19 de agosto de 2016

Tenebrelitermisterio




Me llegan invitaciones a eventos relativos a la escritura de una rareza tal que no sé si me sorprenden me divierten o me desorientan, porque van de desopilantes a solemnes. Por ejemplo, "Mecanismo de escritura colectiva" convocado por el Espacio Enjambre
Y me pregunto, más allá de los resultados de pretender aunar la solemnidad esperada en los inscriptos, como en el despiece de una máquina a engranajes, cuándo carajos la escritura fue un resultado colectivo, acaso como imaginar un cuadro pintado por decenas de artistas de distintos estilos, que es posible no lo dudo, pero que también pone en duda la calidad, la maravilla de una conclusión exitosa, sino fruto de un promedio nacido de la tolerancia, de la paciencia de contar hasta un millón con un parto monstruoso, demasiado personales cada uno para soportar a otro a su lado, y donde la firma al pie de la obra terminada será un párrafo de discusiones, o por ser primero o ser el último, con el reconocido y famoso "quien la tiene más grande".
Suponiendo que admita la palabra "mecanismo" aplicada a la literatura, estos proyectos mancomunados igualan al rugbi siendo torneos de 100 metros de natación, donde un equipo completo de 6 deportistas debería promediar con el más lento para llegar todos juntos. Así, veo con desconfianza y hasta con humor las buscas conceptuales de "identidad", "colectividad", "igualdad", "terapia", "liberalidad" y otros cuentos que me recuerdan a esos relatos del medioevo español, donde un grupo de tramposos organizan la visita a un pueblo y llegan con obispo sospechoso para la homilía, víctimas poseídas por demonios y exorcistas, todo listo para entrar en escena, bajo la premisa de que el Diablo habita los bolsillos de los parroquianos y se alimenta de su avaricia, impidiendo la dádiva fuerte y temerosa de Dios por limosna raquítica aconsejada por el Diablo.
Y durante la misa, estalla el demonio en uno de los forasteros con espuma en la boca y gritos esperpénticos. Pero de inmediato expulsan al espíritu maldito ante la mirada aterrada de los aldeanos, y luego pasan la bolsa de las limosnas. Y al salir del pueblo rumbo a otra aldea, se reúnen el obispo con asistentes, el exorcista y el liberado del Diablo, y cuentan el dinero, y evalúan si resultó bien o flojo.
Digo que todo esto es ruido, de ese que no deja crecer, y tiene como finalidad juntar a un montón de tontos para sacarles unos mangos, dispensarse los aplausos y descorchar una botella, teniéndose por estrellas negadas de Hollywood. Y me invitan a promediarme entre ellos cuando estoy multiplicado por cero y dividido por un hachazo propio dedicado y ajeno rencoroso y pretendidamente vengador, para habitar una butaca y sumarme en los aplausos de no saber si reírme o si agarrar el matafuegos y foguearlos con espuma de demonios caracterizados y exorcistas estelares.
Pero pienso en el "mecanizado" de las autopartes de un "enjambre de literatura" y siento el piquetazo venenoso de una abeja alienígena salida de los "Expedientes secretos X". Y se me ocurren algunos títulos alternativos, como por ejemplo, "Programa de ajuste de Tornillos literarios", o "Destrabador de roscas Withworth de Escritura", e incluso "Soldaduras de Fundición Semántica". Es que se me disparan los relays dendríticos del engranaje mental.

Bueno, pero mientras tanto, junten a Cézanne con Dalí, Picasso, Rembrand y Del Bosco, el mitológico Sr. Hieronimus Bosch, con seis principiantes obstinados para ver qué pasa. Y a mano el matafuegos recargado, por supuesto. Pero no lo duden, soy uno de los principiantes.


CR

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5 de agosto de 2016

Los 206 por los 2000











Tras el citatorio a Hebe de Bonafini por el juzgado del Dr. Di Giorgi y la negativa de esta a presentarse ante el juez a declarar en la causa por la desaparición de dineros destinados a la construcción de viviendas,  digo, 206 millones ¿alivian el dolor por dos hijos desaparecidos? A razón de extraviados 100 palos por hijo, masomenos, así termina la épica kirchnerista de la justicia social: defendiendo por todos lados dinero perdido no explicado. 

Concluye una etapa con 2000 personas, según el análisis visual y el cálculo por metro cuadrado, de una resistencia proclamada "social" donde una buena parte eran dirigentes y ex funcionarios involucrados en causas por asociación ilícita y lavado de dinero, el Seleccionado Nacional del Enriquecimiento –más bien digno de MANLIBA–, con la esperanza colateral de gozar los beneficios del amparo de masas cuando los citatorios y las órdenes de detención lleguen, protegidos por ese mismo cerco humano, la otra parte de la manifestación, compuesta por gente joven de La Cámpora y el kirchnerismo residual que todavía buscan un protagonismo perdido y que se prenden detrás de cualquiera que alce la voz y se oponga a algo, aunque se trate de la falta de monedas de 1 peso en los quioscos o el aumento de la gravedad. 

No resisten a un gobierno, sino a la arista de un sistema triangular republicano llamado Justicia, y conste que no es de la mejor, podría irles peor. Hay mucho doping aquí agregado a la testosterona del odio invitado en el copetín, de cuando resistían siendo gobierno con igual actitud, y ahora caen en su propio odio. Pero no hay intocables en la grieta, es un reclamo de dos tercios de la población, y la respuesta es el "aguante" de nuevo con burlas de los tribuneros durante el partido, como el visto en cualquier cancha.

Consistente con el paradigma que imperó durante más de una década, hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda; para estos últimos son las leyes. Pero Madres de Plaza de Mayo, como una botella, se hizo pedazos y lo roto en la conciencia civil no se pega con La Gotita. Mientras tanto, la cúpula del PJ y el sindicalismo se abstienen de participar en la contienda, delegan el enfrentamiento con la Justicia en manos del kirchnerismo, les ceden el gasto y el desgaste porque piensan que resultarán favorecidos en la cuenta final. Pero el kirchnerismo ha ensuciado todo lo que tocó, comenzando por el PJ. Esa mugre vuelve irrecuperable a una prenda aunque haya sido nueva.

El mensaje de ayer fue mafioso. "Si me gusta la causa, me presento en tribunales. Si no, no". Engloban a Hebe con Milagro y Cristina, y al triángulo se suma un grupo de canallas y malvivientes convidados en los beneficios secundarios del cerco de hinchas. Pero vi mejores espectáculos tribuneros con la hinchada del Brown o de Morón. Y peor aún, diputados de alcantarilla que promueven la desobediencia frente a los fueros. Y cada vez más lejos del regreso. No son ya el 48 por ciento, así como de este lado no hay un 52. Le dieron demasiados anticuerpos a la sociedad. Cada acto lineal acentúa la asimetría. No prometen revanchismo sino venganza. Pero no volverán... no volverán. 

Pero los argentinos, especialistas en construir estatuas formidables con papel maché, hicimos otro Maradona con Hebe de Bonafini y que de nuevo no resiste el antidoping del final del juego. Es lo que cuesta admitir. A Isabel Perón la metieron en cana, la juzgaron y no le encontraron más que injustificados 500 grs. de fiambre sin ticket. Ni aún la dictadura militar encontró una causa para expulsarla, aunque igual lo hicieron al final del juicio.

No hay dioses entre criollos, nos han tocado todos Maradonas de piernas cortadas, pero si hubiera una dictadura, como dicen, ya estarían en cana y sin citatorios a declarar. O peor. Me acuerdo bien de ese tiempo, no me la contaron.
CR

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31 de julio de 2016

Jurarás "No sé"






El código de lealtad que sirve al delincuente es lo que cuenta. No existe el bien y el mal, ni lo correcto o incorrecto. "Si robás, tratá de que no te sorprendan; si te agarran, negalo todo, decí que lo hiciste para dárselo a los pobres, ellos te creerán; si violaste y mataste, jurá que no recordás nada; si mentiste, afirmá que fue el mal menor, que lo hiciste por motivos altruistas, por el bien común".

Es más importante ser pícaro y evadir la ley que ser bueno y vivir en la miseria. Heredarás a tu hijo tu fortuna menos algunas propiedades y las cuentas en Suiza. No le darás el corazón sino una cuenta para los gastos. La cuestión es ser millonario rápido. "¿Y qué le doy a mi hijo?" Ya te dije, le das el método y el ejemplo. Si robás y le das una parte, sos el papá grande, pero cuando le enseñás, le estás diciendo "Vos también podés". 

Tenemos a una generación nueva que piensa que la política es un vehículo para enriquecerse, para asesinar al fiscal que te investiga, para robar y ocular dinero y negarlo hasta el fin, porque todo terminará y al final quedará el dinero intacto para escapar y disfrutarlo. Lo importante es ser rico a cualquier precio. Que tu hija se prostituya con un político, después se lava y nadie se entera pero, cuando menos, que te regale un Porsche o un Toyota. Tu abogado patrocinará la expiación comunal. Él será tu confesor para evadir las consecuencias frente al Cielo y la sociedad.

El Cielo es el botín, está lleno de dinero y oro, los próceres fueron audaces porque vieron la oportunidad y la aprovecharon. Y si robás mucho y repartís mucho, tus seguidores te amarán, te defenderán. Ellos saben. Muchos lo hicieron antes y les salió bien. Cómo no iban a prosperar y a multiplicarse. El "vivo criollo" es nuestra realeza, es enviado del Cielo y mensajero soberano de la Patria.

En el comienzo todo fue robo y saqueo, y ahora también. Dios caminó la Creación con planilla en mano, tildando propiedades y tasándolas. Tanto y tanto. Después las robó. Dicen que en el principio tenía una banda de saqueadores furtivos muy famosos. Cada tanto repartían las ganancias, pero que un día descubrió a uno de ellos metiendo las manos en la lata, entones lo expulsó, pero ese, a su vez, formó su propia banda para cagarle el fato.

Así comenzó todo. Robarás hasta el último centavo y no dejarás nada al que sigue, y serás libre patrocinado por un buen abogado. Te cobra el 30 por ciento. Debés calcularlo de antemano en el presupuesto de la vida. Despues hacés 10 por ciento de caridad y cuando llegue la hora a San Pedro le das un tercio. Y salís hecho. Listo.

En los '90, un gran hijo de puta nos decía: "La política es el arte de lo posible". Y se hizo posible, sí. A veces la vida nos da con una sonrisa lo que pedimos con el bolsillo. Y así, lo imponderable nos abrió las puertas al delito grande. Claro que en un robo hay dos lados, el que gana y el que pierde, tratá de no ser el damnificado. Porque hoy es ahora y todos los caminos son posibles.

No hacen falta testaferros cuando nuestros hijos sirven al plan de encubrir la riqueza y el lujo, la traición de hoy tendrá su recompensa mañana. "Que mi hijo mienta por mí, yo mentiré por él y así nos salvaremos juntos". No hace falta ética para vivir cuando sobran millones. Todo se olvidará pero el dinero quedará, porque no ser descubiertos mintiendo es igual que decir la verdad.

¿Ves Venezuela? No, no la ves, también negalo todo. Si copiás al tonto rico de Maradona, serás Maradona. Nadie quiere ser Messi y hacer el esfuerzo y cargar el fracaso, o ser Tevez y que nadie te vea, sino Maradonas y rememorar los triunfos. Voto y elijo, pero no con mi conciencia, sino con el bolsillo. Mi fortuna es la que elige, es mi brújula, mis posesiones eligen por mí. Yo soy lo que tengo, porque sueño ser millonario y no pagar las cuentas cuando la ley me reclame los métodos.

Es cuestión de acomodarse donde haya dinero, tomarlo y ocultarlo un tiempo largo. Y cuando el arqueo de caja llegue, jurar "No sé". Y si alguien te descubre, perseguirlo, calumniarlo o asesinarlo. Y buscar un buen abogado. Y así, todo se vuelve posible. Todo. "El mundo es como yo lo veo. Soy el centro. La física cuántica me da la razón".

CR

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22 de julio de 2016

La dialéctica nuestra de cada día



A diario registraremos muestras de esta cultura nacida de la magia verbal que busca disuadirnos o modificarnos mediante la precisión y el uso de los giros magistrales del idioma, como una fuerza curva que al regresar bumeránica llegue en apariencia resuelta. Recursos mágicos de las sutilezas y los contraluces, extravagancias idiomáticas, tecnicismos, todo sirve a los fines de vapulear soluciones pragmáticas en un mundo sospechoso.

En la película famosa de El exorcista refiere a ese momento en que una madre le explica al neurólogo que una fuerza sobrenatural sacude la cama de su hija con ambas encima, y el facultado responde "el problema no es la cama sino su hija". Magistral. La solución al fenómeno expuesto depende de un giro conceptual cuya certeza obliga a caer en el embudo de la sensatez. Ni aunque hablemos del Diablo en persona esto no puede estar más allá de un recurso de prestidigitación oratoria iluminado por el control emocional: Si quien lo dice tiene corbata, entonces debe tener razón.

Tenemos muchos Sherlok Holmes salidos de nuestras facultades. Con apenas una palabra nos quieren dar vuelta el concepto, "no es lo que vos pensás ni que te ocurre o que sentís, sino esta palabra". Ese vocablo sintético y correcto nos salvará, aunque permanezcamos en el pantano con la movediza al cuello. Recordaba entonces a ese viejo pícaro de nuestra literatura, don Borges, cuando dice "Me regalaron una esdrújula". Es decir, ni siquiera podía comprender el concepto de "Emérito" porque nos estaba diciendo "No entendí qué contiene, aunque reconozco que va acentuada en la tercera sílaba". Y bueno, confórmese y acéptelo así. Si no sabe, no sabe. 

Descubriremos que estos faunos de la sofisticada "viveza criolla" también evolucionan en nuestras universidades, siempre propensos a la catalogación inmediata. Ellos resumirían al 'Martín Fierro' en 1000 palabras exactas y unos 124 giros conceptuales para el discurso y el aplauso. ¿Aportaron algo? Respuesta: no. "Pero es muy importante la clasificación de los términos –nos dirán– porque la belleza también puede graficarse". Tantas sílabas por tanta intensidad, da como resultado el esplendor. ¿Y cómo mingas discutirles la precisión si ese no es el tema? 

La idea no es enseñar o iluminar, sino abrumar, aplastar, disuadir, espantar con su dialéctica material y burguesa. En los pasillos secretos de la dialéctica instrumental encuentran la fuerza. Por eso ingresan en la categoría superior del "vivo criollo". Nos dicen: "No tengo tiempo para explicarte, pero buscá tal concepto...", que seguramente será la ampliación de una palabra tranquilizadora de aporte a nuestro erario lexical, porque además incluye el repelido "Vos andás en carro, yo en nave espacial". A eso debemos que no queden ateos ni escépticos, sino "agnósticos". Es que la palabra concita al misterio y está de moda. 

Me recuerda otra situación de mi juventud, de visita en la provincia de San Juan, en casa de un familiar lejano, un español duro que nunca había salido de la provincia. Una noche, luego de la cena, me preguntó si en Buenos Aires había Luna y estrellas y la noche era oscura, como allí. Podría haberle respondido "la traslación sidérea del globo sobre la eclíptica y la rotación terrestre determinan el punto visual relativo al observador según el incremento horario sin variación visible d¡aria en la esfera celeste". Pero le dije que sí, un poquito corrido, pero que era el mismo cielo.

Nuestros abogados son quienes agotan el catálogo de combinaciones técnicas en busca de un fin intimidatorio y limitado. Por ejemplo: "Señor, soy el patrocinador del Banco Interasociativo y usted registra una deuda desde 1997 de pesos 228,32 con la empresa Movitel. Le enviaremos a la brevedad una Carta 'Documentada' de cancelación Pre-judicial, detallando la evolución de la deuda sin perjuicio de futuras acciones judiciales". A veces debo extender mis respuestas, y con criolla y elegante energía, respondo: "¡Andá a la puta que te parió, rata de alcantarilla! ¡Si tenés algo firmado, entonces mandame una Carta Documento o dejate de hinchar las pelotas, cagado de hambre!". Y así, con recursos de la otra magia del idioma simple, termina la sinuosa sutileza en un acuerdo amable y mutuo. 

En lo abrumador reside la liberación. Y así, precisamente, arribamos a este segmento culto, mayormente egresado de nuestras facultades, que no nos resolverá nada de la vida cotidiana pero que sumará riqueza personal a través de giros de inteligencia en la fanfarria idiomática de la precisión por el camino de la exactitud conceptual: "Eso que padecés se debe a la presencia de tal sustancia en tu cerebro...", "Vos te referís a tal cosa...", "Hay un libro de un psiquiatra sueco que explica ese fenómeno...", "La física cuántica resuelve esa anomalía...", "Eso que contás se llama hipopomonstruosisquepedalofobia..." Y listo. 

Pero si pensabas que la hipopomonstruosisquepedalofobia era un hipopótamo nervioso chocando la bicicleta, no, te equivocás, porque ahora sabés que estás sufriendo de miedo a las palabras largas, precisamente, con una palabra larga, impronunciable y temible. "No sufras más, esto se llama así...". Y la conclusión académica inevitable: "Ahora, sos más 'inteligente' que hace un rato". Porque de las alternativas emergentes en la prestidigitación proverbial, surgen dos caminos posibles. Respuesta A: "En tus palabras está la solución". Respuesta B: "Esta palabra define el trastorno que estás padeciendo". 

Según ellos, en los actos de magia académica, la precisión nos hace libres de los escarnios de vivir por fuera de una facultad y sujetos al diccionario ilustrado. En reemplazo de la sabiduría no alcanzada, bastará con los recursos de la inteligencia práctica de bolsillo. Si nomino las cosas, si les impongo un nombre adecuado, se resuelven por sí mismas. No dependen del contenido, sino de la elegancia en su aplicación nominal típica, aunque la cama salte con un carro de demonios encima y los platos aflojen las paredes.
CR

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19 de julio de 2016

San Parca




Mucha gente, por un lado, recuerda el atentando a la AMIA, y unos pocos vagamente recuerdan a Menem en el mismo tiempo. O quizá recuerdan la Guerra y no a Galtieri, o la Copa Mundial del '78 y no a Videla y los desparecidos; o el Golpe del '76 y no la guerrilla y los otros atentados a nuestra endeble democracia.
Nadie conecta las risas con las lárgrimas. Hoy es San Galtieri, hoy es San Menem, San Corach, San D'Elía, San Democracia o San Golpe, mañana qué importa. Y mientras tanto los muertos se acumulan; "los cadáveres tiemblan al paso de sus asesinos", decía Hamlet, y aquí siempre hubo terremotos. La tierra tiembla al paso del Diablo Festón. Nunca se hizo justicia. Y mientras tanto, Pompeya se derrumba en llamas y es tragada por el mar. Ahora aplaudimos a éste, mañana a aquel. Como quien dice: "Hoy tengo un sánguche, no necesito pensar en mañana". Nunca nos importó la verdad sino estar contentos.
En cada risa hay mares de angustia y muerte. No hay motivos para reír, no hubo motivos para reír, no los hubo nunca. En una cultura sucia, quien más ríe es el "vivo criollo", si el cuento no prosperó hoy, será mañana. Cuando lo escuchemos reír entre aplausos es porque cumplió su fechoría. Y habrá muertos; no sólo pobreza y miseria, sino muertos entre nuestros hijos. Cuanto más alto escale con sus trucos proverbiales, mayor será el pacto. Tantas risas, tantos muertos. La Parca caminará y no sabemos a quien elegirá por cosecha; la guadaña barrerá ciega; será tan confuso porque no elegirá, será al azar.
Nuestro karma es reir. Ni siquiera atrevernos a dar vuelta el binomio y llorar primero para ver después qué pasa. Leímos mal el contrato social, porque no nos ganamos todavía el derecho libre de festejar, sino de temblar. Pero hoy reparten sánguches en la plaza, hay fiesta. Vaya quien quiera y lleven banderas, pitos y platillos. Festejen con San Parca, patrona de los argentinos.
CR

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9 de julio de 2016

Naciendo como editor



La mayoría de las 'editoriales' que frecuentan las redes en verdad son imprentas. Tienen soluciones de imprenta, preocupaciones de imprenta, cubiertas flojas resueltas con criterio de economía y rapidez, presupuestos gráficos preestablecidos de imprenta, despreocupación total o parcial del paratexto y el intratexto, mentalidad gráfica de la economía, la celeridad y el cobro inmediato pero no del comercio –para el caso, la librería–, sino del ilusionado novel que llega a invertir sus dineros con ellos, los imprenteros. Editan libros como si fueran talonarios de facturas de comercios barriales. Cuesta encontrar un editor que cumpla con las funciones regulares frente al autor y frente el texto.

Trabajé muchos años como creativo publicitario para grupos editores, evadiendo con desánimo la edición de mi propio material y menos dispuesto aún a acordar con editoriales, si hasta me resultaba un bochorno ceder derechos por 10 y hasta 15 años. Mientras tanto, el material escrito, novelas, ensayos, relatos, críticas, análisis, se fueron acumulando desde las épocas de la Remintong hasta la PC y la iMac. En 2008 Editorial POL reunió 12 de mis cuentos y los editó, los ejemplares fueron distribuidos en CABA y sé que llegaron a unas pocas ciudades del interior.

En 2010 me retiré de los certámenes de convocatoria abierta al género de la novela inédita y del cuento, aunque hace pocos días volví a incluirme en uno de la categoría de ensayo. En 2011 preseleccioné unas pocas prosas, cuentos, análisis de libros, de películas, de vivencias con autores conocidos y famosos, los edité y salió a la venta como La piedra de Babel, la primera parte de la trilogía Diarios de Autor.

De pronto me convertí en otra imprenta cuyo iluso esperanzado de visita era yo mismo. Luego fui editando otros ensayos y relatos breves con especial inclusión de humor entre sus títulos. Incluso una novela en dos tomos y luego otras más de mi pluma inquieta. Desde entonces me auto-edito, pese a mis reservas anteriores con el método de dudosa calidad doméstica. Compenso la cosmética de la derrota de autopublicarme dedicando más tiempo a los procesos de pre-prensa. 

Pero no entendí que hasta haber editado La metamorfosis de Kafka y El matrimonio del Cielo y del Infierno de Blake, fue que procedí como editor. Conseguir traducciones de bibliotecas virtuales, contrastarlas con ediciones en lengua de origen hasta reventar el traductor online, revisarlas con ediciones primeras ya traducidas, corregirlas, restiruirle el formato de los diálogos, prologarlos, analizar y redactar capítulos para la comprensión del lector, concluirlos, preparar biografías u obviarlas, los comentarios de contratapa, elegir la obra de un artista para la cubierta, pedir la licencia, elaborar los diseños, y luego producirlos sin ilusión ni esperanza alguna, aunque con mucha Fe. Y todo eso hecho de mi bolsillo sin planificar recupero alguno.

Vender mi obra y recaudar para producir y difundir la obra de autores universales; o quizá locales, como sobrevienen con El matadero y La cautiva, de Echeverría. Esta vez la pegué en el poste con la intención de promover a un autor regional. Otra vez será.

En tiempos donde el autor está librado a su suerte, al imprentero importa poco si los vende o los usa de asiento, yo al menos les doy un impulso primario, un envión que cubra las etapas iniciales en la empresa solitaria de construir un público lector. Lleva consigo mucha labor no cobrada. Hay quien dirá que así no sirve, que hay que priorizar la ganancia. No lo sé. Ya no seré millonario, lo tengo aceptado.

Lograr que el público de paso vea el material, se detenga e intrigado alce el ejemplar y con la misma solemnidad e interés que con cualquier otro volumen de un sello conocido, de un autor famoso o difundido, lo mire porque advierte la misma calidad, el mismo esmero. Y que entre tanto titulo y autor para elegir, elija ese y no aquel porque piensa que dentro encontrará el mismo compromiso, o una labor meritoria, los mismos misterios, la misma madurez, y que lo lleve, que lo compre, no por solidaridad con el autor sino por legítimo interés con el material, es una medalla de aire, pero medalla al fin. Es ser otro más, y ahí mismo reside lo abrumador. Los libros no siempre traen un CD explicativo con prueba o medidor de humanidad. El libro, como su autor, están solos frente río humano que pasa. Y luego, si todo salió bien, la confirmación: que otro día vuelva por otro del mismo autor u otro ejemplar de la colección. 

No diré una palabra en defensa de esos títulos, si no hablan por sí mismos no es falla del editor, sino propio del autor; juzgará entonces el lector; al menos el libro-objeto quedó fuera de discusión. Pero durante mis visitas a las gráficas por motivos laborales, veo hoy la obra comercial de las imprentas, también la natividad de otros talleres encubiertos de editoriales que buscan editar a los autores noveles, buscan clientes, la displicente labor que realizan, acaso vendedores de servicios gráficos y talonarios con resoluciones productivas, libros como facturas y recibos comerciales, y no me siento igual, no me siento imprentero, sino artesano de libros. Estoy aprendiendo.


b CR
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2 de julio de 2016

La lluvia, el fuego y la Luna


Presentación del documental histórico del grupo literario 
"La Luna que se cortó con la botella" en la sede San Justo 
de SUTEBA, realizado por la productora Matanza Arde
y TVMC.

Acompañado por Andrea Falco, asistí esta tarde lluviosa a la presentación del documental en la sede de SUTEBA, San Justo, la pieza fílmica que recopila la historia genitiva del grupo literario del oeste 'La Luna que se cortó con la botella', material elaborado con prolijidad por la productora Matanza Arde. Faunos de la letra y el vino, me refiero a Salerno, Rubio, Dalter, Cao, Danna, Gandolfo y actvistas de esa guardia pretoriana cuya emperatriz fue la libertad en los creativos e impetuosos –y luego escabrosos– años '70. 

El documental es activo, ágil y hasta divertido por momentos, ya que incluye la lectura de poemas de una antología visceral y, afortunadamente, con destellos de humor, que reúne rememoraciones, declaraciones y lecturas, aún cuando luego transitan el período amargo de la dictadura militar y el incendio de la biblioteca donde operaban como taller, café y vino literario de un grupo saludablemente heterogéneo de poetas anarquistas de una vanguardia de fractura y distancia, por suerte, con el conocido preciosismo de las letras fusiladas, como dije en otra oportunidad, desde el siglo de oro español hasta hoy. 

Y para aplicar una dimensión al fenómeno de la escritura a lo largo de tiempo es necesario separar la paja de yerba y yerba del trigo. A menudo tiende a igualarse a veteranos de las letras, escritores a quienes llamo "seniors", con amateurs en sus primeros disparos poéticos, a quienes llamo "juniors, esto me resulta incómodo para unos y laxo para otros, aunque nunca me divierte. La diferencia entre unos y otros son cuando menos treinta o cuarenta años de ejercicio cotidiano. Esto le brinda al autor el atributo mágico del humor, que es cuando se pierde la solemnidad y se escribe sin temor, sin buscar el asombro ni el aplauso, cuando no importa escribir poemas sino vivir, cuando se escribe como se piensa y se piensa como se habla. Anoche hubo pocos principiantes y sin embargo mucho veterano de la guerra diaria. Y se notó, felizmente. Cuando menos sumaban entre todos unos 400 años de trabajo lineal, 400 inolvidables años. Y el humor estuvo presente.


Pero tengo para mí que se escribió mejor poesía en aquellos días de la década del '70 que ahora, con menos solemnidad que vino tinto y mate, cuando ahora me hartan con la persecución de la belleza y el amor por el camino de lo dulce y más bello. Imagino estos días como un hiato, un pozo necesario en el relanzamiento de una vanguardia destructora de vanguardias. Además, mientras la lluvia metrallea los ventanales del auditorio, el reeencuentro con el recopilador y fotógrafo Martín Biaginni, el poeta y dramaturgo Gino Bencivenga, al artista plástico Alfredo Zapata, el poeta Víctor Cuello, el poeta Víctor Ontiveros, el narrador y poeta Pedro Chappa, la poeta Anahí Cao, miembros del periodismo local y hasta creí ver en un momento de la noche a nuestro poeta José Paredero. No vi la presencia de autoridades locales durante el evento. Al cierre del documental hubo lectura de poemas, recordaciones y una participación del público a micrófono abierto de la cual escapé de inmediato, ya que mi salud mental con tinto encima es proclive a la burla, la camorra y el exterminio.

Junto al narrador y poeta Pedro Chappa. Foto de Martín Biaginni



Pero hablando de la historia literaria de La Matanza, dije una vez que había que escarbar el distrito con uñas para encontrar figuras de prestigio, cuando la única resultante es el poeta, periodista y político Almafuerte. Es que La Matanza tiene 100 años de urbanismo llanero y poca continuidad de géneros literarios. También dije que la comuna aún no tiene una tradición de escritores, pero por este camino afirmo que la tendrá, natividad forzada por la variedad de títulos y estilos resultante en cada generación y sus divisiones clásicas en camadas. Eso es una tradición. 

Y si listamos a Almafuerte como el origen, entonces los miembros de "La Luna que..." son continuadores de un linaje quebrado por la otredad, pero si, al contrario, erigimos a los poetas de "La Luna que..." como los iniciadores, entonces Almafuerte resulta un emblema aislado de la mitología matancera. Entre un solitario y un grupo de rebeldes no hay nada que elegir: son los signos de algo que quiere estallar en vastas expresiones de arte, como un Big bang de la creatividad con epicentro en el oeste.

Pero felicito a los autores de ese grupo literario y editor primigenio del distrito, la labor realizada hasta nuestros días y hasta la persecución que sufrieron para legitimar una causa, un espíritu y una constancia cuya tradición recuerda la resistencia intelectual contra la opresión y la censura por el restaurador con el Grupo de Mayo de Echeverría, de Marcos Sastre, Juan María Gutiérrez, Alberdi y otros faunos de las plumas ardientes en los primeros días, como para recordar que las letras molestan desde el comienzo institucional de la Patria. Pero si estorban, si las letras hieren a los Estados, es porque son valiosas. Hay que ser subversivo para cambiar la cinética del almanaque.


La novela El símbolo en venta entre poetas y narradores.

Incluso me pregunto si hoy, en países gelatinosos como el nuestro, existen otras letras que no sean las que molestan a los Estados, dicho esto donde hasta los nuevos grupos literarios nacidos del Proceso ejercen la censura y la represión de los autores que no encajan en el perfil del grupo. En fin. Salí a caminar por calles vidrientas y charcosas de mi ciudad, fijando recuerdos en mi mente con el obsequio de un CD del documental. Aún con lluvia, la noche arde: hay fuego en la botella.
b CR

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