10 de mayo de 2017

Intrínsecos


Muy fea cosa esto de desayunar a diario con la novedad de quienes se dedican a revisar mis publicaciones, mi blog, mis posteos diarios, o sobre nuestro país o sobre cualquier lugar del mundo, para luego descargar críticas o monólogos -o quejumbrosos o mordaces- a mis allegados, a mi entorno, o condenarlos a la desconfianza y la arbitrariedad o el maltrato; incluso discriminarlos y apartarlos.
Más allá de que renuncié hace tiempo al peronismo y que no soy ni fui kirchnerista ni chavistas ni castrista ni bolivarista y de sostener que la única "Patria Grande" fue la del narcotráfico, quien quiera presentarme una queja, o por la virulencia de mis notas periodísticas o por mi posición ideológica, debe ser tan frontal y honesto como soy yo con mis escritos: Me pide entrevista y le concedo una hora para su descargo.
De nada sirve hostigar a quienes me rodean con el “volveremos” ni levantarles la voz o diseñarles zancadillas, buscando que los triunfos de sus venganzas lleguen a mí. Trabajo para que no vuelvan nunca y lo digo claro y no busco interlocutores. Pero basta de apuntarle a mi entorno para castigarme colateralmente. Es una intrínseca bajeza. Habla más de ustedes que de mí. Si observan en perspectiva, esas mismas actitudes justifican mis batallas dialécticas e intelectuales.

C.Rigel


9 de mayo de 2017

Homo aprietis




Hoy temprano estaba siguiendo los pormenores de la “Milagro Sala” mendocina, Nélida Rojas, líder de la organización mafiosa Tupac Amarú cuyana, y las declaraciones de la mujer que, con denuncia policial documentada en la puerta de su domicilio, recibió el apriete desproporcionado que le aplicaron la tupacameruense doña Nélida y amigos, para que les vendiera o cediera la vivienda “¡Negra de mierda salí o te quemo la casa con familia y todo!”... cuando los pequeños de la casa, en efecto, estaban dentro aterrados, llorando a gritos.
Y pensaba que la “revolución del apriete”, el peronismo de esta edad no se la hizo a la patronal, porque ellos fueron la amanecida patronal, los apoderados, los jefes, los feudos de la justicia social, sino que se la hacían a los pobres. Primero es seducción, pero si no resulta, entonces “te quemo el rancho, hijo de puta”. Ahora hay millones de pesos desaparecidos y más pobres cuando se acumulan las denuncias.
Y pensaba en el incongruente paradigma de otorgarle poder a quien no debe tenerlo, semejante a esos países africanos como Liberia o Nigeria o Sierra Leona donde donde, bajo el título de “Frente Popular de Liberación Nacional”, negros armados asesinan, torturan, mutilan e incendian negros pobres a destajo, pero no al opresor ni al poderoso, sino al oprimido, al aldeano que trae agua del río en un balde de madera. Como quien dice: “Te asesino porque no querés ser libre”. Y de tantos siglos de miseria, de sufrimiento y esclavitud, uno puede erróneamente concluir que “cuando estaban los ingleses eran mejor gente”, que es igual a sostener la hipótesis de la relación complementaria esclavo-tirano funcional como gen constituyente de sociedades primitivas, opuesto a todo criterio marxista.
Los plazos meditados regulares del crecimiento revelan que con ellos hay escalafones sociales a cumplir progresivamente de integración a una cadena de mando con el aprendizaje que conlleva y que no es distinta a la laboral o la fornmativa en la vida social, porque la peor decisión es darles dinero y poder ilimitados sin cumplir los pasos evolutivos, porque abren cuentas bancarias y compran mansiones, autos caros y armas, y contratan guardaespaldas sustentados por la premisa “Nunca más seré pobre a cualquier precio”.
No se crea a un líder brindándole poder, sino definiendo y limitando objetivas responsabilidades. Alterar o evadir la escala gerencial de mando expeditivo no sirve de nada, de allí no salen líderes, sino tiranos, y más tarde vuelven al aprendizaje rudimentario en la cárcel. Nélida Rojas, sus hijas y su esposo están detenidos con 24 causas por delante.
Y yo, que no soy creyente de la Teoría de la Evolución darwineana aplicada al género humano, dudo de mi propia resistencia intelectual de aceptarla, porque debería considerar tal vez que si, que es aplicable la teoría de Darwin, porque en la especie humana todavía quedan animales, homo sapiens, semejantes a personas pero que necesitan 1 o 2 millones más de evolución para ser totalmente humanos. Y que durante ese tiempo restante, deben ser esclavos, pero no para aprender a ser tiranos, sino a ser nobles templados por el sufrimiento, las necesidades y los logros modestos. Mientras tanto, darles una cuota mínima de poder, es otorgárselo a las bestias.


C. Rigel
Copyrigh®2017 por Carlos Rigel

8 de mayo de 2017

Soplo de la mente




El viento desgarra llovizna sobre las ondas de superficie, mueve lo inamovible, porque debajo, la masa se mantiene o impertubada o a veces contraria a la corriente que dibuja niebla en lo alto. La mente contamina de inusitado fervor o interminable desencanto cuando el corazón yace libre de prejuicios, de ruegos o luces de esperanza. Si la mente pudiera sentir dejaría de existir.

CR


5 de mayo de 2017

Desmemoriando





"Al prójimo debemos darle siempre la oportunidad de olvidarnos sin rencor. Entre la espada y el beso, elijo el silencio”.

C. Rigel



Copyrigh®2017 por Carlos Rigel

2 de mayo de 2017

Abelardo Castillo (1935-2017)


Comprendo la rebeldía de la novelista Silvia Plager -quien fue mi coordinadora de narrativa en la apertura democrástica- frente a la desaparición, la aceptación de la muerte de Abelardo Castillo, un gigante de las letras y de la dramaturgia, cuando escribe: “Voy a acomodar los libros de Abelardo en mi biblioteca en señal de rebeldía. Y que no digan que no está más, que se fue, porque no lo creo.”, porque también me llena de rabia e impotencia, expande la frustración de aderezar a diario el pan del desaliento. 

Confieso que tenía el plan de convocar a varios autores locales para empujar juntos la nominación a su merecido Premio Cervantes de Literatura; comprendí que era una carrera contra el tiempo. Por desgracia, la “grieta” terminó de cristalizar la distancia también entre autores. Hoy nadie es demasiado representativo de nada. 

Una vez, hace mucho, me premió junto a otros autores sobresalientes de la generación del '90. Íntimamente, soñé muchos años con deslumbrarlo, obligarme a crecer para devolverle el guiño, decirle que no equivocó al incluirme entre grandes narradores de mi admiración. Pero también tuve mis infiernos. Además, confieso que, pensando en él, escribí hace poco al Presidente en reclamo de la creación del Premio Nacional de Literatura, que no tenemos, porque, como digo, era una carrera contra el tiempo. Todavía no tuve respuesta. Un país con una tradición tan poderosa, no tiene méritos para honrar a sus plumas. 

Influenciado por uno de sus tantos personajes inolvidables, el viejo polaco "Franta" del relato de su pluma El candelabro de plata, es que escribí en 1991 el relato El otro jardín texto que hoy consta en el volumen de relatos REM (Pol, 2008), motivo por el cual, el cuento termina en una aldea polaca, gélida y áspera, añorada por el viejo Franta en su última Navidad, un cuento seco y vigoroso de Castillo que me dejó boquiabierto por la técnica brillante que emplea y una resolución final muy de su estilo: en la oración última.

De allí también mi impotencia, hoy, 2 de Mayo de 2017, mis ganas de romper todo, esa metafísica de la derrota, de cuando una galaxia entera te cae sobre la espalda y tan nacional que, nacida en la literaturaa, va desde Echeverría hasta nuestros días y que plasma tan bien el tango cuando expresa el desarraigo, la pérdida, la impotencia del ocaso. Siempre nos faltan cinco pa'l mango. 

En fin, se fue el último literato de raza sin reconocimiento alguno que destaque su obra, su erudición tridimensional, y no tengo cómo decirle adiós al maestro. Le adeudo un viaje prometido a San Pedro con mi telescopio y las cartas celestes para espiar los cielos de madrugada. Una vez lo llamé para saludarlo, atendió él, entonces le recordé la deuda. Me dijo que wl firmamento nocturno sanpedrino era impresionante. Por las interrupciones mínimas de su conversación, deduzco que mediaba con la pipa. También era afecto como yo a los estudios astronómicos. Lo vi por última vez en el verano de 1990 en el Palais de Glace. Él se fue y a mi me queda el sinsabor y las ganas de agarrar un hacha. Mierda, no llegué. Nada redime, nada.


Copyrigh®2017 por Carlos Rigel

No existe el Derecho al Trabajo, hay que ganárselo



Existe la creencia general de que conseguir un trabajo es “un derecho” que, lógicamente, tiene que estar garantizado por el Estado. Si uno niega esta afirmación pareciera estar reconociendo que desea que la gente no pueda conseguir un empleo.

Todo lo que consideramos como positivo no puede estar garantizado por Ley. Algunas cosas por imposibilidad de poder proceder con la implementación concreta del derecho, otras por afectar derechos de terceros y, en este caso, por las dos cosas juntas. 

Los modelos legales que han funcionado han tratado de garantizar la libertad de los individuos y reservaron el uso del aparato represor a quienes atenten contra esa libertad. Esta máxima se encuentra en la sabiduría de los Padres Fundadores de los Estados Unidos quienes destacaron la necesidad de la “persuit of happiness”, es decir la “búsqueda de la felicidad”. 

La contracara es tratar de garantizar la felicidad directamente. Esto se encuentra en las legislaciones que “garantizan” los derechos al trabajo, salarios mínimos, imposibilidades de despido e indemnizaciones. Las intenciones en este sentido han sido tan absurdas que en América Latina se han llegado a proponer con carácter constitucional los derechos al orgasmo femenino y que la tasa del interés no supere el 3%. 

Existen ciertas cuestiones científicas en materia económica que justifican el éxito del primer modelo sobre el segundo que son necesarias detallar para explicar porque el derecho a conseguir un empleo es mucho más eficiente que el derecho al empleo en sí. 

Lo que determina los salarios y las fuentes de trabajo en una economía es su capitalización. A mayor capital invertido, mayores posibilidades de fuentes de trabajo y mejores salarios. La capitalización está asociada a la producción y por lo tanto a los márgenes de ganancias. Un obrero que cuente con una máquina agrícola será más productivo que uno que se encuentra arando con una pala, de la misma manera que uno que tenga la pala será más productivo que uno que lo esté haciendo con sus manos. Resultado de esto, el empleado productivo demandará más y mejores servicios en la economía que el de la pala, que probablemente trabaje solo para su subsistencia. 

Cuando una economía logra capitalizarse, sus salarios se incrementan de la misma manera. En relación directa, una descapitalización significa pérdidas de empleo y salarios reducidos. Esto se ve claramente en el salario promedio de un norteamericano o un canadiense, que es superior al de un argentino, que es superior al de un venezolano, que a su vez hasta ahora, es superior al de un cubano. 

Si los salarios podrían determinarse por ley…¿Por qué los gobiernos cubanos, venezolanos y argentinos no los fijan en el promedio de Estados Unidos y Canadá? Simple, porque solo se pueden fijar levemente por encima del de mercado. Fijarlos por debajo no generaría sentido y hacerlo levemente por encima genera anuncios demagógicos y pequeñas distorsiones a la simple vista, pero que repercuten en contra de los más necesitados. 

Lo único que puede hacer el Estado para incrementar el salario de sus ciudadanos es generar el marco de instituciones para incrementar la inversión. 

En el día del trabajador Nicolás Maduro, en medio de una crisis total, declaró el incremento de un 60% en el salario mínimo. ¿Por qué no lo hizo en un 2 mil % en un acto de compromiso social? Porque en el fondo sabe que jamás funcionaría. El resultado de su medida logrará lo siguiente: Las empresas que todavía tengan un mínimo margen de ganancia aumentarán ese porcentual a sus empleados pero no contratarán más, y quienes no puedan pagarlo despedirán a sus empleados. Si el Estado prohíbe esos despidos, simplemente la empresa cerrará o será estatizada, agravando aún más la situación. 

El sueldo de un suizo no depende de la bondad de un empresario, que sin dudas preferiría pagarle lo menos posible, depende de los requisitos del mercado. El mismo fenómeno corresponde a un salario menor en una economía altamente regulada, donde los salarios son malos por el marco económico y no por la maldad o egoísmo de los empleadores, que nada tiene que ver con los salarios que tienen que pagar. 

La existencia de los salarios mínimos lo único que hace es expulsar del sistema a los que se encuentran en el borde de la productividad y más necesitan trabajar. Esta distorsión funciona de la misma manera que un control de precios que barre los productos de las góndolas de los supermercados. El incremento reciente del salario mínimo en Estados Unidos significó que empresas como Mc Donalds generen un nuevo plan de negocios para reemplazar empleados por máquinas que toman los pedidos de sus clientes. 

En el día del trabajador es necesario analizar la cuestión con responsabilidad y de manera objetiva y no repetir slogans que pueden ser contraproducentes. 

El derecho a conseguir un empleo en el marco de una economía libre, es garantía de mayor probabilidades de conseguirlo si se busca. El derecho al trabajo es impracticable ya que ¿A quién se lo reclamamos si no lo conseguimos? ¿Al Estado? Toda intervención directa en búsqueda de este objetivo será contraproducente. ¿Quién está cometiendo el delito si yo no consigo un empleo? 

Aunque parezca una contradicción, los responsables de que la gente, sobre todo los más necesitados, no tengan acceso a un empleo y a un salario digno, son los voceros de las legislaciones intervencionistas, en algunos casos movidos por ignorancia y en otros por privilegios sectoriales. 

Por lo tanto el trabajo no es, ni puede ser, un derecho. Mantener esta idea lo único que logrará es impedir que más personas puedan conseguir un trabajo y que éste les brinde mejores ingresos.

Por Marcelo Duclos

1 de mayo de 2017

La clase laburante llega al Paraíso




Dicen que “el copo de nieve no se siente responsable de la avalancha”, manera simple de pensar que una persona no responde por lo que hagan los demás. ¿Y por qué siento que sí, que soy parte de un alud inmenso que transforma al mundo?

Hoy entro con el turno de las 6. Tengo todo listo. Llevo las esperanzas intactas y el plano de mi vida. Seré cientos de miles de personas de un lugar a otro cada mañana o cada madrugada o cada noche rumbo al trabajo. Cada día seré yo y seré todos, y cuando el reloj de la señal, abriré la compuerta, encenderé las luces, alzaré la persiana, prenderé la máquina, conectaré el horno, sesgaré la caña, calentaré el motor, arrancaré el guinche, cargaré el carro, trazaré el corte, calzaré el electrodo, hundiré la pala en la tierra, bajaré la prensa, hornearé el pan. Seré todos ellos, millones de manos poniendo la vida en movimiento en la única máquina de movimiento perpetuo que existe.

La obra humana sienta sus bases sobre miles de años de labor, desde una puente suspendido en el aire hasta una simple lapicera y desde el árbol que custodia el camino hasta el satélite que derrama comunicaciones instantáneas sobre mundo de la WEB, todo requiere de un trabajador para materializarse de las ideas a las realizaciones.Y a la hora señalada, ser yo y también ser todos ellos a la vez y también seré uno solo. Uno multiplicado por todos los que trabajan. 

Seré Julio e iré al taller de Floresta donde una collareta espera mi mano experta para emprender la producción diaria, seré Romina con las bolsas gordas de láminas decorativas camino a vestir la Sala de 5, seré Fabricio para trepar a la altura y la soledad tirana del guinche de estibado de 84 containers recién llegados al puerto, seré Lucio listo en la cabecera para tomar el turno en punto a las 7:16 con pasaje lleno de Constitución a Longchamps, también seré Lucrecia de guardia en Internación por 24 horas. Una avalancha diaria urbana y rural para que todo ascienda.

Las 5 en punto. Es hora de salir al trabajo. Quizá progresarán las condiciones, tal vez las generaciones futuras afinarán o mejorarán los contratos laborales, quizá volverán menos agobiante las más duras labores, pero de lo que no hay duda es que seguirá existiendo el 1 de Mayo por siglos como una jornada de reposo y festejo en homenaje a los hombres y las mujeres que en cada jornada transforman al mundo con su labor. Cada día seré copo de nieve y avalancha a la vez, pero siempre en ascenso al Paraíso del laburante.

b CR

Copyrigh®2017 por Carlos Rigel