6 de agosto de 2012

Tebaida: Bailando por una pesadilla


En nuestra generación coincidieron Beethoven, 
Platón, Fellini y Dalí, además del resumen de 
los sesenta siglos de historia previa. 


Sólo porque esta edad no tiene memoria, ni pasado, ni lecturas, ni análisis, ni filmoteca de preferencias, ni gustos sofisticados, ni inclinaciones artísticas, ni tampoco refinamiento es que Las crónicas de Narnia, El señor de los Anillos, Bailando por un sueño, libros de Coelho y de autoayuda, en general, son las estrellas de este tiempo.

Veía hace poco La amenaza de Andrómeda, un film común de los '70 inspirado en el texto del novel Michael Crichton de 1969 y que leí durante mi adolescencia, y hoy sería incomprensible de intelectualidad para la actual generación, ya que no dispone ni de animales prehistóricos, ni de vampiros a chips, ni licántropos de laboratorio o superhéroes con hachas y armas automáticas o volteretas acrobáticas. 

De tal manera que una cultura diseñada para adolescentes fantasiosos es consumida por adultos incautos y que se creen intelectuales exquisitos porque debaten si Rory Pensacola toca mejor la gaita que Merker Cunnintong, o si Teddy Lex recarga más rápido que Gary Max la escoba automática en la película Los dinosaurios ya no vienen como antes. Y acaso lo misterioso es que reclaman se tenidos por serios, maduros y pensadores.

¿Y cómo minga van a escribir algo saludable si aceptan con gusto la basura de este tiempo! Para quienes crecimos con Pink Ployd, Emerson, Lake and Palmer, Poe, Génesis, Vinicius de Moraes, Kafka, Robert Plank, Fred Hoyle, Arthur Clarke, Voltaire, Sergio Mendez, Dostoievski, Walter Carlos, Proust, Asimov y otros... la cumbia villera es abominable, los libros de autoayuda son ilegibles y la TV actual tiene un idioma incomprensible. Se trataba de elegir, muchachos, no de aceptar. Como dice Charly, «Say no more, baby»


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