10 de febrero de 2017

El "boom" literario del oeste.




Murúa, Molver, Bencivenga, A.Cao y O.Cao, Salerno, Paredero, 
Sueldo Müller, Verón, Chappa, Cuello

La reciente antología de poetas contemporáneos de La Matanza
es mucho más que una selección de material poético de un lugar 
en el mundo: es un símbolo de la intransigencia y la independencia 
superviviente en un bastión político en ruinas.

He venido pensando mucho tiempo en el efecto arrollador de una cuna de autores y artistas sobresalientes del Gran Buenos Aires, más precisamente del oeste, los partidos de La Matanza, Merlo, Morón, las tres "M" que hoy marcan el terreno y golpean la semántica como piña con manchones de pigmentos y vientos de verso. 

Así con La Matanza, en el conurbano bonaerense, un partido de contrastes donde primerean siempre las señales de las crisis de la economía fluctuante de nuestro país, una especie de Los ángeles de la película Blade Runner, donde convergen y residen una mayoría importante de inmigrantes de países cercanos y lejanos, chinos, coreanos, italianos, españoles, húngaros, rusos, bolivianos, polacos, peruanos, paraguayos, israelitas, chilenos, son algunas de las etnias y nacionalidades diversas que habitan un pedazo de la llanura porteña vital que alguna vez fue polo obrero y marca del estado provincial. 

Es que La Matanza tiene la dimensión y amplitud suficiente como para igualar la producción artística de una ciudad, por ejemplo, como La Plata, eje político y cultural de la provincia. Pero de poco han servido los intentos de unificar a los artistas y artesanos de la palabra con el criterio de las mayorías bajo una tendencia política, como en cualquier ciudad del mundo. Así se atomiza y se dispersa. Cada huella local y fragmentada por los grupos zonales ha sido un rayo de crecimiento solitario y personal de miembros segregados y dejados a un costado. Los compartimiento barriales y sectarios fueron desbordados hace tiempo y lo que la política partidaria ha desmembrado a fuerza de errores y la subordinación incondicional a los caudillismos nacionales, fue amalgamado y alisado a fin de cuentas por el arte. Los descartados son el motivo de esta reflexión mientras que el río anterior fue catarata e inundación y ahora barro y pérdida.

Aquí no importan las "militancias", todas fracasaron, incluso las culturales. Los intentos hegemónicos de convocarlos en locales militantes bajo un sello partidario quedaron atrás. También los usos políticos de sus organizaciones para convocar a stands de feria que nadie visitó. Demasiado personales cada uno como para atropellarlos con discursos de barricada. Pero los desmayos cíclicos de la economía, la coyuntura permanente entre una crisis y la siguiente, y la descalificación de sus habitantes por los ciudadanos de CABA, han mellado y retrasado el camino a la expresión vanguardista de un vórtice que hace mucho no es proveedor de mano de obra barata o calificada, sino también de pluma, cincel, cuerda y pincelada. 

Ahora cada poeta maduro del distrito ha crecido como árbol vigoroso de llanura separado por la distancia y el gramillón, pero refugio de tormentas, sombra y descanso al fin. Y así, lo que reclamaba desde hace tiempo, finalmente comienza a perfilarse con la edición de Alto guiso, la primera antología de poetas matanceros por la editorial Leviatán y que hoy puede comprarse en el comercio. Claro que faltan poetas, faltan Pérez Árias, Dalter, Rubio e incluso Malattia, pero vale la aproximación a una dimensión poética integral que finalmente habla de una identidad regional por fuera del discurso del gobierno local y del elenco estable de autores que promueve nuestro gobierno, una perspectiva singular en las coordenadas nacionales de las letras. 

Pero de allí lo previsible de una vanguardia atemporal y dispersa, en su mayoría trabajadores de la poesía y menos de la narrativa, como es prever,donde coinciden también dramaturgos, región que ha dado además periodistas gráficos de rango nacional y ensayistas, recopiladores, compiladores e historiadores, y que sin embargo está desunida, desmembrada en astillas parciales difíciles de pegar. Pero la evolución de cada pluma es solitaria, sólo después de superados los grupos es que la cúspide se resume y se expresa por sí misma. De allí la novedad a destacar. Una antología habla de personalidades en un tiempo vagamente coincidente, habitando un espacio definido. Sin saberlo, son miembros de un "boom" localizado al oeste de un lugar al sur del mundo llamado La Matanza; o como simbolizaba García Márquez: astros de una galaxia local.

Foto del periódico "El 1"

Y, afecto como soy a la suma lineal de experiencia acumulada por estos faunos de la poética del oeste, cuando menos hay aquí en total unos 300 años de trabajo o compartido o solitario, pero vividos al borde o del abismo o de la felicidad. De nada sirve una poesía construida mentalmente desde una silla, sino parida, padecida y gozada a través de los años. El arte no es la escritura, sino la vida misma escrita, pero hablar de uno de los partícipes es no hablar de otros, por eso prefiero el juego acumulador de años puestos como vagones de un tren de carga, sin superponerlos sino ligando a cada uno con su propio tiempo. Pero claro que faltan otras centurias de labor por publicar.

Superadas las estéticas de la imposición, la picardía y el matonaje de nuestros políticos, es la primera señal válida y clara de la independencia intransigente de nuestros artistas en una época de servilismos y agachadas. Y al estilo de la mesa redonda del "boom" literario que hizo huella (Vargas Llosa, Garcia Márquez, Cortázar y Fuentes, pero nunca a Monegal ni Cabrera Infante o Rulfo), y de las antologías poéticas y narrativas de los '70, verdaderos manuales de poesía y prosa divididos en tomos por la vastedad y variedad de autores, ejemplares poderosos que supieron halagar mi biblioteca hasta que regalé todos a poetas y narradores adolescentes, Alto guiso es el primer capítulo de una enciclopedia tardía del oeste pero llegada a destino al fin. Y si antes vimos el volumen de Historia de La Matanza, con la colaboración de historiadores y recopiladores locales, y ahora la primera antología de poetas conocidos del oeste, entreveo la inicial y genética antología de narradores. Y así sabremos que La Matanza tiene mucho para contar. 
CR

EDICIÓN PARA AMAZON
La edición hispana de Leviatán para Amazon -y no entiendo el motivo de la diferencia- tiene el defecto editorial de no haber listado en cubierta a los autores que componen la antología, como lo hubiera hecho cualquier editor del mundo para dirigirse al comprador con un producto de venta. La resolución fue de novena.
En EEUU o incluso Europa no olvidarían ni subestimarían la importancia del autor o autores en la cubierta y en una posición clara asociado al título del volumen, ya que "Varios autores" no dice nada, nada de nada, y menos al lado del título editorial, ya que a esta última le corresponde otra línea -la inferior- y sólo revela la poca profesión del editor, cumple con el mínimo y no con el máximo que establece el diseño gráfico -para eso existe desde hace 5 siglos- y menos aún amor por el libro. Es una falta de respeto con los autores. Y en esto, suponiendo que acepte el error de sintaxis elemental cuando dice "Varios autores" y no a la inversa, como corresponde al español "Autores varios", ya que el sujeto va antes que el predicado. Hasta la tipografía que usó es ordinaria, previsible en un panfleto callejero menos que de un libro.
De todos los errores posibles en una edición, el menos admisible es en la tapa, porque el libro entra por los ojos. Pero estamos hablando aquí de una "imprenta" y no de un editor, como merecía esta obra cuando pretende seducir al público del mundo. Tan lejos de 10, digo que 2 puntos le sobran a "editor" de Leviatán. 
(15-02-2017)


Coyright®2017 por Carlos Rigel

2 de febrero de 2017

Desdublineando al señor Joyce


A 113 años de editada la primera
metanovela onocida, Ulises de James Joyce,
el territorio sigue despoblado.

Ayer, 1 de Febrero, cumplía años la historia impenetrable del irlandés James Joyce, "Ulises". publicada en 1904, y aunque su protagonista, Leopold Bloom, cumple años en el mes de Junio, completadas esas 24 horas que transita la historia que va desde el 16 al 17 de ese mes y que el planeta inglés celebra cada año (Bloom's Day) pero, como buenos latinos, nosotros recordamos la proeza del autor de una obra que clausuró el género de la novela con la primera metanovela que conoció la historia universal de la literatura. Compleja, tridimensional, hermética y hasta insufrible, mereció incluso el análisis de Carl Jung  cuando aventuró que su lectura despertaba en sus lectores un sentimiento sostenido de inferioridad, y que hasta Borges confesó no haber terminado en su lectura de los dos tomos, como deja entrever en los diálogos editados con Osvaldo Ferrari. Tal el reto que desalienta a los valientes que aceptan penetrar la corteza hacia la carne del texto. Es que el "Ulises" no nació para ser leído, sino que, como el Quijote o La Biblia, nació para ser admirado.

Reseñemos que Joyce tardó 7 años en escribirla y, como don Miguel de Cervantes, también tuvo un palo en la rueda para complicar la labor:: era tan corto de vista que usaba lentes de aumento y además una lupa para contnuar la lectura y su escritura en cuadernos con letras de 2 centimetros de alto. Los originales debieron ser cientos de carpetas apiladas y numeradas hasta completar la aventura formidable de concluirla. Y como la admirada novelista y amiga Silvia Plager termina de extender un comentario a mi reseña de Facebook, es que amplio datos al compartir que Joyce también fue autor de textos breves de calidad intachable, como por ejemplo, el volumen famoso de relatos Dublineses, de 1914.

Pero acerca del volumen y el género de clasificación de Ulises, nuestro narrador y dramaturgo Abelardo Castillo dice que "si el Quijote es una novela, entonces el Ulises no lo es". Y a la inversa: "O si el Ulises es una novela, entonces el Quijote no lo es", duda insidiosa y molesta que nos obliga al análisis sobre la dimensión que ocupa el Ulises frente a los formatos de clasificación general que destruye y reconstruye el estilo de ecléctico a dimensional del escrito: Joyce se propuso terminar con la novela con una obra máxima, una historia que fuera el techo del género. Pero apenas si inició otro formato -en mi opinión, la metanovela-, además de dar comienzo a la literatura del anacrónico siglo XX. Y, claro que el mundo latino tiene otra metanovela, la segunda del siglo, y se trata de "Rayuela", de Cortázar, historia que reclama de una lectura distinta a la lineal que supone la narrativa clásica. Es que si la poesía es un mundo posible, entonces la narrativa llevada al límite es una galaxia completa.

Acerca del género en cuestión, la metanovela, apenas podemos orbitarla en la observación de algunas características que comienzan a revelarse a través de las pocas conocidas, como por ejemplo, el efecto esquirla narrativo, la ausencia de puntos o focos descriptivos fijos, la multiplicidad de planos dimensionales coincidentes desde distintas perspectivas narrativas, la explosión de esos planos dimensionales en interacción con el mismo protagonista, los cambios de ritmo, de tiempo, de estilo, de género y hasta la supresión del tiempo interno del escrito. Otra observación extratextual es que dicho formato estará presente en autores maduros, el tipo de autor al cual no le importan los planos estáticos de la novela lineal conocida dividida en capítulos consecutivos, ni siquiera la linealidad del texto, y que incluso se servirá de la humanización de los objetos, como más tarde observamos en Jean-Paul Sartre, y como ejes discursivos circunstanciales cuando el autor lo crea necesario, al estilo de la prosa experimental de Clarice Lispector.

Pero sólo podemos suponer el caos del contenido. No olvido que la crítica de literatura R. Flesca, en 1986, durante una reunión en su casa, especuló que, a su parecer, la metanovela ligaba el texto con los planos ilustrados de la imagen. Pero sin duda, cada autor nos ofrecerá un big bang creativo diferente, personal e irrepetible. El escritor que arribe a este género superior no estará atenido a la lógica común, ni limitado por al análisis, ni restringido por las consecuencias posteriores de la crítica académica. Dicho producto no debe ser visto como lo resultante del capricho en la excentricidad, sino como el crecimiento a una dimensión desestructural... y nadie regresa de allí. Pero frente a ella, cada escritor procederá como un dios en la estepa de la alegoría: más allá del bien y del mal, más allá del estilo, más allá del plan, más allá de todo lo hecho hasta el momento. El objeto no será objeto sino la esencia, el tema no será el tema sino el fluir de conciencia, y no habrá plan, sino horizonte -en apariencia- errático de acontecimietos.

Sin embargo, es correcto inferir que, sin el formato previo de la novela conjugada durante siglos e inspirada en un diagrama de estructuras fijas, adhesivas y consecutivas, jamás se hubiera alcanzado la cumbre de la narrativa con un género molecular, interdimensional y genético como la metanovela. En 1605 Cervantes publicaba el Quijote para establecer el extenso territorio de la novela. 299 años después, Joyce derramó la prosa más allá de esa geografía de característica cervantina: el irlandés fundó el océano narrativo. Ahora debemos suponer que la aparición del género hace más de un siglo preanuncia la aparición de otros exponentes en el tiempo venidero, pero creo que siempre serán sorpresas. No todos los músicos componen una ópera al final de sus vidas, ni todos los narradores de novelas concluyen la obra total de sus vidas con una metanovela. Como expresa Brech: "es problemática de un nivel superior". Quien no ha llegado hasta allí no sabe lo que contiene. No hay ventanas en el paraíso. Pero no todas fueron rosas, por supuesto que tuvo negadores de renombre, por caso, nada menos que el mexicano Carlos Fuentes, cuando ubicó a su autor por debajo de los zapatos de Alejandro Dumas y de Victor Hugo. Y sin embargo, el propio Fuentes estuvo al borde de otra metanovela con La muerte de Artemio Cruz, historia densamente dimensional, aunque más próxima al estilo bidireccional de García Márquez. Pero no hay rivalidad alguna entre la novela y la metanovela, así como no la hay entre una obra de teatro, un film y el libro.

Conspirativa y expiatoria, la influencia gravitatoria del Ulises la advertiremos en los paisajes biológicos descriptivos de Steinbeck y, posteriormente, contaminados a la metafíisica urticante y existencialista de Sábato, y hasta en la superposición interactiva de imágenes en Saramago. Incluso allí observaremos la fractura continental en la tectónica literaria que produjo su publicación. Embrión degenerado de Blake -de cuando hubo que cambiar las formas de leer la poesía-, con Joyce hubo que modificar las formas de leer prosa. Hoy es analizado, debatido, academizado en exceso, enseñado, poco leído y menos entendido, pero todavía no ha sido superada la empresa abrumadora con su contradictorio y hasta ordinario protagonista, el señor Bloom. Opuesto al Quijote, al que le pasa de todo, siguen siendo las 24 horas tensas en la odisea cotidiana de un hombre común al que no le pasa nada, nada de nada, divididos en dos tomos admirados, temidos y aplastantes de lectura. Si apareciera en este tiempo nuestros editores no la publicarían. Marche preso, mister Joyce. Mientras tanto, es bueno saber que hay algo más encima del techo. La perlita del final: La triste y avejentada Molly, confesándonos que ya no consigue muchachos jóvenes como antes.

CR



Copyright-2017 por Carlos Rigel|

16 de diciembre de 2016

Cierre del Primer Encuentro de Letras en Merlo


Tras 24 años de terrorismo de Estado encubierto de peronismo, aunque de confección feudal, los vecinos de Merlo anoche aplaudieron de pie en el cierre del Primer Encuentro de Letras en una expresión cultural y democrática que sólo vi anteriormente en Diciembre de 1983, tras la apertura de la democracia.
Con una lista tenebrosa de muertos y víctimas resultantes de una etapa oscurantista que recuerda a capítulos pasados de nuestra historia –y que aquí puedo llamar "mini-proceso de reorganización"–, el episodio cerrado acaso nos advierte que no hacen falta golpes de Estado para padecer bestialidad en los gobiernos. Bajo un populismo cosmético también habita la barbarie. Fue inevitable para mí rememorar las advertencias bajo la forma de certezas inminentes de la periodista italiana Oriana Falacci tras el triunfo de Alfonsín sobre la endeble democracia naciente en Argentina. También que la traición a los pueblos llega sonriente para abrazarnos. Todo se cumplió. El "Nunca más" de Strassera, de nuevo estuvo implícitamente vigente. Los vecinos merlenses se recuperan de una tragedia silenciosa que alguna vez pareció interminable. De allí mi protesta permanente para quienes recuperan un pasado de plomo para desconocer y negar los horrores del presente. Bueno, pero hay vientos nuevos en Merlo.


En el inicio y en el cierre del evento hubo citas de ardores políticos inevitables, recordando traumas comunales vividos, también cambios inesperados en el programa, como haberlo realizado amablemente al aire libre pero sin anuncios previos ni la logística pertinente. Aunque fue una noche inolvidable que cerró intimista iluminada con velas, metáfora accidental que recuerda los cafés del Grupo de Mayo, en los comienzos de la patria. El ambiente vagamente colonial de la Casa de las Antorchas y el sulqui en descanso en el amplio patio de cesped me inspiró esa idea suntuosa del tiempo y el origen. El público, absorto por momentos, muy respetuoso y adulto, fue solemne y constante, por eso las bromas literarias durante mi disertación para quebrar tanta estupefacta seriedad.

La apertura con la voz de la soprano al comienzo y las cantatas de un breve repertorio al piano fue una deleitosa extravagancia para el alma, un momento inspirador; los muchachos de la proclama contra la violencia y la danza de bombos criollos con la fuerza de la rebeldía y la claridad contestataria juvenil; el solista de guitarra que nos acompañó con arpegios de cuerda; y también descubrir entre los valores de distrito a Horacio Poggi que fue una experiencia memorable para mí: la potencia inmóvil de sus cadencias poéticas y la introducción reveladora donde rememoró los orígenes de una compañera de los talleres de narrativa, una novelista que pocos años después fue mi coordinadora cuando yo recién comenzaba con mis primeros relatos.

Carlos Rigel, Mariano Iaciancio, Marcelo Lahitte, Horacio E. Poggi


De pronto, puntos sueltos en el espacio y el tiempo configuraron una línea y luego una figura. Tanta experiencia acumulada y al fin tuvo su espacio gracias al emprendimiento de ayer a la tarde organizado por Autores de Merlo, organización que ha demarcado la cancha. Pero también debo confesar que al extender la invitación a mis contactos no convocaba tanto al acontecimiento cultural como a la señal de los tiempos en una sociedad que ha superado al peligro del abismo, aunque todavía debe alejarse y reconfirmar la ruta tan dolorosamente recuperada. Pero, signo y señal de etapa concluida, fue la manera ideal de expresar una dirección cardinal que la sociedad merlense ha elegido y que debe continuar como un destino cotidiano. Pero el fuego no es nuestro, gente, sólo hay que mantenerlo encendido. Abrazos a todos los vecinos de Merlo.

CR

Copyright®2016  por Carlos Rigel

8 de diciembre de 2016

Merlo: moviendo un engranaje formidable



Comparto la nota publicada hoy, 8 de Diciembre de 2016, 
por el periódico del oeste Noticias Merlo.


"Noticias Merlo conversó con el narrador y ensayista, Carlos Rigel, quien es la piedra fundamental de los artistas que componen el Café Literario y Autores de Merlo, para contar de que se trata el Primer Encuentro de Letras y Café Literario que se llevará a cabo el jueves 15 de diciembre de 18 a 22 hs. en la calle Perú 842, entre Libertad y Jujuy, Merlo Centro. Esta mesa libre de exposición se creo en julio de 2015 y hoy es un espacio para todos aquellos interesados en poemas, prosas y experiencias creativas a micrófono abierto.

¿De qué se trata la iniciativa Autores de Merlo?  

La propuesta viene elaborándose desde hace varios meses, diría que de antes del cambio de gobierno, con un vecino de Merlo que es un lector compulsivo y reflexivo de mi obra, Mariano Mateo Iaciancio, quien me visita con frecuencia siendo yo expositor y autor del oeste en las ferias de libros, pero la necesidad es de reunir a los autores locales, brindarles un espacio de expresión en libertad y, más allá de lo promisorio, también, permitir el encuentro de autores maduros con obra publicada y años de trabajo solitario –que sabemos que la comuna los tiene–, con los simpatizantes de la escritura en sus primeras letras. Creemos que el lanzamiento de los cafés literarios irá cobrando dimensión cultural para el lanzamiento de los talleres de escritura y literatura en Merlo el año que viene.

Inician actividades con un café literario, ¿por qué?

Los cafés literarios o tertulias tienen su historia. La costumbre tiene origen en la Europa de Diderot, de Voltaire y Rousseau. El primer café fue Le Procope en el siglo XVII. Años después, París contaba con unos diez cafés literarios. Y un siglo más tarde, contaba con novecientos. Sin duda que nuestros próceres, durante las visitas al Viejo Mundo, asistían a esos encuentros cuya influencia llegó a nuestras costas al mismo tiempo que las corrientes emancipadoras americanas. Y quizá por ella misma. Pero lo menciono sólo para dar una idea de la importancia que revisten estas costumbres en una sociedad madura y creciente.
Pero aquí también tuvimos lo nuestro en los orígenes de la patria con las tertulias literarias del Grupo de Mayo a comienzos del siglo XIX, en la antigua Buenos Aires, donde prosperaba el salón literario que dirigía Marcos Sastre. Allí, Esteban Echeverría leyó sus poemas y años después destacaba como coordinador de reuniones en debates políticos progresistas y literarios junto a figuras de la talla de Alberdi, Juan María Gutiérrez y el mismo Sastre. La intensa creatividad de la generación del ’90 no fue espontánea sino previsible de un linaje patrón iniciado en esos cafés.
Pero volviendo a tu pregunta, el evento es la apertura de un programa sólido de actividades artísticas y culturales para la gente de Merlo, y que contará, además, con ciclos de conferencias, presentaciones de autores invitados y exposiciones de arte local.



¿Cómo nació Autores de Merlo y qué fines tiene?

La primera reunión formal fue durante el cumpleaños de Mariano Iaciancio en la casa de Adriana Schmall, otra vecina de Merlo, y esa noche conocí a varios autores, entre ellos, a Marcelo Laitte, a Gustavo Herrera y a Gerardo García, y otros cuyos nombres ahora escapan a mi memoria, pero entre aperitivos fuimos analizamos diversos temas que hacían a la apertura cultural de Merlo como factor de desarrollo complementario con la educación y la promoción de las artes. Hubo, a partir de esa noche, impulsos solitarios y aislados para capitalizar esa corriente emergente, pero creemos que lo mejor es desoír los protagonismos centrales que buscan rédito político en favor de servir a la comunidad para el desarrollo de su gente. Pero mucho antes de esa fiesta, desde 2013, veníamos reuniéndonos con Mariano, explorando las alternativas.
La experiencia hecha en La Matanza fue valiosa desde que algunos audaces pedimos un stand precario para Autores de Matanza en la feria de artesanías en una plaza pública. Había artesanos de collares, de ropa, de comidas tradicionales, y también un stand de libros de autores locales, donde los poetas y narradores de barrios cercanos conversaban con los vecinos de paso por la plaza, además de venderles sus libros. Enfrentar un libro con el lector es toda una experiencia, pero ligar al lector con el autor del libro que está comprando, es inolvidable, además de la antesala para las ferias de libros municipales, gimnasia que cada autor debe experimentar para abrirse camino. 
En cuanto a la segunda parte de tu pregunta, el crecimiento de un autor atraviesa varias etapas hasta definir un estilo que lo distingue como una marca. Todas ellas pueden lograrse, y se logran a menudo, en soledad, pero si hay una guía orientativa es mucho mejor y más rápido alcanzar la madurez de la palabra escrita. Tanto los cafés literarios como los talleres de escritura, comulgan al autor con la gente. Los autores leen sus trabajos, conocen las opiniones de sus iguales, debaten, pulen sus escritos, mejoran el perfil propio. Cada autor debe construir su propio público seguidor. Podemos darles herramientas que refinan el estilo, pautas analíticas y de recursos intratextuales, incluso sentarlos al micrófono, pero cada autor debe hacer su experiencia individual, y es responsable de hacer crecer sus lectores. Es como la comunidad de amigos seguidores en las redes sociales… sólo que aquí al público hay que seducirlo con el escrito para que sea su lector.

¿Quiénes componen Autores de Merlo?

Hasta el momento, se trata de una comunidad en formación. Cuenta con unos pocos narradores, columnistas y pocos poetas pero con muchos lectores, ya que los leyentes también componen esta comunidad de afectos con el libro y la lectura, pero creemos que la propuesta irá difundiéndose y muy pronto podremos realizar una nómina de miembros a través de un registro de visitas en cada evento; prioriza mantener el contacto abierto con todos ellos a través de las redes sociales en favor del intercambio y el anuncio de eventos, aprovechando las virtudes de internet.
La observación es que en otros distritos también se organizaron estos grupos de autores y siempre fue impulsor para el acercamiento de miembros de otras corrientes del arte, como escultores, pintores, fotógrafos, etcétera. Así descubrimos el enorme potencial cultural y humano con que cuenta cada distrito. De pronto descubrís que tenés a un dramaturgo reconocido y homenajeado por artistas de prestigio del orden nacional, y lo tenés perdido e inactivo en un barrio distante de Merlo.

¿Y quiénes pueden formar parte?

Todos, incluso el público no leyente y, claro, poetas, narradores, ensayistas, incluso periodistas de hojas barriales, la idea es conocer los atributos culturales de los vecinos de Merlo y, a esa plusvalía social, abrirles los espacios de expresión, de lectura, de promoción de sus obras, de debate y de sinergia. La Merlo creativa adeuda al territorio provincial y nacional, precisamente, ese valor agregado de experiencia construida a través de años de labor solitaria. Hace pocas semanas fallecía una figura destacada de Merlo casi en completo anonimato, el músico y filósofo José Luis Ferreira, quien fue el maestro de Gustavo Cerati, y a quien tuve el honor de conocer y de visitarlo en su casa aquí, a pocas cuadras de la Estación Merlo. Hay figuras que reúnen 30 o 40 años, o incluso más, de labor, es tiempo del reconocimiento de esas personalidades y permitirles honrarnos con su arte, además de compartir esa labor con los artistas jóvenes emergentes y el público en general. Es un mandato social que quien sabe o aprendió algo, no lo adquiere para sí mismo con hedonismo egoísta, sino para compartirlo y multiplicarlo con sus iguales. Sólo así las sociedades progresan. Imaginemos que Platón hubiera muerto sin discípulos, por ejemplo, sin Aristóteles…"

Fuente: www.noticasmerlo.com.ar



¿Se extingue el realismo mágico en literatura?



Comparto la nota de mi autoría publicada el 3 de Dic.
en la sección Cultura del periódico Inforbano



"Hace unos días fui invitado al programa radial "Ratón de Biblioteca", conducido por el escritor ramense Carlos Boragno. El epicentro de la nota fue indagar el estado de un género literario reciente: el realismo mágico. Y se hizo inevitable durante una hora al aire conjugar citas y personalidades sobresalientes en tiempo pasado. Se trata de un estilo narrativo exigente que requiere de meditación amplia y profunda donde el autor se luce pero también donde queda demasiado expuesto a la calificación inmediata de su lucidez y exuberancia en el manejo de recursos. Es la diferencia esencial con el realismo fantástico cuando inventa a un hombre de la nada: el realismo mágico toma al hombre existente y altera su entorno sólo para explorarlo. El protagonismo central es de la condición humana.

El mismo género literario complejo que en los '70 liderara la vanguardia literaria en América Latina, fue consumiendo los fuegos de la antorcha hasta finalmente cederla a sucesivas corrientes de periodismo de investigación y luego al género de autoayuda llegado con las tendencias holísticas de la New Age en la década de los '90. La actual merma en la venta de novelas registrada por la Cámara Argentina del Libro es una de las revelaciones del cambio pero no es la única, aunque coincide con la caída del mismo género en el mercado de España.

Por supuesto que los hábitos de lectura cambian de manera continua. Uno de nuestros adolescentes actuales no lee los mismos títulos que la generación anterior. Sin embargo, comienzan a advertirse síntomas que a su vez afectan a la producción de los autores, y es mejor advertirlos antes que ignorarlos o subestimarlos. Uno de los formatos literarios en descenso, precisamente, convierte al realismo mágico en una de sus víctimas centrales y determina el refugio contemporáneo del lector en la palabra práctica: el periodismo analítico.

Pero el género mágico que fuera membretado como una "conspiración rioplatense" viene en declive desde hace tiempo. La sentencia de nuestra crítica académica de literatura Josefina Ludmer advierte acerca de una migración del interés entre los autores y la población de lectores cuando observa la pérdida de la literatura subversiva que caracterizó a los autores en décadas anteriores y durante casi todo el siglo 20. Todo estaba por cambiarse. Esa dimensión fue ocupada casi en su totalidad por los autores del realismo mágico. Pero también debemos considerar el interés comercial de la maquinaria editorial: a fin de cuentas los sellos editoriales deciden qué se consume.
Es que el segmento mágico de las letras fue el compartimiento literario por excelencia y que mientras en los países de habla inglesa prosperó en la ciencia-ficción de corte social, al estilo de Orwell o de Huxley, en Latinoamérica dedicó sus tintas a la indagación filosófica del individuo solitario alternativo frente a lo extraordinario. Y así como el eje galáctico para la ciencia-ficción futurista fue nuestro planeta, único e irrepetible  –o bien frente al ocaso o bien la expansión de la especie–, en el mundo latino la consigna primaria de creación fue apenas un individuo solitario frente a acontecimientos imposibles narrados con absoluta verosimilitud.

Y como estilo de pensamiento anterior al proceso de escritura alcanzó su apogeo temático en dos exponentes definidos, Gabriel García Márquez y Jorge Luis Borges –uno perfectamente latino y otro universalista–, también alcanzó la cúspide lingüistica en Julio Cortazar y Cabrera Infante: ambos faunos hicieron realismo mágico del lenguaje: uno gélido del sur y otro rítmico caribeño. Son sólo ejemplos de la diversidad. Aunque todavía con ilusión de recuperar esa dimensión generosa que le dio identidad al territorio de habla hispana, por el momento tristemente debemos conjugarlo en pasado.

Claro que también el continente hizo su parte, soportando conflictos, represión y escapes. Las Américas padecieron vaivenes ideológicos y políticos que terminaron nutriendo la metáfora amplia de los autores con persecuciones. Pero tras la clausura de períodos escatológicos vividos y transitados por el orbe hispano del continente con las dictaduras y la interrupción de los procesos democráticos y republicanos en distintos países de América, la gran parábola desafiante, poética y reflexiva parece haber abdicado al trono ganado a pura y lúcida neurona en el siglo 20.

Fue la centuria clave con la aparición del sujeto en la realidad sociopolítica que amaneció a la crítica de impugnación social: el hombre masificado fue capaz de desafiar al Estado, cambiando muchas veces el rumbo de los países aunque en los resultados sigamos detenidos en el mismo lugar que a comienzos del siglo anterior. América latina parece estar definida en el círculo cerrado sin solución. Sin embargo, las asimetrías profundas resultantes en las sociedades latinas no han menguado sus contradicciones entre las clases ricas –hoy más ricas– y los esclavos –tan esclavos como en tiempos de la colonia–. América latina vuelve a recobrar los ingredientes impulsores del pasado realismo mágico alegórico, pero esta vez la fantasía rica y figurativa quizá no vuelva al papel.

Pero esas mismas alteraciones en las sociedades fueron promotoras con el atropello de los derechos civiles que, probablemente, obligaron a los autores a cultivar la parábola ejemplar de la dialéctica en cuyas catacumbas se encontraba nada menos que la realidad dolorosa, porque quienes se atrevieron a cruzar los límites desde el periodismo plano pagaron el precio de la osadía: se enfrentaron recto con los sistemas dictatoriales y represivos. De esa trinchera, precisamente, emergieron figuras literarias como héroes civiles.

En la pendiente se observan algunas constantes que merecen un análisis de etapa provisoriamente cerrada, porque en los altos méritos universales también hubo escritores referentes por su valentía en tiempos violentos, como una póliza de seguro de las garantías ciudadanas atropelladas. Es que renunciar a los ideales de las utopías creó tanto las distopías del espanto como las fugas a realidades ilusorias: "Las puertitas del Sr. López", de Altuna, aún perteneciendo a otro género expresivo, fue la escarapela que resumió la creatividad continental anacrónica de una edad.


Por un lado, las guerras silenciosas, desde las ideológicas hasta las económicas, por el control de los recursos, por otro lado, el ejercicio sobre la voluntad de las masas y, por último, el sistema antropófago de occidente o de anulación por el método numeral de oriente donde el individuo fue un dígito más, todo pareció conspirar en la busca de una realidad alternativa que no fue ideal sino esperpéntica, y tal vez para explorar un tiempo paralelo posible por medio de las advertencias narrativas o poéticas. Esa realidad parece haber agotado a los autores de la generación anterior por una nueva camada del más crudo realismo lineal, o bien en la busca del equilibrio interior con el advenimiento de la antroposofía, donde la clase media y alta se exculpan de la guerra diaria en las clases bajas.

Claro que hubo una migración de energías creativas desde la literatura hacia la industria del cine, ya que la pantalla gigante ha dado pasos alargados tanto en los géneros de la ciencia-ficción y la fantasía transversal del comic llevado al film, pero que también ha incursionado en los reinos que otrora fueron hegemónicos del realismo mágico literario. El cine ha recobrado los recursos y el estilo abandonado por la pluma y el tintero. Sino, ¿cómo entender los paradigmas ilusorios de la película Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) (2014), la obra maestra del cineasta mexicano González Iñárritu? O ¿cómo analizar las abundancias fantásticas en la metáfora distópica de la película Brazil (1985) del director norteamericano Terry Gilliam, una recreación del episodio mágico sobre una novela famosa de ciencia-ficción creada por Orwell?

Para escribir lo fenomenológico sin duda hay que sentirse disconforme con la realidad, pero para desafiar las leyes de la inercia cotidiana con su lógica enferma se necesita algo más que inconformismo contestatario: La vida se está quemando por ambos lados. Si la actualidad fuera suficiente para colmar la dimensión humana ni siquiera se producirían poemas: bastaría con el periodismo de actualidad. Pero el aburguesamiento creativo es señal de decadencia cuando el espíritu social todavía sigue insatisfecho. Por suerte, las utopías no se pierden en el imaginario social, sólo cambian de lugar.
b CR




Derechos cedidoa a Inforbano®2016

3 de diciembre de 2016

El largo y escabroso adiós a la belleza



Comparto la nota de mi pluma publicada el 3 de Sept.
en la sección Cultura del periódico Inforbano


"Nadie está obligado a escribir, la escritura pertenece al orden de acontecimientos distendidos que no requieren de esfuerzo físico alguno, sino un ordenamiento, un armado, intelectual, a menudo relativo o cercano al placer. Pero, ¿qué ocurre cuando adquiere la presión de una fecha límite de entrega? Deja de ser un producto resultante del intelecto libre y pasa a ser una responsabilidad restringida. Nuestro animador y escritor Alejandro Dolina se excusaba en público, durante una entrevista televisiva hace unos años, por el retraso en la entrega de originales a Editorial Planeta del volumen “El libro del fantasma” (1999), posterior al éxito comercial del volumen famoso “Crónicas del ángel gris” (1988). Es que esas fechas –establecidas por contrato, para saberlo–, tienen ventajas comerciales inmediatas pero también castigos por incumplimiento, quizá la parte menos conocida. Sobreviene entonces la pregunta ¿existe un sufrimiento literario?
Todo tránsito por lo patológico nos remite a la imagen del Calvario, figura sobresaliente de un dolor aceptado libremente. La experiencia reciente nos dice que Federico Andahazi, autor top en la nómina sobresaliente de los ’90 y la primera década del nuevo milenio, entregó originales completos a Planeta cada 6 meses. Algunos de sus títulos caminaron al éxito y otros al fracaso comercial. Allí entran en juego tanto factores internos –la obra en sí misma– como externos al libro –el momento comercial, la publicidad, la aparición en el mercado de otros títulos de interés–, donde la calidad de la obra no es por completo determinante del resultado final. Pero nadie se pregunte cómo un autor organiza su tiempo para entregar originales de inéditos a razón de dos por año, como lo establece el contrato con el sello editorial.
Fue ruidosa, hace unos meses, la renuncia de la escritora canadiense Alice Munro, Premio Nobel 2013, a continuar escribiendo. De una manera intrínseca, intuimos el cansancio de escribir bajo presión y el escape a los contratos. La imagen estática de su escritorio abandonado recuerda vagamente la obra famosa de Van Gogh, “Mi habitación” porque allí observamos la pulcra ausencia de calor humano. Allí no hay ni un mate en espera ni un jarro de café vaporoso, tampoco un cigarrillo, acumulando cenizas curvas en ningún cenicero. Sólo un escritorio lustroso, una notebook y una bandeja de hojas con depósitos intelectuales de intentos inservibles alguna vez y útiles a futuro, ahora sin futuro.
Claro que debemos establecer una diferencia entre los autores “circunstanciales”, aquellos que escriben por un pulsión intelectual caprichosa o producto de una “masa crítica” interna, de los autores “profesionales”, aquellos quienes dominan el arte de la prolijidad en la narrativa, y escriben con o sin pulsión, llegando a redactar entre 15 y hasta 30 páginas diarias. Sin duda, más que un ejercicio del intelecto, es un trabajo, una labor cotidiana. La obra de ambas categorías de artistas de las letras son igualmente valiosas, aunque podríamos establecer de manera provisoria que sobresalen ligeramente las obras de los creativos “circunstanciales”, cuando reaparecen en el límite del olvido social, con el producto de ideas largamente meditadas y armadas mentalmente antes de sentarse frente al teclado o el cuaderno, prueba indiscutible de que no abandonaron la creación durante el lapso de silencio u ostracismo, sino que dedicaban tiempo a la maduración suficiente para comenzar la etapa final de la escritura.
Los autores profesionales, si bien son los más buscados por las editoriales por la capacidad de cumplimiento, son quienes, luego de años de labor, quedan expuestos al síndrome del teclado vacío. Se agotan. Mientras que los creativos “circunstanciales”, resultan menos expuestos al desgaste, ya que subliman pasiones entre las pulsiones mentales y la tracción del tiempo y la vida diaria; quizá hasta se dedican a otras actividades. La escritura será soberana en ellos cuando le toque el tiempo de ser soberana en el destino cotidiano de acompañar a su progenitor hasta la finalización de la empresa formidable de concluir un escrito.
Pero también hay que incluir la advertencia de don Macedonio Fernández en cuanto al deber de abandonar la escritura a tiempo y enfrentar la decrepitud en soledad para no degradar los logros literarios. Como un campeón de box, es mejor tener un plan y abandonar el ring con el cinturón puesto antes que un tortazo de la realidad nos mande al nock-out con pérdida total, echando los méritos a la lona. El paradigma implícito de don Macedonio es que la etapa creativa, la “secuencia principal” en una estrella de la escritura, tiene un tiempo limitado por la lucidez emparentada casi siempre con la edad. Ese reloj no es analógico, sino de arena pero marca igualmente el tiempo contra el cual un autor clava el record de vuelta mientras desafía en carrera las barreras de la intuición y la percepción.
Pero la diferencia entre un autor pasional y otro que cumple con el lector para mantener su nombre en el mercado no es menor. A veces coincide en la misma persona a través de las décadas. Por eso nos quedaremos con la primera etapa de Sábato –”El túnel, Sobre héroes y tumbasUno y el universo, etcétera– y no con la segunda y última etapa –Antes del FinLa ResistenciaEspaña en los diarios de mi vejez–, porque tanto sol del comienzo explica la sequía del final. Los autores de una etapa inicial intensa pueden brillar hasta volverse áridos. De allí la advertencia de don Macedonio. Cuando prolongan esa etapa quedan propensos al derrumbe salvo muy honradas excepciones.
El fauno pasional claro que no controla su espíritu ni es capaz de suprimirlo sin pagar con una cuota de su cordura, pero sí es capaz, en cambio, de sublimar y dosificar con prolijidad esas pasiones domadas por las reglas, las técnicas y los recursos que alejan al texto, por suerte, de una catarsis incomprensible. Pasional no es sinónimo de irracional. El autor pasional es probable que caiga en su deber, que escriba hasta el último día, porque no es dueño de esa pasión, sino su mensajero, la herramienta, mientras que el profesional responderá a un programa de actividades y quedará propenso, tal vez, a jubilarse y abandonar su escritorio. Pero claro que no es peyorativo jubilarse y acabar con las responsabilidades de lidiar con los editores. Pero nada es absoluto, todas estas son probabilidades. Por suerte somos sujetos y la subjetividad nos protege contra lo irreversible.
Todo debe ocurrir en un lapso determinado. Y aunque es insidioso pensarlo, la vida creativa de un artista también debe tener un límite similar a la trayectoria deportiva de un jugador de fútbol o un boxeador. Y cuando el valor mengua para abandonar los guantes y los botines de la pluma, es decir, cuando la presión externa supera a la capacidad interna de dar las respuestas esperadas, es cuando se produce la crisis que, de persistir obstinadamente, desenlazará en el fenómeno conocido del suicidio. Por suerte, Kafka se pegó un tiro pero después de muerto. Ahí tenemos a un autor de una única etapa con disparo post mortem. Alice Munro, la canadiense que termina de renunciar a la escritura, parece revelarnos que, cuando el éxtio transitado incluso se torna en calvario, hay otra manera de enfrentar el final claudicando a la belleza, sin disparos ni agónicas derrotas.
Están exonerados aquí, por supuesto, los autores que abundan en las redes sociales quienes escriben poemas ligths o diet para el embeleso personal y cuya seriedad o motivación se mantiene en duda. En fin, de autores verdaderos y la abdicación de los reinos, la teoría del sufrimiento literario ha dejado de ser un mito cultural nunca antes previsto para pasar a ser una probabilidad inquietante que no sólo habla de escribir, sino, sabiamente, de cuando dejar de hacerlo".


b CR

Derechos totales cedidos a Inforbano,  2016

1 de diciembre de 2016

Incesante latir de letras

Comparto la nota de mi pluma publicada el 11 de Sept.
en la sección Cultura del periódico Inforbano

"Alberto Girri, el poeta argentino, decía en una oportunidad que los poetas eran más responsables hacia los sentimientos del ser, dicho casi en menoscabo de la narrativa; configuraban para la prosa, en su opinión, una imposibilidad restrictiva del género. Sin embargo, la historia de la literatura dice que sobreviven en la memoria social los personajes definidos por la narrativa. En una edad donde prospera la escritura de poesía no hay poetas, como afirma Bukowski, pero quizá sí haya personajes ficticios.
Podemos inferir que mucha poesía es escrita sin un pensamiento poético en su origen. Los autores de poemas a menudo crean una esfera imaginaria de belleza y felicidad para inspirarse y escribir versos que ni ellos disfrutan, y con los cuales a veces se fuerzan a una identificación frívola que no les cabe. No alcanza con vestirse de poeta y ni siquiera con escribir poesía, cuando a su lado tienen la suma de la realidad y la actualidad sin evasiones, cruda, maravillosa, fría o cruel para inspirarse y acaso reinventarla.
A menudo el poeta se cierra sobre sí mismo y con el juego de palabras piensa que basta como novedad, pero hay que recordarles que sin la subjetividad nacida en los extremos cotidianos sería inconcebible la Oda a la farmacia, de Neruda, porque no es difícil congeniar la maravilla en el vuelo de la golondrina o de la gaviota, lo difícil es encontrarle belleza al vuelo de la gallina: ese es el desafío.
Sin duda, la prosa se ha acercado más a la exploración del ser real desde su nacimiento y al mundo posible con exuberancia en el último siglo narrativo, cuyo paradigma es el ser desnudo en toda su potencia frente a las circunstancias o comunes o extraordinarias de la vida. Es el lado subversivo de la narrativa. Tanto novelistas como cuentistas hacen un dios de cada personaje ficticio, y siendo letra, les dan vida a arquetipos ilusorios para volverlos probables.
He allí la maravilla de indagar almas posibles: ahora existen Quijote, Gatsby, Funes, Raskolnikov, Kane, Bovary, Samsa, Bloom, Vidal Olmos, Beatrice, Olivera, Doli, Buendía, Astier y tantos otros, como parte constitutiva de la humanidad cuando caminan a nuestro lado, además de quienes llegan de la mano con ellos y también coexisten, como Sonia, Sancho, Virgilio, Cruz, Recabarren, Molly, Dulcinea, etcétera. Y cuanto más profundiza el autor en el alma de su propia creación, más se aproximará a la existencia hasta cobrarlo real; incluso más real que su propio creador.
Es entonces cuando el personaje trasciende el libro y supera la ficción, para habitar en la galería humana de los supraexistentes, quienes están más vivos que una persona real y desbordan las generaciones. Así, cuando don Quijote es parte del memorial de nuestra familia, o la transformación de Samsa habita en nuestras pesadillas, o nos condolemos por las vicisitudes de Fantine y Jean Valjean, porque con todos ellos vivimos la desazón, la esperanza, la redención, la condena, el amor, la tragedia, la ilusión, entonces se ha resuelto el paradigma que intentaba separar lo ficticio de lo vivencial: ambos comulgan en la misma fuente de ese enigma que es el hombre, la humanidad.
La paradoja creativa no podría ser más cínica y descabellada: seres ficticios inmortales creados por dioses mortales de carne y sangre. Quizá estos últimos salven a los primeros de una vida fugaz y una muerte inevitable.
¿La poesía crea sentimientos? Puede ser, pero la narrativa crea vidas completas, unas fallidas, otras felices, pero muchas de ellas inolvidables. Incluso se vuelve exiguo el género del poemario de aplicarlo recto a La divina comedia por fuera de los sonetos barrocos detrás de los cuales Dante cruza los planos de la creación en busca de una idealización de Beatrice, a quien suponemos tan bella como Dulcinea.
Y así como Girri defendió los atributos de la poesía, también mencionemos a Sábato cuando simbolizó al novelista como un submarino capaz de descender a las abismos de ser, donde es rey y señor de las profundidades, o a Borges cuando, con una metáfora análoga, se refiere a Benedetti como un “buceador de aguas profundas”, pocas veces tan acertada la imagen con el creador de vidas e historias.
Pero hay que pensar esencialmente como novelista y no como poeta para crear a Fierro o a Hamlet, además, también ser audaz para dejar de ser uno mismo y ser otro, alguien verosímil, alguien posible; eso mismo hace el narrador de historias cuando se viste con la piel de otro ser y de otros seres para vivir y transitar otras vidas. Es ahí donde caduca la poesía, en el origen mismo del realismo narrativo.
Tampoco toda historia escrita es un acierto, sólo dice que la apuesta es más alta, más imponente, un poema arriesga 20 renglones mientras que una novela apuesta 300 páginas, aunque el estilo de fracaso es el mismo: mala poesía o mala narrativa comparten el mismo cesto de basura y olvido, aunque es probable que el poema evada el cesto y camine a su edición oculto en una lista de títulos. Pero incluso el narrador también recurre al resumen del verso en los epígrafes del título, porque necesita de la concisión.
Todo es relativo, por suerte, pero de lo que se trata con el escrito, es de dar vida con la palabra. Y cuando al fin late, lo hace más allá del autor. Para crear algo nuevo se necesita de soberbia y de prepotencia artística. La humildad, a fin de cuentas, no le sirve a un dios caído que escribe novelas." 
b CR



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