Mostrando entradas con la etiqueta FICCION. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta FICCION. Mostrar todas las entradas

27 de abril de 2014

El autógrafo del Mal




Galera, bastón y monóculo no son óbice
en esta edad para ocultar los destellos en medio 
de tinieblas, pues un artista es un artista, una nariz es una nariz, 
y un churrasco, ¡pues es un churrasco!


–¿Es usted el prestigioso y sorprendente autor Carlos Rigel?

–Aguardad a que prenda un faso... ¿Cómo dice, su señoría?

–¡Que si es usted el prestigioso autor Carlos Rigel!

–Pues... no, en verdad, no lo soy. ¿y por qué pensais que lo soy? ¿Acaso os adeudo alguna caja de fasos fiado?

–Pues creo reconocer su foto en este libro, pero si no es usted, entonces es una buena fotocopia.

–Permitidme ver el libelo de vuestro tan confuso episodio.

–Aquí... ¿no es usted?

–¡Opfst!... Pues creo ver la razones de vuestro tan inaudito fárrago.

–¿Qué?

–Pero vea, audaz ciudadano, que tan cierto es que cada vez creo parecerme más a la contrahecha naturaleza del mentor de vuestro embrollo.

–Pues, sí, tal parece que las fotocopias caminan.

–O ¿por qué piensa vuestra merced que envaino mis luciérnogos ojos con estas cautas gafas oscuras, y a veces sobre el mismo monóculo?

–Pues... ¿por el sol?

–¡Además!... además, digo, pues porque a diario soy confundido con tan extraordinaria personalidad de la escritura... Mas vea, su merced, qué sorprendente similitud, que si me levantara mal dormido, o acaso bajo los efectos embriagadores de la ginebra, y viera esta misma foto colgando de mi espejo, ¡por mi ósculo sacro, digo, que yo mismo dudaría quien soy!

–¡Ni Dios lo quiera!... ¡Que antes que promover tamaña tribulación del ser, pues prefiero echar este ejemplar sin autógrafo al fuego abrazador!

–Pero, aguarde vuestra merced, sosegad vuestras ansias reparadoras ¿dice su señoría que se trata de la busca de un legítimo autógrafo de su autor?

–Pues claro, qué más pudiera querer en mi abyecta vida que de tal personalidad de la escritura, como refieren vuestras caras palabras, la firma de pluma y cuño de su creador... Pero si no es vuestra merced, con mis justas disculpas, pues seguiré buscando a su mentor.

–Aguardad, aguardad... ¿Estais seguro que no os adeudo una caja de fasos?

–Pues, no, creo no tener en mi memoria dicho infortunado acontecimiento. O ¿acaso tiene usted conocimiento del paradero donde pudiera cumplir mi acometida con el legítimo Carlos Rigel?

–¡Guast!... Pues dudo que pudiera participar en tal acometida, pero creo conocer el parador de vuestro destinatario pues sabrá, su merced, que cambian erráticos, que tales espíritus artísticos deambulan sin rumbo, como perros vagabundos en la Navidad de la metrópoli, profiriendo aullidos desgarradores y esperpénticos, que tan pronto los vereis dormidos sobre un envase de guisqui volcado y goteando, otras saltando o cayendo en los charcos, a veces librando gritos explosivos en los rincones de un callejón oscuro, otras moviéndose como ánimas perdidas en el Paraíso alcohólico, como un escorpión en la sartén ardiente, o quizá orinando transeúntes desprevenidos desde la terrazas y luego huyendo, dándose a la fuga como verdaderos vándalos sorprendidos en sus fechorías y terrorismos ciudadanos, ¡que ni el mismísimo Rimbaud realizaría barbaridades mejor!, pues de haber una revolución sangrienta en las calles, pues en verdad que vieres encausadas las potencias creativas en los yerros del metal y el fuego, antes que la pluma y el pincel, pues por gobierno del mismo espíritu tenebroso que en épocas de paz promueven la asquérrima decadencia y la corrupción de sus mentes infortunadas y débiles, pues son cáusticos dioses chocados a tierra, como churrascos de plasma en plena tormenta, pero cuando las nubes del alcohol son disipadas por estrechos momentos lúcidos de tregua ácida, pues los vereis asomar tímidamente como Quijanos saliendo del imprevisible manchego andante, pues sus tibios y cándidos corazones, tan frágiles, conservan el mandato del Comienzo, lo sabreis acaso, ¡el pacto original de los ángeles de servir a la humanidad!

–Pues cuanta noble palabra y cuanto agradezco tanta certera amabilidad pero, ¡vea usted, qué contrariedad!, pues se me ha hecho tarde, creo tener que dejarlo para otra oportunidad. Devuélvame el libro, innominado señor, pues conservaré la cal de su inmaculada portadilla para otra jornada.

–¿Cómo dice? Pero aguarde, su majestad, ¡si creo haberlo visto tomando un café aquí a la vuelta, hace un minuto!... Si aguarda su merced aquí, pues lo traeré firmado de puño y sangre por el mismo creador. ¡Creo yo que, sin dudar, se ofrecerá gustosamente a dedicaros unas gratas palabras a tan afanoso lector, incluso, no dudará en dedicaros otras a vuestra familia, doncellas, siervos y  especialmente a la princesa de vuestro hogar! ¡Que sin mucha insistencia os brindará hasta unas letras con rúbrica a vuestra mascota de preferencia, si así lo deseais!

–Pero... Os digo que debo partir, apresuraos y devolvedme....

–¡No, aguardad! ¡Os digo que sé dónde está!

–¡Pero...!

–¡No!

¡Juipt... Agh!... ¡Cht-tum!

–¡Ohhh! ¡Oh! 

–¡Habrase visto tan criminal atropello!


Barón Carlos Rigel


Copyright@2014 por Carlos Rigel

9 de febrero de 2014

La Felipera en la estratósfera


Un fragmento del Quijote en las Indias. El tan famoso discurso del marqués caudillo Chiroga Tresmenes, gobernador de la tribu de los Taluets, a la indiada precordillerana de la aldea Ciudad Católica Real, La Rioja, Sudamérica, 1619.


"Dijo así:
—¿Están todo?, ¿sí? Bien —y luego de aclararse la garganta, comenzó diciendo—… Queridos coterráneos de mi aldea, que Dios los bendiga, Viracocha los proteja y el rey los ilumine hasta chamuscar… vine hoy a decirles que «la monarquía es el arte de lo posible», y puesto que no hay genio sin disparate es por eso que les traigo una esselente novedad que ni el mismísimo tano Da Vinci la hubiera imaginado mejor, ¡La Felipera!... ¡La catapulta más grande jamás construida por el hombre! Sí, aquí mismo, al pie de la cordiyiera. Una catapulta tan inmensa que ni el propio mago Merlino pudiera concebir en la peor fiebre de muerte. Ustede dirán, ¿y para qué diablos queremos una catapulta tan descomunal? Pero yio les digo que es nessario, sí, es muy nessario pues nuestras rutas con el rey están comprometidas por piratas y saqueadores furtivos, y esta será nuestra vía legítima de comunicación con el reino de Su Majestad, el esselentísimo Felipe, sabrán ustede que al rey Fernando lo mataron como a un animal rabioso. Ahora, imaginen tamaña catapulta con lanzamiento aéreos de galeones entero, con ancla y velas, muy por encima de las nube, de aquí a España en tres hora, ida y vuelta. Así que, yia ven ustede, ¿qué indígena no aprovecharía semejante ventaja de la modernidad?
Tras un breve respiro para beber un traguito de agua y que aprovechó el caudillo Chiroga para disponer mejor las ideas, la indiada lo ovacionó con una cañonada de gritos y aplausos fervorosos. Luego, siguiendo los pasos predeterminados de la función, continuó:
—Como un arco iris pero entre el palacio del rey y vuestra aldea, aquí mismo, para el crecimiento de nuestra colonia cordillerana y en detrimento de la Ciudad de los Reyes, en el Alto Perú, ustedes saben bien de las ínfulas de los chalacos peruanos del Cuzco y del Callao, pues ya veo que Su Majestad muy pronto establecerá capitales y virreinatos, ¿y nos quedaremo mirando de afuera?, que si no nos entregamos afanosamente a «La Felipera» de que les hablo, y si entráramos en guerra con el reino incañol del Perú, ¿con qué pertrechos los atacaremo para defender las tierras de Su Majestad?
El malón de indígenas ovacionaba al caudillo como parte de un programa comunal y cotidiano, y no porque siguieran en detalle los anuncios del líder, sólo respondían a un programa. La prédica de las ovaciones era bien novedosa pero desprolija, Unos pocos gritaban «¡Chiroga y Colón, un solo corazón!, ¡Chiroga y Colón, un solo corazón!». Otros vociferaban «¡El que no salta es portugués, el que no salta es portugués!» y arengaban a los demás a continuar saltando y cantando.
Sin embargo, observó el manchego que la comunidad no estaba completa en la totalidad de miembros. Precisamente, al menos un tercio de los ausentes de la manifestación se mantenía distante de las ovaciones y en absoluto silencio, pétreos y hasta con la mirada iracunda cuando seguían los ademanes de Chiroga. Algunos, incluso, le dispensaban cada tanto al insigne caballero alguna mirada entre confusa, inerte o desafiante.
—Y se preguntarán ustede —retomó el marqués para distender y acallar los ardores de la tribu—, se preguntarán quién es este ilustre cabayiero que nos acompaña recién allegado de las cortes reales. Recurrentemente les diré que, siendo emisario y heraldo, Su Majestad nos envía gratas novedades a través del ilustre don Quijote, así como les digo, pues en la capital del reino mismo ha comenzado la construcción de «La Virreinal», la otra catapulta hermana melliza de «la Felipera», así que, yia ven ustede. Una orientada al reino, y otra orientada a vuestra aldea riojana.
De nuevo se produjo un estallido de aplausos.
—…Imaginen la cara del rey… ¡Guas!, Je, je, je, recibiéndonos en su propio patio con nuestro cargamento de cardos, aceitunas y cueros de bestias —y gesticulando leer un documento imaginario, agregó—. Su Majestad, aquí le mando este cuero carneado ayier mismo que estrechamente vos me demandaste y muy temprano por la mañana. Déjelo estaqueado al sol, no sea que agusane, y… ¿cómo dice vuestra merced?, ¿que necesita un atado de esclavos para la servidumbre?, ¡lo tendrá hoy mismo por la noche! A ver, che, vos, vos y vos, ¡a la catapulta!… Su Majestad, cuente siempre con los súcditos del sur, y véngase a tomar un vino cuando guste,  y ¿cómo dice…? ¿una tira de bestias para el rey de Nápoles? ¡Ya mismo sale para allá! —hizo un ademán de reajustar en el aire la dirección de un disparo elevado, y agregó—… alineamos el tiro y listo, Nápoles, ¡allí va!  ¡Fium!... Je, je, ya entreveo que esta aldea será el eje de una nueva civilización continental de indios, la más importante de las provincias de ultramar. Y quién les dice si un día no seré yio el mismísimo virrey de La Riojana, en línea con los grandes reinos de la tierra; o quizá rey. Pero, hora, ¡acabemos con el transporte a lomo de burro o a lomo de brutos indígena!, ¡acabemos con océanos peligroso plagados de monstruos apóstata y enemigos del rey! Un día, los marinos del Atlántico verán sobre sus cabeza el tráfico incesante de envíos entre España y Las India, ¡allí va una tira de bueyes, aquí viene un costal de granos!, ¡allí pasa un saco de tabaco, aquí vuelve una silla de tortura! ¡Ahí va un barril de aceitunas, venga ese obispo! Ya ven que ni la Luna del tano Galileo está lejos con semejante artificio. ¡Reputo…! no, perdón, repito, repito, ¡la Catapulta «La Felipera, La Rioja-España 1700» a toda velocidad ¡es una realidad! indígenas amigo…! ¡Y está en marcha!... ¡Mano a la obras! Que Dios los bendiga y Viracocha los acompañe."



Copyright@2014 por Carlos Rigel