3 de diciembre de 2016

El largo y escabroso adiós a la belleza



Comparto la nota de mi pluma publicada el 3 de Sept.
en la sección Cultura del periódico Inforbano


"Nadie está obligado a escribir, la escritura pertenece al orden de acontecimientos distendidos que no requieren de esfuerzo físico alguno, sino un ordenamiento, un armado, intelectual, a menudo relativo o cercano al placer. Pero, ¿qué ocurre cuando adquiere la presión de una fecha límite de entrega? Deja de ser un producto resultante del intelecto libre y pasa a ser una responsabilidad restringida. Nuestro animador y escritor Alejandro Dolina se excusaba en público, durante una entrevista televisiva hace unos años, por el retraso en la entrega de originales a Editorial Planeta del volumen “El libro del fantasma” (1999), posterior al éxito comercial del volumen famoso “Crónicas del ángel gris” (1988). Es que esas fechas –establecidas por contrato, para saberlo–, tienen ventajas comerciales inmediatas pero también castigos por incumplimiento, quizá la parte menos conocida. Sobreviene entonces la pregunta ¿existe un sufrimiento literario?
Todo tránsito por lo patológico nos remite a la imagen del Calvario, figura sobresaliente de un dolor aceptado libremente. La experiencia reciente nos dice que Federico Andahazi, autor top en la nómina sobresaliente de los ’90 y la primera década del nuevo milenio, entregó originales completos a Planeta cada 6 meses. Algunos de sus títulos caminaron al éxito y otros al fracaso comercial. Allí entran en juego tanto factores internos –la obra en sí misma– como externos al libro –el momento comercial, la publicidad, la aparición en el mercado de otros títulos de interés–, donde la calidad de la obra no es por completo determinante del resultado final. Pero nadie se pregunte cómo un autor organiza su tiempo para entregar originales de inéditos a razón de dos por año, como lo establece el contrato con el sello editorial.
Fue ruidosa, hace unos meses, la renuncia de la escritora canadiense Alice Munro, Premio Nobel 2013, a continuar escribiendo. De una manera intrínseca, intuimos el cansancio de escribir bajo presión y el escape a los contratos. La imagen estática de su escritorio abandonado recuerda vagamente la obra famosa de Van Gogh, “Mi habitación” porque allí observamos la pulcra ausencia de calor humano. Allí no hay ni un mate en espera ni un jarro de café vaporoso, tampoco un cigarrillo, acumulando cenizas curvas en ningún cenicero. Sólo un escritorio lustroso, una notebook y una bandeja de hojas con depósitos intelectuales de intentos inservibles alguna vez y útiles a futuro, ahora sin futuro.
Claro que debemos establecer una diferencia entre los autores “circunstanciales”, aquellos que escriben por un pulsión intelectual caprichosa o producto de una “masa crítica” interna, de los autores “profesionales”, aquellos quienes dominan el arte de la prolijidad en la narrativa, y escriben con o sin pulsión, llegando a redactar entre 15 y hasta 30 páginas diarias. Sin duda, más que un ejercicio del intelecto, es un trabajo, una labor cotidiana. La obra de ambas categorías de artistas de las letras son igualmente valiosas, aunque podríamos establecer de manera provisoria que sobresalen ligeramente las obras de los creativos “circunstanciales”, cuando reaparecen en el límite del olvido social, con el producto de ideas largamente meditadas y armadas mentalmente antes de sentarse frente al teclado o el cuaderno, prueba indiscutible de que no abandonaron la creación durante el lapso de silencio u ostracismo, sino que dedicaban tiempo a la maduración suficiente para comenzar la etapa final de la escritura.
Los autores profesionales, si bien son los más buscados por las editoriales por la capacidad de cumplimiento, son quienes, luego de años de labor, quedan expuestos al síndrome del teclado vacío. Se agotan. Mientras que los creativos “circunstanciales”, resultan menos expuestos al desgaste, ya que subliman pasiones entre las pulsiones mentales y la tracción del tiempo y la vida diaria; quizá hasta se dedican a otras actividades. La escritura será soberana en ellos cuando le toque el tiempo de ser soberana en el destino cotidiano de acompañar a su progenitor hasta la finalización de la empresa formidable de concluir un escrito.
Pero también hay que incluir la advertencia de don Macedonio Fernández en cuanto al deber de abandonar la escritura a tiempo y enfrentar la decrepitud en soledad para no degradar los logros literarios. Como un campeón de box, es mejor tener un plan y abandonar el ring con el cinturón puesto antes que un tortazo de la realidad nos mande al nock-out con pérdida total, echando los méritos a la lona. El paradigma implícito de don Macedonio es que la etapa creativa, la “secuencia principal” en una estrella de la escritura, tiene un tiempo limitado por la lucidez emparentada casi siempre con la edad. Ese reloj no es analógico, sino de arena pero marca igualmente el tiempo contra el cual un autor clava el record de vuelta mientras desafía en carrera las barreras de la intuición y la percepción.
Pero la diferencia entre un autor pasional y otro que cumple con el lector para mantener su nombre en el mercado no es menor. A veces coincide en la misma persona a través de las décadas. Por eso nos quedaremos con la primera etapa de Sábato –”El túnel, Sobre héroes y tumbasUno y el universo, etcétera– y no con la segunda y última etapa –Antes del FinLa ResistenciaEspaña en los diarios de mi vejez–, porque tanto sol del comienzo explica la sequía del final. Los autores de una etapa inicial intensa pueden brillar hasta volverse áridos. De allí la advertencia de don Macedonio. Cuando prolongan esa etapa quedan propensos al derrumbe salvo muy honradas excepciones.
El fauno pasional claro que no controla su espíritu ni es capaz de suprimirlo sin pagar con una cuota de su cordura, pero sí es capaz, en cambio, de sublimar y dosificar con prolijidad esas pasiones domadas por las reglas, las técnicas y los recursos que alejan al texto, por suerte, de una catarsis incomprensible. Pasional no es sinónimo de irracional. El autor pasional es probable que caiga en su deber, que escriba hasta el último día, porque no es dueño de esa pasión, sino su mensajero, la herramienta, mientras que el profesional responderá a un programa de actividades y quedará propenso, tal vez, a jubilarse y abandonar su escritorio. Pero claro que no es peyorativo jubilarse y acabar con las responsabilidades de lidiar con los editores. Pero nada es absoluto, todas estas son probabilidades. Por suerte somos sujetos y la subjetividad nos protege contra lo irreversible.
Todo debe ocurrir en un lapso determinado. Y aunque es insidioso pensarlo, la vida creativa de un artista también debe tener un límite similar a la trayectoria deportiva de un jugador de fútbol o un boxeador. Y cuando el valor mengua para abandonar los guantes y los botines de la pluma, es decir, cuando la presión externa supera a la capacidad interna de dar las respuestas esperadas, es cuando se produce la crisis que, de persistir obstinadamente, desenlazará en el fenómeno conocido del suicidio. Por suerte, Kafka se pegó un tiro pero después de muerto. Ahí tenemos a un autor de una única etapa con disparo post mortem. Alice Munro, la canadiense que termina de renunciar a la escritura, parece revelarnos que, cuando el éxtio transitado incluso se torna en calvario, hay otra manera de enfrentar el final claudicando a la belleza, sin disparos ni agónicas derrotas.
Están exonerados aquí, por supuesto, los autores que abundan en las redes sociales quienes escriben poemas ligths odiet para el embeleso personal y cuya seriedad o motivación se mantiene en duda. En fin, de autores verdaderos y la abdicación de los reinos, la teoría del sufrimiento literario ha dejado de ser un mito cultural nunca antes previsto para pasar a ser una probabilidad inquietante que no sólo habla de escribir, sino, sabiamente, de cuando dejar de hacerlo".


b CR

Derechos totales cedidos a Inforbano,  2016

1 de diciembre de 2016

Incesante latir de letras

Comparto la nota de mi pluma publicada el 11 de Sept.
en la sección Cultura del periódico Inforbano

"Alberto Girri, el poeta argentino, decía en una oportunidad que los poetas eran más responsables hacia los sentimientos del ser, dicho casi en menoscabo de la narrativa; configuraban para la prosa, en su opinión, una imposibilidad restrictiva del género. Sin embargo, la historia de la literatura dice que sobreviven en la memoria social los personajes definidos por la narrativa. En una edad donde prospera la escritura de poesía no hay poetas, como afirma Bukowski, pero quizá sí haya personajes ficticios.
Podemos inferir que mucha poesía es escrita sin un pensamiento poético en su origen. Los autores de poemas a menudo crean una esfera imaginaria de belleza y felicidad para inspirarse y escribir versos que ni ellos disfrutan, y con los cuales a veces se fuerzan a una identificación frívola que no les cabe. No alcanza con vestirse de poeta y ni siquiera con escribir poesía, cuando a su lado tienen la suma de la realidad y la actualidad sin evasiones, cruda, maravillosa, fría o cruel para inspirarse y acaso reinventarla.
A menudo el poeta se cierra sobre sí mismo y con el juego de palabras piensa que basta como novedad, pero hay que recordarles que sin la subjetividad nacida en los extremos cotidianos sería inconcebible la Oda a la farmacia, de Neruda, porque no es difícil congeniar la maravilla en el vuelo de la golondrina o de la gaviota, lo difícil es encontrarle belleza al vuelo de la gallina: ese es el desafío.
Sin duda, la prosa se ha acercado más a la exploración del ser real desde su nacimiento y al mundo posible con exuberancia en el último siglo narrativo, cuyo paradigma es el ser desnudo en toda su potencia frente a las circunstancias o comunes o extraordinarias de la vida. Es el lado subversivo de la narrativa. Tanto novelistas como cuentistas hacen un dios de cada personaje ficticio, y siendo letra, les dan vida a arquetipos ilusorios para volverlos probables.
He allí la maravilla de indagar almas posibles: ahora existen Quijote, Gatsby, Funes, Raskolnikov, Kane, Bovary, Samsa, Bloom, Vidal Olmos, Beatrice, Olivera, Doli, Buendía, Astier y tantos otros, como parte constitutiva de la humanidad cuando caminan a nuestro lado, además de quienes llegan de la mano con ellos y también coexisten, como Sonia, Sancho, Virgilio, Cruz, Recabarren, Molly, Dulcinea, etcétera. Y cuanto más profundiza el autor en el alma de su propia creación, más se aproximará a la existencia hasta cobrarlo real; incluso más real que su propio creador.
Es entonces cuando el personaje trasciende el libro y supera la ficción, para habitar en la galería humana de los supraexistentes, quienes están más vivos que una persona real y desbordan las generaciones. Así, cuando don Quijote es parte del memorial de nuestra familia, o la transformación de Samsa habita en nuestras pesadillas, o nos condolemos por las vicisitudes de Fantine y Jean Valjean, porque con todos ellos vivimos la desazón, la esperanza, la redención, la condena, el amor, la tragedia, la ilusión, entonces se ha resuelto el paradigma que intentaba separar lo ficticio de lo vivencial: ambos comulgan en la misma fuente de ese enigma que es el hombre, la humanidad.
La paradoja creativa no podría ser más cínica y descabellada: seres ficticios inmortales creados por dioses mortales de carne y sangre. Quizá estos últimos salven a los primeros de una vida fugaz y una muerte inevitable.
¿La poesía crea sentimientos? Puede ser, pero la narrativa crea vidas completas, unas fallidas, otras felices, pero muchas de ellas inolvidables. Incluso se vuelve exiguo el género del poemario de aplicarlo recto a La divina comedia por fuera de los sonetos barrocos detrás de los cuales Dante cruza los planos de la creación en busca de una idealización de Beatrice, a quien suponemos tan bella como Dulcinea.
Y así como Girri defendió los atributos de la poesía, también mencionemos a Sábato cuando simbolizó al novelista como un submarino capaz de descender a las abismos de ser, donde es rey y señor de las profundidades, o a Borges cuando, con una metáfora análoga, se refiere a Benedetti como un “buceador de aguas profundas”, pocas veces tan acertada la imagen con el creador de vidas e historias.
Pero hay que pensar esencialmente como novelista y no como poeta para crear a Fierro o a Hamlet, además, también ser audaz para dejar de ser uno mismo y ser otro, alguien verosímil, alguien posible; eso mismo hace el narrador de historias cuando se viste con la piel de otro ser y de otros seres para vivir y transitar otras vidas. Es ahí donde caduca la poesía, en el origen mismo del realismo narrativo.
Tampoco toda historia escrita es un acierto, sólo dice que la apuesta es más alta, más imponente, un poema arriesga 20 renglones mientras que una novela apuesta 300 páginas, aunque el estilo de fracaso es el mismo: mala poesía o mala narrativa comparten el mismo cesto de basura y olvido, aunque es probable que el poema evada el cesto y camine a su edición oculto en una lista de títulos. Pero incluso el narrador también recurre al resumen del verso en los epígrafes del título, porque necesita de la concisión.
Todo es relativo, por suerte, pero de lo que se trata con el escrito, es de dar vida con la palabra. Y cuando al fin late, lo hace más allá del autor. Para crear algo nuevo se necesita de soberbia y de prepotencia artística. La humildad, a fin de cuentas, no le sirve a un dios caído que escribe novelas." 
b CR



Derechos totales cedidos a Inforbano,  2016

26 de noviembre de 2016

Reyes y esclavos



Imaginemos que Bonaparte hubiera gobernado los destinos de Francia durante 54 años; o que Pinochet aún liderara la limpieza ideológica en Chile; o que Franco hoy, 40 años después, siguiera al frente de la España represiva; o que Idi Amín hubiera sorteado los obstáculos internacionales para perpetuarse en Uganda, llegando hasta nuestros días; o que Bin Laden hubiera tomado el poder en Afganistan; o si Mandela iniciaba la persecusión y eliminación del CNA para mantenerse en el poder; o que Gandhi, Primer Ministro, frotara sus manos y ordenara la invasión de Pakistán para unificar el territorio; o que Chávez hubiera continuado al frente de Venezuela, como Ortega en Nicaragua, acaso para anular y paralizar a un pueblo, para desaparecerlo del mapa, como también nos pasó cuando nuestro país desapareció. También agreguémonos a la lista alternativa: qué hubiera ocurrido si Bignone le sucedía el trono argentino al Cap. Astiz. O de nuevo a Videla.

No se trata de un golpe y la toma del poder, sino de quedarse bajo pretexto de cuidar que no vuelvan. La respuestas a las monarquías del 19 no pueden ser la traición a los pueblos en el 20 con el eufemismo de la revolución para alcanzar el 21 aburguesados y rechonchos con las memorias de glorias pasadas. Cambiaron reyes por presidentes, y luego presidentes por comandantes sin escalafón. El esclavo sigue siendo esclavo: vende el culo por 20 centavos de sol a sol.

La revolución es llegar para barajar y dar de nuevo, porque cuando se quedan es una monarquía de facto encubierta de festejo. Los festejos duran un día: los demás son pan amargo. Pero cuando heredan el trono conseguido, no se llama "línea sucesoria" sino feudalismo. Cambiamos esclavos reprimidos por esclavos armados. Ahora son esclavos felices pero sin armas, porque no puede haber una revolución para liberarnos de los revolucionarios triunfantes, tan conservatistas como los monarcas medievales. Todos son Mandelas hasta que llegan, entonces inician la metamorfosis y se vuelven Stalin.

–Sr. patriarca, quiero confesarle que estoy muy enamorado de una de sus siervas.
–No hay problema, Sr. cortesano, llamo a mis guardias, la sujetamos entre todos, mientras usted la viola cómodamente.

Los revolucionarios suelen asegurarse la continuidad reprimiendo los intentos de cualquier contrarevolución. ¿Con cuáles métodos? Con lo mismos que utilizaba la monarquía contra los rebeldes. La revolución es llegar porque 50 años después se llama conservatismo. Los reyes ahora los creamos nosotros: no vienen de la tierra ni los bendice el cielo: dependen de la cantidad de seguidores, como si fuera un principio democrático no legislado ni homologado que impone por mayoría y posesión de las armas. Se trata de quién la tiene más larga. Algo así como lograr una cárcel feliz y satisfecha de sus condenas: "Aquí somos reos honorables. No verá usted un sólo asesinato que no esté debidamente justificado, que hasta las violaciones son administradas y reguladas por un buró de presos destacados y reconocidos".

Termina de morir un rey y nada cambiará. El trono feudal sigue asegurado. Los cubanos hoy ¿pueden organizar otra revolución para intentar estar mejor? La respuesta es no, "no sea que vuelvan los que estaban antes y..." Alcanzaron un techo, no importa si el mejor o el peor, pero arriba no hay nada más. Ni siquiera les es permitido mirar más allá del suelo. Pero ocurrió lo que no debía ocurrir: esclavos eligiendo reyes; cambiaron fusiles por aplausos. "Pero si no quieren ser libres los fusilamos, esclavos de mierda". Hoy el culo de esclavo cotiza a 22 centavos el kilo en el mercado negrero. 

  b CR


Copyright®2016 por Carlos Rigel

27 de octubre de 2016

¡América no existe!


Pensar que América está unificada por la territorialidad es un eufemismo. Qué tiene que ver una cultura esquimal precolombina con otra isleña afroamericana inyección resultante de esclavos; o una corriente anglosajona de conquistadores con otra nativa e india precolombina al sur continental; o la síntesis de una migración de etnias araucanas cruzadas con un sangrado español y otra etnia incaica con otra francesa radicada en la selva; o la guaraní, aún con huellas viquingas en la simiente, y las comunidades germanas de Sudamérica. Y después moros y hebreos con italianos, con rusos, con polacos. Cómo encontrarles un factor común que los unifique. 

Y en ese puchero de sobrantes étnicos universales, los pueblos originarios vienen a quedar perdidos como los condimentos en la olla americana. Solemos recordarlos un día del año, como para no sentirnos tan crueles. Y luego los olvidamos, entre tanta novedad que alimenta nuestras ilusiones o nuestros bolsillosMientras tanto les compramos baratijas en el mercado regional para decorar nuestras paredes, hasta ahí llega nuestro compromiso solidario. Algo así como donar 5 pesos a CARITAS un día del año para no sentirse tan hijo de puta anual, es decir, como los otros 364 días de año. 

América no es África, un continente con dominante negro y el CNA ahora viralizado en grupos de asesinos de tribus con títulos amplios como "Frente para la liberación de...", justificación ejemplar para la limpieza tribal despiadada por el dominio total de los recursos mineros: ellos son los nuevos esclavistas. Imagino la gran latina: "¡Por culpa de los ingleses somos así, tan desalmados hijos de puta!". Antes el conquistador era gringo y el esclavo era negro, ahora el gringo es negro y el esclavo también, todos son negros, conquistadores, tiranos y esclavos. África hoy tiene más esclavos que nunca, ¿y cuál es la diferencia? ¿África libre? 

El 12 de Octubre pasó. Acabaron las discusiones siempre estériles. Leo ahora a Galeano y advierto la fantasía, no termino de tomarlo en serio. El conquistador vive adentro, y aunque dicen que llegó del Viejo Mundo, ese plano material sigue vigente hasta nuestros días o lo hemos aceptado tan libremente que olvidamos la sumisión y el abuso del origen. Más vale luchar por reivindicar el pasado que librar las batallas reparadoras del presente. En la dialéctica, como siempre, se encuentra la solución que expiará nuestras culpas los 364 días que no son 12 de Octubre. 

Vivimos resentidos pero no definimos todavía contra quién. Alguien debe ser el causante de nuestra desdicha de vivir hoy para la mierda. Alguien lejano y remoto debió arruinarnos el destino de grandeza, por eso vivimos infiltrados por "vivos criollos". Sin duda el responsable de tantos males debe ser un extranjero, alguien indolente, sin valores ni reglas, alguien lleno de joyas como prueba visible de que todos podemos alcanzar el mismo status, alguien que roba nuestros esfuerzos y nos entrega a cambio espejitos de colores, o bellos discursos, o fáciles y simpáticos, o un choripán y 300 pesos, o acaso que nos promete el paraíso jamás ganado por derecha. Ellos, los conquistadores de hace 500 años, trajeron el narcotráfico, el delito callejero, la explotación de los niños, la trata de mujeres, la trata de niños, la mentira, las tribunas del asesinato, la ilusión, el robo, la estafa a nuestros sueños.... De esta manera se lavan las manos los hipócritas del relato. 

La parte infame es que para encontrar nuestros orígenes hay cruzar al Atlántico. Nadie tiene la tierra y todos la tienen. Echamos a los españoles y vivimos penetrados por ellos, y echamos a los ingleses y tienen posesión sobre medio país, y echamos a los franceses pero tienen la selva, y renegamos del norteamericano pero les concedemos los acuíferos del norte argentino, tierras al sur, el descenso de tropas, cerramos tratos con mineras como Barrick Gold, además, los alzamientos los auspicia Mcdonals y el HSBC financia las esperanzas. Después descubrimos que los nuestros son tan hijos de puta como aquellos. 

¡América libre!, grita la sangre de: italianos, alemanes, árabes, polacos, ingleses, franceses, holandeses, hebreos, rusos, ingleses, españoles, chinos, coreanos, japoneses... y sus descendientes. ¿Libre de quién?... de italianos, alemanes, árabes, polacos, ingleses, franceses, holandeses, hebreos, rusos, ingleses, españoles, chinos, coreanos, japoneses... y sus descendientes. ¿Alguien me puede explicar esta burla para terminar de reírme

Y las etnias precolombinas miran sin entender la sátira del tiempo. Distinto, por ejemplo, lo de Filipinas, también parte del imperio español, cuna de guerreros feroces que enfrentaron a los conquistadores y reconocidos en su fiereza por el Rey Felipe II con una orden de caballería que alcanza a nuestro presente; ellos no tienen resentimientos ancestrales, por eso apenas conservan una tradición de nombres hispanos y poca memoria del pillaje no permitido. Y de la corrupción que tienen en sus gobernantes actuales no buscan responsables en los siglos: son bien autóctonos y contemporáneos.

América es una fantasía, una utopía sobrante del siglo XIX. El 12 de Octubre terminó ayer, hoy es 13. Hoy concluyen las muestras de solidaridad tan sólidas que dura el tiempo de comerse una hamburguesa de Mcdonals con una Coca-Cola. Y a seguir el carnaval de caretas. Parte de esos pueblos apartados residen en los estados provinciales, asisten a las escuelas, pero casi nadie apadrina a esos establecimientos distantes. Allí termina la solidaridad del 12 de Octubre, porque en nuestras mentes occidentales las etnias precolombinas pertenecen a una edad fosilizada al lado de los dinosaurios. Son la prehistoria de América sepultada viva.

Hay una batalla en cada estado del continente, y el resultado de la guerra total a través de los siglos está expuesto. No hay ni hubo piedad. Los esclavos ahora yacen libres pero siguen siendo esclavos; y darles una cuota de poder los convierte en conquistadores feroces, mientras las etnias precolombinas siguen segregadas merced al degüello de sus tierras; incluso de sus vidas o sus libertades. Por ejemplo, hasta hace pocas décadas, miembros urbanos de la comunidad paraguaya entraban en la selva en avanzadas armadas para capturar indios guaranies. Dicen que los salvajes venían maniatados y muy mal malhumorados.

Como a venezolanos sorprendidos en su buena fe, nos contaron el cuentito del imperio: "el enemigo está afuera". Siempre habrá un imperio que nos impide ser felices. La observación final es que en el XXI los precolombinos siguen siendo "indígenas" (indigentes), o "aborígenes" (sin origen), pero resulta que hay que prestarse al juego de que el culpable está lejos... y resulta que está aquí y somos nosotros. 

Cuando tenemos 10 millones de Nelson Mandelas, los Nelson Mandela desaparecen. Y se me ofenden algunos de mis lectores, quieren que adhiera a las manifestaciones de triste desgarro por el paso de los siglos irresueltos, que asuma un pecado original continental, porque ése es el juego presente: negar nuestro pasado conquistador y tomar distancia... atacantes hipócritas.

CR


Copyright@2016 por Carlos Rigel

20 de octubre de 2016

Los ciclos del karma nacional


De nuevo el ciclo repetido en Argentina. A período cerrado es más fácil vislumbrar las características a gran escala del fenómeno social que atraviesa nuestra nación. Es el ciclo del odio. El bucle completo ha vuelto a alcanzarnos con la fuerza de lo irresuelto en el mismo cónclave de decisiones trascendentes. Las sociedades, como las personas, también padecen un karma, un obstáculo vicioso, un chakra bloqueado que obliga a reanudar el periplo hasta resolverlo. Y como una preferencia por la obstinación especular y circular, vuelve, regresa al mismo lugar, llama de nuevo a las puertas de la historia, en este caso, la criolla, otra vez inconsumada, otra vez insatisfecha. 

Y si queríamos saber qué contuvo el período de 1945 a 1955, el espejo del tiempo nos resolvió el enigma,  miremos el 2015, apliquemos el mismo plano convulsivo y social. Sólo que esta vez el fantasma histórico del escarnio llegó corrompido por completo, desfigurado, monstruizado. Es que cada regreso será peor, hasta que la ceguera impere en las calles de la mano del extremismo que una vez vimos en los '70. Y si antes no nos interesó el origen del dinero y la riqueza nazi con el acceso de los altos mandos militares alemanes prófugos de la Segunda Guerra –traídos a nuestro país durante el peronismo–, ahora no debería inquietarnos el karma perpetuo adquirido para nuestras arcas con esa riqueza insana, pero ese karma todavía nos apunta con el dedo. Y nos alcanza. 

El ciclo del odio, apenas tres generaciones despues, ha regresado de nuevo con el mismo paradigma político-social. Un místico acaso ve mejor este fenómeno aplicado a una persona específica: lo irresuelto vuelve a presentarse cada vez peor, con otras condiciones de deterioro adicionales, con más violencia. Las alternativas ahora abruman por el peso de factores distorsivos y apremiantes que antes no habitaban la misma circunstancia. No llega con alivio o con mística, sino que llega con anhelo de enfrentamiento. Si antes no fue resuelto con reflexión, ahora reclama con odio un lugar en el presente. La siguiente vez agregará el aditivo de la ferocidad. 

Es que la revolución completa del ciclo argentino no es estelar, como la de un asteroide, sino social: a lo irresuelto de antes se agregan flamantes detritos antes impensados atraidos por un poder gravitatorio cuyo crecimiento no es logarítmico ni modular, ya que no responde a ecuaciones matemáticas, sino arbitrarias, pero que nunca serán favorables, donde lo imprevisto alterará cualquier resultado. Lo único seguro es que esta vez será peor que antes, además de haber perdido 70 años de crecimiento. El bucle temporal nos trajo al mismo lugar temporal, las mismas coordenadas. Y no nos hizo falta la Máquina del Tiempo prevista de Wells en sus ficciones para regresar al pasado. 

Los países tienen un destino, bien, pero el libre albedrío allana y hasta frustra el camino. El cuerpo social es también un organismo. Cada uno es dueño de equivocarse cuantas veces quiera. pero es bueno saber que las deudas generacionales no se diluyen en el tiempo sino que las pagan los que siguen, nuestros hijos, nuestros nietos. Argentina quedó encerrada en un defecto, como la falla de un CD, y repite el circuito, buscando ciegamente una salida, el escape es siempre sangriento. Las sociedades, como las máquinas, no piensan, pero la historia a menudo tiene características de péndulo conciente frente a los momentos irresueltos.

Y así como la Guerra del Atlántico Sur –Argentina contra Inglaterra, Chile y EEUU–, tiene su correlato histórico en la Guerra de la Triple Alianza –Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay–, la conclusión es inminente: lo que ganamos al norte lo perdimos al sur con un método muy similar. Trasvasado al mapa interno, lo que ganamos un día lo perdimos cien veces a través de los años. Pero cabe preguntarnos por qué este mismo resultado no afectó a los otros dos países con pérdida de territorio, lo que nos lleva a pensar en las causas de una diferencia en los destinos individuales de cada patria.

El ciclo social interno duró 70 años, transitamos ahora el tiempo del No-Tiempo. Las agujas se detuvieron pero la bomba no fue desarmada. El bucle abierto en 1945 cerró la primera etapa en los años del Proceso. Y reanudamos la marcha. Basta sumar a los jóvenes muertos en el Proceso con los jóvenes muertos en la guerra del Atlántico Sur para tener una idea de la contabilidad brutal que implica el ciclo en épocas oscuras. Y por el camino de las advertencias ya sabemos entonces qué habita el futuro, pero no en el sentido cronológico sino de los traumas sociales que de nuevo se presentarán para ser atravesados y acercarnos más y más al abismo o a la cumbre destinada. 

Pero el rulo no es ilimitado, nada en la existencia merece tres oportunidades. Y hay una mala noticia, una peor: si el meteoro social vuelve, si el plano se repite por tercera vez, llegará con el signo de la muerte. No sabemos cuántas, pero frente a lo que no sirve, persona o sociedad, la limpieza sangrienta de la historia será feroz. La tierra se dará vuelta para nosotros donde el exterminio no será a manos de zombis de película, sino esperpéntico a manos de bestias sanguinarias. Argentina será Bosnia o Kosovo, pero la venganza de la historia será aterradora: El país del Diablo será nuestro premio tan buscado. 

CR



Copyright®2016 por Carlos Rigel

4 de octubre de 2016

Cuando los chicos hablan los grandes se callan







Increíble lo de la Secretaría de Cultura y Educación y el stand de Autores de La Matanza en esta última Feria del Libro. Les asignaron un compartimiento de 6 metros –2 box de ancho– y eran aproximadamente 25 a 30 obras de autores locales de quienes aparecieron en una oportunidad extraordinaria aproximadamente 10 u 11, por lo común, miembros del "elenco estable" –mayormente poetas–, e imagino que fue el día de la presentación en el auditorio. El resto de las fechas fueron 3 o quizá 4 autores de cuya permanencia puedo listar 2 de guardia "casi" a diario, porque hubo horarios en los cuales no había nadie en el puesto y permaneció cerrado y vacío. El espacio era ideal para prolongar una cancha de bochas con torneo y entrega de estatuillas de plástico dorado 'Made in China' con celebraciones al fernet.

Y yo, siendo autor de San Justo, la misma ciudad de la feria de libros, representé a 120 autores entre locales, invitados, provinciales, nacionales y hasta universales. Y en total con mi asociado teníamos preparada para desplegar la obra de 500 autores de diferentes épocas... y nos dieron un stand de 4 metros, cuando habíamos pedido doble stand, es decir, 6 metros de ancho. La reducción de emergencia impidió desplegar la nómina de títulos planificada, y así quedaron cajas de material sin abrir, sin exponer, ni siquiera traerlas al puesto, ya que quedaron en el depósito por falta de espacio. Y, además, pagamos el canon en libros como cualquier editorial o librería de visita. Es que no hay que pretender ser un vecino de lujo o especial por escribir, sino aceptarse apenas un habitante más  en el distrito con más contrastes sociales del país. Los méritos, en todo caso, vienen después cuando se ha demostrado la valía de cada uno.

Me recuerda el operativo del stand Espinoza-Autores de Matanza en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, edición 2015, cuando dejaron afuera a los que importaban para concretar con el elenco estable fáciles de dominar y ahuyentar, y para rellenar las estanterías flacas de títulos, a alguien se le ocurrió comprar material de oferta al montón en alguna distribuidora elegida al azar. Y así, completaron las bibliotecas sin vergüenza alguna... cuando entre 5 o 6 autores locales no invitados que conozco, podíamos llenar esos espacios dignamente con nuestra obra –100 títulos cuando menos– y la de autores vecinos con material, mérito y décadas de trabajo, escritores capaces de dar una conferencia, una ponencia, un análisis de aporte al público de CABA. Pero los que importan quedaban al margen para llevar chichilos obedientes y conformistas. Lindo operativo.

Pero la solución es al mismo estilo que el stand de Bibliotecas Populares en las ferias de cada año, con un box de 2 metros para todas ellas, turnándose cada institución de a una por día para estar presentes en el puesto, y los stands del PJ, que ya ni quiero saber cuántos eran, pero más de 6 seguro, porque esa es la verdad cultural revelada en nuestro distrito. Para enfrentar un espacio con integridad y autoridad hay que tener huevos, y Autores de La Matanza no los tiene. Pero es acertado ubicar el lugar que ocupa el factor cultural para nuestras autoridades comunales. Sólo porque sirven de ventana partidaria en reserva, mantienen a mano a estos grupos de autores heterogéneos dóciles y funcionales a cambio de una vidriera anual que todavía no ganan por derecha, como para decir "Aquí tenemos autores también", cuando en su mayoría son amateurs, principiantes, y unos poquísimos veteranos sin reclamos, conformes de lo que no tienen y satisfechos de lo que no ven. 

Por ese motivo, esos organismos precarios que viven de besar la mano que los adorna no crecen ni se afirman, ni siquiera cuentan con una antología total por géneros, digna, abierta, masiva, amplia. Pero si hasta es una burla cuando hablan de "prologistas" cuando, a fin de cuentas, se trata del trabajo simple de un armador reducido en materia gris que, naturalmente, se autoincluye en la lista de éxitos en el mismo compendio que arma. Es la antología parcial del elenco estable, son ellos mismos más dos o tres agregados nuevos. Y para encontrar la trinchera con veteranos de la resistencia estética (parodiando a Weis) hay que buscar en los huecos de la realidad, más allá de lo visible, porque no están incluidos ni convocados y hoy yacen proscritos y aislados.

Como cuando en una mesa de novelistas se incluyó a mi lado Víctor Orellana, quien debería ser el portero de un edificio y que no tiene hasta la fecha ninguna novela editada, y hasta creerle que una vez escribió una requiere de nuestra parte un acto de creencia y de fe, de lo contrario fue una burla cínica, porque nunca la vimos. Y así le confieren poder a tontos y cagones como Christian Malattia, quien afirma ser periodista –uno sin huevos y afecto a la censura y la burla a distancia–, que primero me censuró junto a la poeta aparatosa y prehistórica Margarita Salas, y después lo negó, para recientemente proclamar censura de parte de la Intendencia cuando lo dejaron afuera de una antología local. Es que escupir para arriba no resulta buena práctica: siempre vuelve por la acción de la gravedad. Por suerte, puedo prescindir de ellos y del Estado, como tantos otros con obra y orgullo, por eso tengo el privilegio de establecer mis propias leyes gravitatorias. Es que incluso para escribir con libertad hay que tener huevos, y siendo mucho más chico que un gobierno, a mi el Estado no me atropella; tampoco me compra.

Pero ellos son, precisamente, quienes lideran la movida literaria en La Matanza, quienes deciden por todos y nos representan, algo así como convocar a una cena de gala y servir choripanes y rodajas de mortadela en mano. Y por fuera quedan los otros, los verdaderos tractores del horizonte llanero que nos toca y nos autodefine desde el aislamiento individual en un distrito con 15 ciudades desagregadas. La "isla" que anuncié en 2012 y que advertí para nuestra comuna se ha cristalizado, y en ella hay náufragos. 4 años después, La Matanza literaria es un archipiélago de sargazos con sobrevivientes, muertos y extraviados. Creadores de balsas, lo mejor que tenemos yace disperso fuera del campo visual. Y condenados a repetir la historia, ahora tenemos media docena de Almafuertes pero no marginales, sino marginados por quienes se autoproclaman "escritores".

La guerra por los espacios de la libertad de expresión contra la censura y las restricciones o proscripciones son originarias en la patria argentina, desde el Grupo de Mayo, con Echeverría, Alberdi y Sastre, hasta nuestros días y considera una observación permanente del límite endeble que atraviesa hacia la prohibición de quienes se piensan rectores sociales, y como con el Acceso Libre a la Información, no admite interpretaciones medias. Pero primero hay que otorgar esa libertad antes que exigirla, y recién después usarla, agotarla, atropellarla. Pero, cómo imaginar que la censura sería ejercida por "escritores" contra un sinodal. Hablar de censura en el tercer milenio es retrotraernos a épocas coloniales. Si hay luchas es porque hay asimetrías. Los rebeldes han prosperado siempre contra una burguesía que no espera críticas por recibir dádivas del Estado a la vista del público. Y así como Almafuerte no fue el primero sino otro rebelde más, lo de Autores de La Matanza no es nada nuevo, el estado deprimente y decadente del grupo habla por sí mismo. Pero me quedo con la imagen de ese viejo chúcaro y desobediente que con los ratones alrededor de las migajas caídas al suelo.

Desde mi retiro de esta organización en 2012 lo único que creció en Autores de La Matanza es el stand en la feria de cada año, hasta convertirse en una cancha de bochas, y si corren las mesadas, hasta de papi-fútbol o patinaje sobre hielo. Al destinarles un stand más grande no serán más ni tampoco mejores autores. Y las autoridades culturales locales después disertan y declaman acerca de la "identidad cultural de la 5ta. provincia", identidad desconocida, digamos, y esos mismos grupos de amateurs funcionales hasta se ofenden por mis palabras y escritos, y me recusan y acusan de desprestigio reiterado. Pero, digo, ¿cuál... cuál prestigio?


b CR

Copyright®2016 por Carlos Rigel

19 de agosto de 2016

Tenebrelitermisterio




Me llegan invitaciones a eventos relativos a la escritura de una rareza tal que no sé si me sorprenden, me divierten o me desorientan, porque van de desopilantes a solemnes. Por ejemplo, "Mecanismo de escritura colectiva" convocado por el Espacio Enjambre
Y me pregunto, más allá de los resultados de pretender aunar la solemnidad esperada en los inscriptos, como en el despiece de una máquina a engranajes, cuándo carajos la escritura fue un resultado colectivo, acaso como imaginar un cuadro pintado por decenas de artistas de distintos estilos, que es posible no lo dudo, pero que también pone en duda la calidad, la maravilla de una conclusión exitosa, sino fruto de un promedio nacido de la tolerancia, de la paciencia de contar hasta un millón con un parto monstruoso, demasiado personales cada uno para soportar a otro a su lado, y donde la firma al pie de la obra terminada será un párrafo de discusiones, o por ser primero o ser el último, con el reconocido y famoso "quien la tiene más grande".
Suponiendo que admita la palabra "mecanismo" aplicada a la literatura, estos proyectos mancomunados igualan al rugbi siendo torneos de 100 metros de natación, donde un equipo completo de 6 deportistas debería promediar con el más lento para llegar todos juntos. Así, veo con desconfianza y hasta con humor las buscas conceptuales de "identidad", "colectividad", "igualdad", "terapia", "liberalidad" y otros cuentos que me recuerdan a esos relatos del medioevo español, donde un grupo de tramposos organizan la visita a un pueblo y llegan con obispo sospechoso para la homilía, víctimas poseídas por demonios y exorcistas, todo listo para entrar en escena, bajo la premisa de que el Diablo habita los bolsillos de los parroquianos y se alimenta de su avaricia, impidiendo la dádiva fuerte y temerosa de Dios por limosna raquítica aconsejada por el Diablo.
Y durante la misa, estalla el demonio en uno de los forasteros con espuma en la boca y gritos esperpénticos. Pero de inmediato expulsan al espíritu maldito ante la mirada aterrada de los aldeanos, y luego pasan la bolsa de las limosnas. Y al salir del pueblo rumbo a otra aldea, se reúnen el obispo con asistentes, el exorcista y el liberado del Diablo, y cuentan el dinero, y evalúan si resultó bien o flojo.
Digo que todo esto es ruido, de ese que no deja crecer, y tiene como finalidad juntar a un montón de tontos para sacarles unos mangos, dispensarse los aplausos y descorchar una botella, teniéndose por estrellas negadas de Hollywood. Y me invitan a promediarme entre ellos cuando estoy multiplicado por cero y dividido por un hachazo propio dedicado y ajeno rencoroso y pretendidamente vengador, para habitar una butaca y sumarme en los aplausos de no saber si reírme o si agarrar el matafuegos y foguearlos con espuma de demonios caracterizados y exorcistas estelares.
Pero pienso en el "mecanizado" de las autopartes de un "enjambre de literatura" y siento el piquetazo venenoso de una abeja alienígena salida de los "Expedientes secretos X". Y se me ocurren algunos títulos alternativos, como por ejemplo, "Programa de ajuste de Tornillos literarios", o "Destrabador de roscas Withworth de Escritura", e incluso "Soldaduras de Fundición Semántica". Es que se me disparan los relays dendríticos del engranaje mental.

Bueno, pero mientras tanto, junten a Cézanne con Dalí, Picasso, Rembrand y Del Bosco, el mitológico Sr. Hieronimus Bosch, con seis principiantes obstinados para ver qué pasa. Y a mano el matafuegos recargado, por supuesto. Pero no lo duden, soy uno de los principiantes.


CR

Copyright®2016 por Carlos Rigel