15 de mayo de 2019

A la partida de Leo Brizuela


No olvido que en Agosto de 2015 hice gestiones con los organizadores de la Feria Municipal del Libro de San Justo, Secretaría de Cultura y Educación de La Matanza, para traer a Nielsen, a Mey y al hermético Brizuela, para darnos una apertura de cabezas a los autores del oeste sobre un género todavía extraño para muchos narradores, la novela contemporánea, presencia destacada del fallecido ayer que encargué al amigo Nielsen, quien no me admitirá una sola mentira a mis afirmaciones.

Hoy muestran su herida sorpresa quienes fueron indiferentes desde el momento en que reclamé 9.000 $ para repartir entre los 3 autores sobresalientes de nuestra narrativa. Y hasta me ofrecí a moderar el encuentro gratis para no engordar la cifra. Pagaba yo de mi bolsillo los remises del traslado de cada uno, como se merecen. Pero el dinero cerró la gestión con un NO final. 

Es que no han perdido la costumbre: Todos los días crean un "Almafuerte" y luego de muerto le rinden homenaje. 9 mil pesos y después gastan millones en asados y micros para la militancia y punteros de mierda. Si, incluso, que me hayan quitado el Stand en esta Feria de Libros es un distintivo de honor... Caraduras.

Rigel


Copyright®2019 por Rigel

15 de enero de 2019

Liberis


Por el momento, el ensayo de literatura y alcoholismo con sus 180 páginas no cuenta con editor a la vista. Se trata de un material muy comercial y pienso que tendrá buenas ventas. Es probable que lo edite yo por mi cuenta para registrar algo de ingresos por el costo de realización. Luego, con un ejemplar en mano, visitaré, una editorial céntrica que tengo en vista desde hace un tiempo pero que ya tuvo un descenso en el distrito a través de un autor matancero. Y sé que ya ha celebrado contratos por cesión de derechos de autor. 

Posiblemente ceda los derechos parciales sobre las 14 o 15 obras editadas para ese momento. A poco, ha empezado a pesarme arrastrar la edición de 14 libros que se agotan en reposiciones cada vez más cortas pero que me restan tiempo para ocuparme de mis otros asuntos, como escribir y terminar las novelas y los ensayos comenzados y hasta, incluso, que han cumplido con la mitad del plan total de la obra para quedar suspendidos en el limbo de los escritos. También para dedicarme a la edición de otros autores que comprometen mi criterio y mi interés. 



De cualquier manera, seguiré trabajando sobre cuatro o cinco títulos nuevos de gran porte, y uno de ellos para concursar en un certamen de novela en 2020, a mi regreso a los grandes premios de narrativa, luego de mi retiro de 10 años de las compulsas abiertas. Cuento con las facilidades que me ofrecen editores amigos para enviar material al exterior a muy bajo costo, la causa principal de mi alejamiento de los certámenes. 

Que viva anulado en el corazón de La Matanza no es óbice para detenerme.

Rigel

copyright®2019 por Carlos Rigel

5 de enero de 2019

Conquistados







Cada generación debe escribir su propia historia”, dice Goethe, acaso para mantener el compromiso generacional con los sucesos de la sociedad humana a través del tiempo, pero me niego a sumar fechas y lugares como resumen de cronologías huecas de humanidad. Aprendimos más de Rosas con el novelista Andrés Rivera que por los libros del historiador Feliz Luna. 

Las fechas y los actos nada dicen de los motivos cuando son incluso más trascendentes que los resultados. Ni siquiera las buenas o malas intenciones determinan la conclusión de una voluntad que pudo ser magnánima y altruista en su origen con un pésimo final. Faustianos, como somos, incluso a la inversa. 

También dicen que el camino al Infierno está lleno de buenas intenciones. Me atrevo a concluir, entonces, que el camino al Cielo debe estar repleto de nefastas intenciones. Tal vez así logremos desactivar el criterio del camino a uno y otro lugar para concentrarnos simplemente en la humanidad: Todo está aquí y nunca dejó de estar frente a nuestros ojos, y no vale mirar los procesos por una cámara de fotos o de video. Documentar es sólo una parte, la ínfima parte, y reunir datos es tarea de compiladores. 

Porque de nada sirve reescribir la historia con la mente conquistada por conclusiones anteriores, así como no sirve una poesía fundada en sus criterios por la España conquistadora e imperial, recordado las palabras del poeta español Antonio Gamoneda, porque nada nuevo saldrá de allí, sino más de lo mismo. 

Fracturar las convenciones, poner la historia patas arriba a ver qué surge, no es para todos. Cualquiera registra el final del Titanic, pero casi ninguno buscará la historia del iceberg que lo hunde, porque suma los atributos de la cronología con la subjetividad. Humanizar un pedazo enorme de hielo, perseguirlo desde su origen continental hasta su desintegración oceánica, es el desafío en la edad del “sujeto”. 

En poesía, los autores exceden la marca aceptable de subjetividad: "Soy yo y sólo yo, todo es lo que me pasa a mí y a nadie más", mientras que en el registro histórico es donde falta el sujeto, cuando yace aplastado por los hechos, las cifras y los datos. Y donde debería primar el individuo para completar dimensionalmente los sucesos, resulta que lo suprimen.

La tarea de recopilar datos gélidos es siniestra de por sí cuando desnaturaliza la obra del hombre nacida en su corazón desde que aspira a una objetividad discordante con el espectro humano, como intentar leer los esfuerzos de un grupo de trabajadores por el libro contable de una empresa; u observar al hombre como a un mono en Animal Planet por sus actos externos y visibles, y luego pretender concluir qué piensa o qué siente.  Entiéndase, conformarse con la corteza para adivinar el núcleo del ser y sus circunstancias. 


Entonces, no alcanza con repetir lo conocido, tampoco sirve elaborar un pensamiento o un registro con la mente del conquistado. Desde la aparición del sujeto, pensando en Goethe, cada generación debe reescribir toda la historia traducida por la subjetividad. Historia completa… o nada.”

Rigel

Copyright®2019 por Carlos Rigel

12 de diciembre de 2018

Fondoseco: Los escritores y la bebida.



"...impermanecer, porque sus cuerpos arden, 
porque sus cuerpos gritan, porque gritan 
como ángeles en llamas. Unos mueren 
calcinados y otros de amargo silencio..."


Fuera de programa y con cierto retraso, a fines de Marzo o comienzos de Abril de 2019 saldrá a la venta el ensayo Fondoseco, volumen solitario que provisoriamente titulé como literalcoholismo, sobre el fenómeno de los escritores ligados a la bebida. Cerrado en 170 páginas, por cuestiones de costos y precio de venta, no explora a todos los autores dipsómanos de la literatura local y universal, como lo hace el madrileño Carlos Mayoral en el completo ensayo Etílico (Madrid, 1986), pero establezco ejes en los íconos famosos de las letras con los casos más resonantes y conclusiones muy diferentes. Voy a recordar que el presente fue uno de los tres ensayos principales que componían el volumen ambicioso La montaña prometida, además de ficciones y traducciones de poemas universales, promesa que tendrá que esperar para ser completada por la ausencia de la extracción. 

Pero fue una extravagancia indagar la vida de Rimbaud, de Faulkner, de Echenique, de Bukowski, de Duras, de Hemingway, de Poe, de Castillo y de tantos otros que todavía me colman de fascinación al escarbar sus riquezas y pobrezas de sus plumas cedidas, de olfatear sus vasos, de contar las botellas. Por eso comparto un fragmento cortado a la fuerza, ya que todo el libro cuenta con un único párrafo sin punto aparte, sino el último...


"... Nada alcanza, nada. Si fueron tres volúmenes, entonces pudieron ser cuatro; si fueron veinte, entonces pudieron ser veintiuno o veintidós. Siempre nos parecerá que falta algo para agregar a la tarea de crecer y multiplicar obras, cuando para el destino basta con el reconocimiento y el abrazo al alma laboriosa. El destino no mide la cantidad de piezas terminadas, sino el mérito social alcanzado, porque el alma no parte hasta no haber contabilizado el aplauso último dispensado por nuestra propia sociedad. Así debe ser. Maldito quien no labure para la aceptación del género y parta negado y sin admiración porque es la finalidad del alma. De Homero a la fecha, la brújula no ha movido la aguja, con o sin bebida. Inefable, no es un torneo de litros consumidos con premios al vencedor de la prueba, sino una misión a cumplir, cueste lo que cueste...

CR
Copyright®2018 por Carlos Rigel

11 de noviembre de 2018

Aeterna


¿Qué es el tiempo?

Nací en China hace 4724. pero la vi recién en 181, durante un incendio en Roma, y al sentir el aroma de su cuerpo recordé haberlo advertido antes, quizá en 112 A.C.. o tal vez en la Antioquía del 180. Luego, cuando los moros invadían Europa en 723, soñé que frotaba sus cabellos lacios por mi cara, pero debí perderla por poco. El 1616 sentí la desesperación de su muerte durante el descenso cruel en Panamá. Volví a sentirla morir en un pueblo de la España en guerra. La vi en Brasil en 1962, conversando con un ángel. Mañana creo que la veré en Buenos Aires cuando de vuelta a una esquina céntrica, o quizá en el viaje en tren de regreso, o mientras espere el micro. Estará de pie frente a una vidriera, eterna y dimensional. Y la veré entera con mi cuerpo y el peso de siglos.Penetraré de nuevo el aroma de sus lacios, sentiré el perfume de su cuerpo que grita y recordaré las llamas y la muerte, el tiempo y los sueños. No sé todavía qué le diré, pero no la dejaré ir. Sino, sé que tendré que esperarla hasta el 2318 en la Antártida tropical. Dios juega al tiempo y tardo siglos en aprender, pero el mío se agota. Me inspira la persistencia de su alma por encontrarme. Pero ella no lo sabe.

CR


Copyright®2017 por Carlos Rigel

14 de noviembre de 2017

Naufragantes







De nuevo las fallas interpretativas erosionan el análisis.

Veía por sexagésima vez las escenas finales de la película El naufrago (Cast Away, 2001), de Zemeckis, la mueca final, apenas un esbozo de sonrisa, de Chuck Nolan (Tom Hanks) cuando resuelve el dilema cargado de símbolos de la historia, de trabas y obstáculos acumulados que obligan a rever las escenas primeras, porque el círculo es perfecto con las alas del destino así como aparecen en la mitad del film, brújula y señal que despiertan la mente inquisitiva. 

Y recuerdo a una psicóloga amiga que, en esos años del estreno, coincidimos en haberla visto por el mismo mes, pero a ella, compungida, le quedó la imagen de la tragedia y la pena por la pérdida del amor y la familia, los años transcurridos, todas ellas escenas que apenas ocupan de segundos a minutos del film –e incluso ningún espacio del film–, pero que no establecen una dirección específica que afecten el destino de la historia. Son circunstanciales.

Y así, entendí que habíamos visto dos películas diferentes, porque le pregunté si había relacionado la mujer del comienzo con la del final, dos escenas menores pero determinantes en la composición de la película –es que hacia allí va el protagonista, como una flecha–… pero resulta que ni la había registrado. Es decir, ella tomó los segundos que quiso del film y desconectados de la lectura general, y el resto lo descarto con una deducción poco o nada académica de relleno, como si ese resto fuera superfluo y lo central fueran esos instantes de fiesta, despedida y besos. Pero quizá la diferencia tiene que ver con que ella vio la película una única vez y creyó entenderla, suprimiendo las partes que no entendió, y yo la vi diez veces para descubrir toda su potencia simbólica. La película es perfecta y poco tiene que ver con el amor perdido sino, mejor, con el amor merecido.

Recuerdo que le describí la circularidad perfecta del film, le hablé de la carta 16 del Tarot, la afirmación de la dirección, lo inevitable del aprendizaje, el recupero de lo esencial, las señales, los símbolos… pero nada. Sólo contribuyó a un debate ajeno al film donde fui catalogado de autoritario. "¡Vos no tendrías cabida en un cine-debate!", me sentenció al final, algo enojada, pero no sé todavía si enojada por lo que yo vi, o por lo que ella no vió del mismo film.

Recordé, entonces, que el escritor panameño Jaramillo-Levi, de visita en Buenos Aires, me decía que "Todo autor –o creativo, digamos– merece una crítica inteligente". Pero no estamos viviendo en la edad de la inteligencia, sino de la suposición. Ahora, claro que el acceso de la interpretación libre deviene de corrientes psicoanalíticas que tienden a proteger la opinión individual bajo la siguiente premisa "dejen que se exprese en libertad, no lo repriman", donde una mesa, por ejemplo, no es una mesa, sino que es una naranja o un dinosaurio. Ahora bien, una de las lecturas es correcta y está fundada por el plan de una obra, cumple una función, pero la otra no, es caprichosa y arbitraria, y está acorralada en sí misma. La intervención de la psicología en literatura ha herido más el análisis literario que lo que piensa que lo favoreció.

En otra oportunidad de mi vida, nuestro literato don Abelardo Castillo, nos decía a un grupo de jóvenes que si un cuento o una novela tiene un final abierto tiene dos posibles lecturas, se llama "ambigüedad", pero que no puede tener tres finales o más –o un final diferente por cada lector–, porque sería una "confusión". En otras palabras y de manera escolástica, podemos inferir que el texto no está abierto al debate público de cuál puede ser su posible final. Claro, eso presupone que recibimos la carga completa de símbolos y advertencias hechas por el autor porque si, además, nos falta información obviada o no recibida, no será ni siquiera una confusión, sino un caos.


Pero, volviendo arriba, aunque de esa manera, una mesa siendo una naranja o un dinosaurio, no conduce a nada, sino a la imposición de una imagen caprichosa tolerada por las bondades de la libertad de expresión y de pensamiento libre que nada tienen que ver con la composición del cine o la literatura y menos con la crítica literaria. Pero eso parece no importar, es lo de menos. De manera que la metáfora oculta, la estructura espejada o la circularidad o cualquier otro plano incluido por el creativo, devenido todas ellas del análisis, resultan truncas, inservibles, y el director del film o el autor de la historia termina incluido en el capricho del lector o del espectador y donde parece que el editor o productor aplicó un criterio libertino con ciertos pasajes para nuestra alegre distracción. 


Entonces, ni vale la pena el análisis, juguemos a interpretar y con eso bastará para sentirnos satisfechos con nuestro ego aunque el aporte sea nulo. Como con la psicóloga amiga, bastará con algunas escenas catastróficas de la película y el resto pasará al olvido, inexplicado e inexplicable.

Bien. No es así. No sé de qué depende “ver”, pero por cierto que hay ciegos que miran.


Copyright®2017 por Carlos Rigel