaron de nosotros. Un accidente perfectamente explicable. Y es honorable esperarlos hasta que regresen en pocos minutos cuando se den cuenta de nuestra ausencia. Lo notarán.

El regreso será una fiesta de alegría. O será mañana cuando se den cuenta. O el mes que viene. O dentro de diez años. Porque nuestros dueños son los mejores y no los cambiaríamos ni por mil árboles.

No.


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15 de enero de 2023

El robo del monarca

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Pocos lo recordarán. Hace unos 36 o 37 años unos pibes jugaban a la pelota en el parque frente a la torre de los ingleses, en Retiro. Como sabemos, gritos, órdenes lacónicas y voces imperativas a la par de los pelotazos que van y que vienen quebrados por los cruces de piernas y los cuerpos en el aire de la tarde porteña. ¡Acá!, ¡Uh!, ¡Dale!, ¡Tomá! Todos se lucen aguerridos y flexibles. Pero la pelota sale de los límites previstos y la recibe un comedido de paso por allí, o acaso convocado por el mismo juego de corridas, robos y caídas.

Como sabemos que le corresponde a todo aficionado solidario en un deporte de caballeros, se espera un acto de compromiso del extraño en devolverla al juego. Pero no. La retrae y la empeina muy lejos de la intención calculada. Los pibes, menos que reclamarla de regreso, primero se deslumbran con el toque aéreo y mágico de la pelota que cuelga del aire; luego se impacientan. El balón va del empeine al hombro, rebota, baja y vuelve a subir sin tocar el suelo.

Tal vez dos o tres pibes se acercan para recordarle con su presencia que la pelota es de ellos y el juego está suspendido hasta su reintegro correspondiente al campo. Pero tampoco. Parece haberse apropiado de la voluntad del balón, hipnotizado por un extraño de paso por allí. 

Pero ¿quién se cree que es? 

De pronto la esfera muerde el suelo aplastado bajo el calzado y espera desafiante a los dos o tres pibes que la reclaman. Es un desafío para valientes. Va uno, prolonga el pié, pero el balón lo esquiva con gambeteos prolijos. Se suma otro y tampoco alcanza en el cruce de piernas y calzados.

Entonces van todos los que esperaban estupefactos la restitución. El partido parece suspendido por falta de pelota. Uno de la tribuna que pasaba por allí esa tarde se la apropió y no piensa devolverla a menos que se la quiten; se la quiere robar. Es una pelea de perros con textura de piernas y patadas. Y no. Pero el gigante extraño que lucha por retenerla, al fin pierde el equilibrio, lo empujan y va al suelo, vencido por el ataque formidable de la escuadra sin color definido. Y estallan las risas con los jadeos al sol cuando logran quitársela.

Algunos yacen en el suelo al lado o sobre el cuerpo del titán derrotado que todavía ríe con ellos. Algunos suponen quién es; otros no, pero yace vencido. La pelota es de ellos.

Todavía no saben que, de visita por Buenos Aires, "O rei" Pelé, ha jugado esa tarde con ellos.


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22 de diciembre de 2022

El Pecho frío

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Así le decían, y discutí con tanta gente defendiendo a este pibe brillante porque en su conducta y serena humildad, lo anteponían a un jugador drogadicto, impredecible, incoherente con su habano Cohiba, en yate y con la remera del Che; un tiro al aire maravilloso que le pegó justo a Dios en el ojo, el soldado de Maduro, el que nos dió la Copa del '86, pero que nos quitó la del '94 por sus putas adicciones, el que dispara a periodistas cuando lo acosan y va a una entrevista televisiva totalmente pasado de merca que ni los ojos podía abrir.

Apenas soy simpatizante, pero para el fanático todo está justificado, todo es explicable con un grito aplastante o una trompada de burla. Es el lado bestial e impresentable del argentino ícono que a menudo nos deja mal parados en el exterior, del tipo de los que trepan con euforia a un semáforo y lo destrozan porque están muy contentos con el triunfo.

La comparación nunca fue válida, pero la discusión era inconducente y nunca tuvo conclusión. En todo caso, el "Pecho frío" fue gritado más fuerte y con una risa final para cerrar el debate. Hasta hace tres días era un creativo inservible. Y si estuvo en duda, esa duda como tal nació en nuestro país, un país de eternos perdedores, de esos que exigen triunfos a otros para no sentirse tan minúsculos cuando la realidad los describe como criaturas kafkianas del amanecer.

Triunfos deslumbrantes en varios continentes, campeón juvenil, campeón de Europa, campeón de América y ahora campeón del mundo. El problema de Messi es que nació en Argentina, sino hubiera sido un grande tantos años de su carrera con un epígrafe risible "Ojalá hubiera sido argentino". Porque este pibe tuvo y tiene un nivel de juego maravilloso y harto de magia sorpresiva, aun para quienes no viven el fútbol, como yo. Si acaso veo los Mundiales es porque interviene Messi desde que tiene 18 años. Y en ésta Copa lo hice porque era previsible su retiro definitivo del seleccionado.

Pero hoy, los caraduras reparan viejas manifestaciones o se hacen los giles; incluso hay un locutor tan cararrota como pelirrojo que se filma llorando de la emoción por el triunfo, como para reivindicarse de sus expresiones iracundas anteriores contra el pibe de "Pecho frío" y sus compañeros. Así, hemos dado vuelta el paradigma: las mentiras sentidas encubren la verdad hasta que no sabemos dónde está la verdad.

Y como ya sabemos que rechazó la foto con el actual Presidente, el torpe e inocuo, Alberto Fernández, y figuras de su gobierno, mi aprecio ha sido total e intachable a su figura cívica, acaso por si este plano de su vida revestía alguna sombra.

Porque me pregunto si todos los abrazos valen igual. Si todos los aplausos valen lo mismo. El del falso alegre o el afectivo, el del militante de la mentira o el prócer de la ilusión; el del ventajero en un Ministerio o el de un pibe limpio de corazón que juega a la pelota en la calle; el del drogón y borracho de una tribuna o el del pibe que se inventa una camiseta argentina con una bolsa plástica en otro país de la Tierra y sólo para parecerse a su ídolo. No todo pesa lo mismo. Hay quienes hablan desde los bolsillos calientes.

Quienes lo critican lo envidian hasta la indecencia. Y la envidia ensucia la percepción de mundo; es el colador mugriento del cual nada limpio puede salir. Pero hoy respetemos su decisión de retirarse.

Nada nos debe ya. No nos debía antes: Ahora le estamos en deuda.


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23 de junio de 2022

Semillas de viento



El sábado de la semana pasada fui como orador a la presentación del volumen de poesía Tierra Pura (Palabras Andando, 2022) de nuestra poeta Anahí Cao.
Una tarde sencilla y amable de estilo criollo con un fogón, músicos y baile, reunión para la que hablé unos veinticinco minutos al público presente, mayormente allegados de la escritora, músicos y profesores o maestros de literatura y de música, quizá algún vecino, junto a las chicas y los muchachos del lugar, "Semillas al Viento", todos muy corteses.
En mis palabras relacioné la poesía con la música, más precisamente con el sonido de una campana, y la pregunta de si, acaso, deja de vibrar cuando dejamos de escucharla o si continua en otra dimensión no audible por nuestros tímpanos. Analogía de un timbre musical poético que rebasa el momento de la oralidad y que nos convoca a seguir la lectura después, una lectura profunda y solitaria cuando cada uno cuando vuelve a su hogar con el volumen en sus manos, manera de llevarse también al autor con ellos, de hacerlo propio, de invitarlo a nuestras vidas.
También la aclaración pertinente contra los intelectuales que en sus disertaciones académicas buscan el aplauso fácil luego de una ponencia precisa pero compleja, casi hermética, que aleja al lector antes que acercarlo con términos esdrújulos tales como "hermenéutica" para entender algo sencillo. El fin, los aplausos son siempre gratis.
Reduje la idea a que el monólogo sólo debe ser un envoltorio, el papel de regalo o el moño en la entrega del libro. De poco sirve el aplauso si no lleva consigo una invitación amena a descubrir los rumores que respiran en un poema tridimensional, como nos tiene acostumbrados esta poeta en especial.
En una edad donde las redes son inundadas por gente que escribe "poesías", cuando a veces hasta las publican, no quedan poetas. El embeleso mental no puede ser poema, y quien lo escribe no es un poeta, sino el autor de lo escrito.
La emoción o el despertar del pensamiento, el resonar del metal del ser, no puede estar ligado a una simple combinación sintáctica vacía de emoción, así como un diccionario está lleno de palabras, convoca nuestro interés, y no es poesía.
Pero con Anahí desmalezamos una selva remota y perceptiva que abre su esternón para confesarnos que todavía hiberna en nosotros, que nos habita y todavía nos llama desde la antigüedad, quizá desde el origen, y nos recuerda que los elementos primitivos son constituyentes del ser. La fecundidad del trueno, el crujir de la maleza seca en el suelo, el repiquetear de la tormenta, los sonidos del vientre nativo, ese microcosmos primario y palpitante que en ella integran un único ser de tierra, carne y latido.
La tarde fue mágica, como un sueño de verano atrasado. Quizá la nota simpática de Anahí fue cuando, luego de mis palabras al público, se me acerca para saludarme y como se ha vuelto costumbre de su cariño, me dice "lástima tu ideología", bueno, porque me tilda de derecha, lo cual parece no coincidir con mi percepción de la realidad próxima a las letras.
Tal vez no sepa que antes de encontrar el lugar en el mundo, fui peronista en mi juventud, y corriéndome a la derecha, social demócrata, y finalmente, como Vargas Llosa, de derecha. Me causa gracia porque soy el único en la reunión que no tiene consigo su teléfono móvil mientras que el resto expone un torneo de "cuál tiene el más caro". La izquierda viene así ahora. Igual a Anahí la quiero hasta el dolor. Pero si hasta escuché por ahí que James Joyce fue un autor marxista. (!!!)
En fin... los irlandeses siempre están equivocados. Yo también. No importa, me alegra que Cervantes, Cicerón y Borges sigan siendo leídos. Es lo que importa. Llegué y fui presentado como novelista, pero volví a mi casa como el poeta frustrado que no soy.


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5 de enero de 2022

Tres esquinas de la noche

Las tintascrudas de Rigel



Fin del abismo. A solo tres palmos de olvidar este capítulo y cerrar el libro.

Estoy a tres días de cerrar el año más oscuro de mi vida y la de mis cuatro hijos, a tres de recobrar una familia que creí perdida, a tres de celebrar el quitarles de encima a una demonio incalculada, una demonio perversa y sucia que nos separó y que los llevó por el camino de las drogas, que los usó como soldaditos para conseguirle porros y bolsas de marihuana con tranzas y drogadictos para sentirse una reina del basural donde existe, el culto a las proezas y desafíos del alcohol frente a sus hijos, más el ritual diario de la mentira, una "sacra" destrucción del hogar y el engaño; una demonio que cita a Dios como su protector y corrector, con altares tan puercos como su interior, con calaveras y pedidos sucios y tan nulos como su alma.
Bajo el manto de la victimización siempre habrá un monstruo de justificaciones entintadas con mentiras. Esa victimización es el recurso clásico del victimario, el que mata por las dudas. Así, hasta llevar al teatro de una guerra bajo mi techo luego convertido en un bunquer narco, donde los míos fueron tomados o de rehenes o de víctimas por no ser los aliados en causas deshonestas y, repito, sucias. De allí a llamar "traidor" al menor que se niega a conseguirle atados y bolsas de marihuana con un narco del barrio.
Pero cuando cerré el corazón abrí los ojos. Entonces vi los restos de lo que antes fue mi familia. No será mi verdad, sino la de los míos ante los fueros cuando llegue el momento. Así hay quienes maquillan sus caras, pintan sus ojos de luz y sus labios de rojo, pero tienen la enfermedad en el alma, entonces el amor no los salva, sino que los pudre.
Ahora recupero mi casa y a mis pibes luego de tanta tragedia –juzgado de por medio–, enderezo sus vidas y espero con ansia y calma cuando mi tercera hija (de cuatro mujeres más dos varones) de a luz en enero a mi tercer nieto, señal clara de mis tiempos, incluso para dignificar el comienzo. Mi vida abre una brecha y filtra al fin el amanecer.
Dicen los tramposos "El fin justifica los medios", y no dudo que tendrán butaca de carbón caliente en el fin, pero me quedo con Hegel: "El medio debe ser digno del fin". Que otros siembren semillas de maldad y prendan velitas insanas en las esquinas del campo ajeno. No es mi terreno; no es mi suciedad. Sembraron odio, llenarán sacos de serpientes. Cuanto más lejos de mi prole mejor.
Y reservo el vino para celebrar la clausura de un año kármico y renacer una vez más en año nuevo. Las nubes al fin se abren. Mi campo no necesita velas dedicadas a ningún santo o demonio menor. Dios me prestará el sol para iluminar a los míos. Es el fin de los sacrificios, el pasado yace sepultado sin mármoles ni laureles. Y a renacer de mis propias cenizas en mi eterno nacimiento. La felicidad todavía me espera.


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3 de enero de 2022

Gabo: discurso frente al Nobel de literatura, 1982


Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.

Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. El Dorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de las fuentes de la Eterna Juventud, el mítico Álvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros, y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana encargada de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.

La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santa Anna, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general Gabriel García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.

Hace once años uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso, ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto, 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en la Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la cuidad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central: Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos la cifra proporcional sería de un millón 600 muertes violentas en cuatro años.

De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 12 % por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América Latina tendría una población más numerosa que la de Noruega.

Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.

Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado, si recordara que Londres necesitó 300 años para construirse su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de la incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aun en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa como soldados de fortuna. Aun en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.

No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos hará sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.

América latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental. No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de un cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.

Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre estos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.

Un día como el de hoy mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre". No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.

2 de junio de 2021

Rusa para dos


Largo contacto con el apreciado novelista Gustavo Nielsen, recién inoculado por una rusa (como muestra la foto).

Sé que posteó en las redes la novedad de su reciente dosis con la sputnik y que ilustra con una foto sovietizada por la boina estrellada. También me pregunta si me vacuné. Le confieso que no. Entonces asume la actitud afectiva de un hermano, me aporta cifras escalofriantes, me cita epidemias mundiales que diezmaron países e incluso me habla de una pérdida cercana en su vida en plena pandemia, de la cual supe en su momento, se trata de su propia madre por COVID, algo que no sabía, y que sirve como antesala para decirme: "No quiero perder también a Rigel".

Su preocupación por mi salud es genuina. Me pide que me vacune cuanto antes. Le prometo que sí, me vacunaré. Para cambiar el eje de su nerviosismo con mi irresponsable descuido le pregunto por la producción narrativa en cuarentena y me resume que se trata de dos volúmenes de cuentos y una novela. Por mi parte, igualo el número final con dos ensayos y una novela breve terminada el año pasado y que estoy a punto de rever de continuarla, extenderla.

Digo que celebro que haya mantenido la tradición rioplatense del cuento, constancia que yo mismo he perdido con los años. Nielsen mantiene una esencia próxima al literato sampedrino Abelardo Castillo, quizá desde que ambos fuimos premiados siendo jóvenes por el mismo fauno. Tal vez por eso regresa cada tiempo al relato breve con una técnica brutal que me deslumbró hace décadas y que, seguro, mantiene vigente en su prosa. Pero, en mi caso, sólo pienso en formatos de historias largas y de ensayos complicados que a menudo superan mi inteligencia. En otras, alguna crítica amateur o sátiras, o demoníacas o extraterrestres para divertir a mis lectores.

Al fin, no puedo menos que comprometer mi palabra de ocuparme en la vacuna de la salvación a cambio de un asado posterior en honor al reencuentro, asado largamente prometido y postergado desde 2019. Quizá de antes. No olvido que la última vez que compartimos su mesa fue en 2010. Por suerte, hoy todavía sigue siendo hoy.



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