12 de febrero de 2015

"Gente en foco". Nota de Clarín LM -12.02.2015



Reproduzco la nota breve de la sección Gente en foco, 
del suplemento zonal de Clarín del 12 de Febrero de 2015 
por nuestro periodista Santiago Bartoli, cortesía para aquellos
 que no compran el diario.

Nota: Quizá el desencanto y la duda persistente proviene del título anacrónico de la entrevista, porque me liga a los cuarteles. Es cierto que yace en mis orígenes porque es un pasaje de mi vida, pero no fui militar, sino soldado; un civil bajo bandera por Ley Nacional.

CR

10 de febrero de 2015

Monumento a la shoá. Nielsen















Costanera sur, Buenos Aires, Enero de 2015. 
Monumento a la shoa. De noche se lo ve así con luz lateral.
Si hasta me recuerda a esos bloques desnudos de las pirámides
egipcias, lo que le asigna una profundidad temporal milenaria y
profética. Un momento que orilla lo bíblico. Felicito a nuestro
arquitecto y a su grupo de gente.
Escribe Gustavo Nielsen en la nota de la revista Viva, Febrero 2015.

"Memoria de hormigón

I
Ojalá estos monumentos no se tuvieran que hacer. En los genocidios los Estados enloquecen y comienzan a eliminarse a sí mismos, como si fueran la metáfora de un cáncer. El proceso arranca siempre con alguna excusa racista. Alguien poderoso, junto al consentimiento de parte de la sociedad, hurgará diferencias en la religión, en el color de piel, en las ideas políticas, en los gustos sexuales de los otros. Los marcará y echará a funcionar contra ellos el gas y la bala; la matanza. Ojalá estos monumentos no se tuvieran que hacer significa “ojalá no hubiera que recordar nada malo”. Se recuerda para no repetir. Para que el monumento te diga día a día “mirá el horror del que fueron capaces los hombres”, cuando te lo cruzás en tu camino al trabajo.
Al fin y al cabo, la vida es muy chiquita.


II
El monumento está situado en la Plaza de la Shoá, en Avenida Bullrich y Libertador. La Plaza de la Shoá es parte de un complejo de parques religiosos de una Buenos Aires que desde hace muchos años es altamente inclusiva. Acepta pueblos, acepta credos, acepta diferencias ideológicas y políticas. Por ejemplo: al lado, cruzando en diagonal, hay un parque que tiene una mezquita. Buenos Aires debe ser el único lugar en el mundo en este momento en el que un monumento judío y una mezquita árabe son buenos vecinos. Mientras escribo pienso una utopía: sería maravilloso cambiar la palabra “único” por “primer”. O sea: el “primer” lugar en el mundo en que esto pase. 
Ojalá hubiera más.

III
El Holocausto judío es una herida de la humanidad. Ya no es solamente un trauma en la memoria de un sobreviviente; es de todos. Judíos o no judíos. Es del mundo.En términos políticos el dolor tiene categorías: no es lo mismo una sola muerte que una masacre, y no es lo mismo una masacre hecha por particulares que una llevada a cabo por el Estado. Pero en términos de intimidad, el dolor no tiene categorías: una madre que pierde a su hijo en campo de concentración sufre tanto como una que lo pierde en un robo o en Cromañón. No hay tragedias de primera o de segunda categoría. No hay un ranking de sufrimiento. El dolor es universal, aunque a veces eso suene extrañamente injusto. Resulta difícil decirle a la mujer violada que una violación es de toda una sociedad. La personalización de una catástrofe es real, dolorosamente cierta, pero le hace mal a la catástrofe en sí. Es muy probable que una catástrofe no denunciada se repita. Si lo sabe solamente la policía es un poco mejor, pero no basta. La globalización es lo que la vuelve visible. 
Se trata de apropiarse del dolor para poder compartirlo.


IV
El monumento está compuesto por 114 piedras de hormigón armado que forman una pared. Las piedras son de grandes dimensiones: pesan de dos a cuatro toneladas. La cara delantera de cada una de ellas está modificada con una huella de un objeto a mirar. Las 114 piedras contienen la impresión de unos mil objetos comunes de la vida cotidiana de un ciudadano contemporáneo.Los objetos son computadoras, celulares, ropa, paraguas, libros, instrumentos musicales, vajilla, electrodomésticos, cedés, discos, casets, reproductores, televisores, un bastón, chupetes, baberos; un traje, una pollera, una bicicleta. El gamulán de un niño. Zapatos.Ninguno de ellos está ahí; sólo se ven sus huellas en el hormigón. Hubo que romper los objetos para hacer que quedaran para siempre grabados en piedra. El efecto es el de fósiles urbanos.
La propuesta no conlleva un registro documental, sino poético. ¿Qué es lo que hace la poesía? Decir lo no dicho. Poner de relieve la ausencia.


V
Es muy importante este tema del registro, y es a la vez la razón del monumento y el motivo de algunas críticas que nos llegaron. Digo razón porque es lo que quisimos hacer, por lo que nos presentamos al concurso con el arquitecto Sebastián Marsiglia. Desde el vamos sabíamos que para poder pensar un monumento contemporáneo teníamos que evitar el registro testimonial. Registro testimonial es hablar de la historia directa, y utilizar -tal vez, si hubiera sido posible su acceso- objetos documentales o que aparentaran ser históricos. Pero los objetos documentales son para las vitrinas de los museos. 
Alguien podría protestar: ¿cómo pusieron una laptop en el Monumento, si en la época del Holocausto no había laptops? Ni celulares, ni plasmas, ni estos paraguas tan modernos, ni este tipo de ropa. La elección de los objetos que hicimos es actual, para que la gente pueda captar el mensaje directamente y que les llegue enseguida al corazón. El corte generacional de esta colección de ausencias antropocéntricas es ahora. Ya.


VI
También elegimos los objetos de modo abarcativo. Queríamos esa clase de piezas que nos transforman a todos en seres culturales, que de tan domésticas pueden hallarse en todas las casas de la Argentina. Seas judío, católico, mahometano o ateo. Seas negro, blanco, homosexual, casado, viejo, niño, mujer, desempleado, profesional, analfabeto, discapacitado, profesor, comerciante, gitano, político, artista o enamorado. No sumergimos en el hormigón objetos de rituales judíos, aunque sea un monumento judío. No hay un candelabro ni una kipá. Como tampoco hay objetos políticos: no hay una Constitución ni un pañuelo de una madre de Plaza de Mayo. Ni armas. En esto se basa lo abarcativo de la propuesta: queremos que inspire a muchísima gente, la mayor posible. Y que todos sean objetos felices. Lea, una sobreviviente de un campo de concentración alemán, nos contó que en cautiverio soñaba con una mesa puesta. Un mantel, cubiertos, pan. Probablemente muchos, en situaciones extremas, también hayamos anhelado la normalidad de un almuerzo. De eso se trata.
El monumento comunica la desaparición de las cosas normales, ridículamente pequeñas, que hacen a la construcción de una cultura.


VII
Dice Gérard Wajcman que el objeto del Siglo XX fue la película Shoá, de Claude Lanzmann. La película es monumental, de antemano, por su metraje: dura doce horas. Ahí se ve a gente contando la historia. Seres humanos hechos del mismo material -carne, hueso, sangre- que sus victimarios. Pero ahora hablando a cámara sobre la tragedia. Si los seres humanos fuéramos sólo seres mecánicos -objetos- podríamos afirmar que no habría diferencias aparentes entre buenos y malos. Sin nuestra ropa y nuestras cosas somos todos parecidos.
Muertos, casi iguales.


VIII
Cada una de las matanzas orquestadas desde el Estado estuvo montada sobre una idea negativa de la diferencia. La verdad es que todas las personas somos diferentes y todas las culturas lo son entre sí. Pero cada vez que hubo una masacre, se necesitó “construir” a un diferente amenazante para después poder culparlo de todos los males y eliminarlo como símbolo: si se elimina al diferente, se está eliminando “el mal”. Es por eso que el monumento busca, deliberadamente, trabajar sobre la idea de “no diferencia”: si bien el pueblo judío tiene -como todos- una infinidad de rasgos que lo identifican, a nosotros nos pareció más interesante y reparador buscar en este caso los infinitos puntos de unión que hay entre las víctimas de la Shoá y la comunidad internacional que las aloja.
¿Por qué una zapatilla, un tenedor, un metegol? Porque son detalles y porque -fue Mies el que lo dijo- Dios está en los detalles. La ausencia de un vestidito es la ausencia del todo. La ausencia de esa infinidad de elementos que nos conforman como seres culturales, es la ausencia de la cultura.

IX

Conseguir las cosas fue una odisea de seis meses. Para eso nos sirvieron las redes, el buen Facebook. Hay objetos que son míos, o de Sebas o de nuestra asistente Barbi Kaplán. Muchos objetos fueron donados por la gente que trabaja en mi estudio. Pero muchos otros tuvimos que pedirlos, y algunos fueron muy difíciles de conseguir. Siempre pensamos que era mejor que los objetos vinieran con sus propias historias. Esa fue una de las razones para ponderar los usados sobre los nuevos, además del incordio de tener que salir a comprarlos y pagar por algo que se va a romper. Así Ricardo Koop nos donó un clarinete, Rosana Gutiérrez una guitarra, Belén Wedeltoft un espejo enmarcado, Luis Campos un Wincofón, Carlos Wolpo su bicicleta, Josefina Licitra su vestido de adolescente, Gabi Comte los auriculares que usaba en Alfaguara, Gabriela Stoppelman los patines de cuando era chica, Joaquín Fernández Burzaco su gamulán preferido, Fernando Díaz el metegol de su hijo, Mariana Gastellu el Scalextric de su marido, Viviana Loughri sus paraguas plegables, Eduardo Sobico un serrucho de carpintero, Patricia Ons su bolsa de agua caliente, Carolina Unauono una agujereadora, mis vecinos Elsa Fortunato y René Mosquera un enano de cemento de su terraza de la calle Unamuno. La lista completa de donantes figurará en una placa, incluida la familia Gotlib que regaló las luces que muestran el monumento por las noches.Cada objeto fue manipulado para obtener vaciados en yeso o alginato, que a su vez fueron llenados con caucho de siliconas para lograr los moldes. Trabajaron en este proceso dos grupos de diseñadores industriales: uno dedicado a los objetos duros (de plástico, de metal o de madera) y el otro dedicado a los objetos blandos (telas y papeles). En ambos casos tuvieron que romper, taladrar, rellenar, endurecer, plegar, cortar, enduir y pintar cientos de cosas que a veces no pudieron ir al monumento porque los negativos eran demasiado difíciles de leer. Nos pasó con una picadora inglesa que donó Aída Daitch: nadie entendía qué máquina era. Todo el proceso estuvo destinado a que el reconocimiento final de los objetos fuera inmediato y fácil. Por este sistema de destrucción para construir pasó la compu con la que escribí “El amor enfermo”. Snif, y luego pleno orgullo. 
Me apropio de lo que dijo el poeta William Carlos Williams: “Nada de ideas, salvo en las cosas”.

X

Víctor, otro de los sobrevivientes del Holocausto que hoy vive en Argentina, está preocupado por que el monumento se entienda. Piensa que si hay que explicarlo no sirve. Y no ve en las huellas ninguna ausencia; solamente ve marcas que podrían interpretarse como cualquier otra cosa. Comparto con él mis reflexiones como creador, pero también mi decepción al tener que explicar un poema. Uno ve una estatua de San Martín y ya sabe quién es. ¿Siempre fue obvio? No. Sabés quién es ese señor de a caballo porque te avisaron en la escuela. Los niños anteriores al aviso solamente ven un hombre disfrazado, portando un sable corvo. La estatua convoca la pregunta acerca de quién es ese señor. Qué cosas hizo, por qué está arriba de un pedestal. Y los mayores debemos responder. 
Necesitamos a ese chico curioso y al adulto dispuesto a contar qué pasó. Para salvarnos del horror que pueda traernos el futuro necesitamos a miles de millones de personas así".


CR

3 de febrero de 2015

Mork y amigo

Gandolfo y "Mork" Nielsen, dos autores admirables y admirados, 
por las calles de Montevideo.


CR

29 de enero de 2015

Botsford: Las cinco reglas para editar un texto

Gardner Botsford fue editor de The New Yorker. 
En este extracto de Life of Privilege, Mostly, expone unas 
reglas para editar un texto.



Y no es una chicana contra ningún amateur de los que 
abundan en esta edad ("Nosotros, los escritores" se burla), 
sólo que Botsford prevé un editor para un narrador. 
El problema sobreviene cuando detrás del "escritor" 
no hay ningún editor, sino una imprenta. Nuestro
novelista Gus Nielsen dice que la 4ta. es la única valiosa.

Traducción de Daniel Gascón


"A principios de 1948, la entrega de «Carta desde París» y «Carta desde Londres» se trasladó desde el domingo a un día más civilizado de la semana, y a mí me trasladaron con ella. Otra persona pasó a encargarse de las noches de domingo y empecé a dedicar la mayor parte del tiempo a editar largas piezas factuales: «Perfiles», «Reportajes» y textos de ese tipo. Seguí editando a Flanner y Mollie Panter-Downes –de hecho, a partir de entonces edité todo lo que cualquiera de los dos escribiese para la revista–, y también me asignaron a varios escritores de primera clase del New Yorker, con muchos de los cuales formé alianzas permanentes. Eso implicaba menos tiempo con los escritores de menor calidad con los que había empezado, los Helen Mears y Joseph Wechsberg. Helen Mears era una escritora olvidable; a Joseph Wechsberg lo recordaré siempre. Era un incordio, un Mal Ejemplo y un rito de paso para cada editor junior. Para empezar, era checo y en realidad nunca aprendió inglés. (Aquí hay una observación biológica de Wechsberg que he conservado intacta a lo largo de los años: «Sin los largos hocicos de los abejorros, los pensamientos y el trébol rojo no pueden ser fructificados».) Además, había empezado como escritor de ficción (ahora es más conocido, si es que se le conoce por algo, por algunos relatos que publicó en la revista antes de la guerra) y, cada vez que los datos que necesitaba resultaban elusivos, se los inventaba. Como su escritura estaba desvinculada de la gramática, el vocabulario y la cordura (ver arriba), podía escribir muy deprisa, y no había nadie más prolífico que él. Sandy Vanderbilt siempre decía que había editado más a Wechsberg que yo, y que había editado más a Wechsberg de lo que el propio Wechsberg había escrito, por culpa de una pesadilla recurrente en la que trabajaba en un manuscrito implacable e interminable de Wechsberg que seguía supurando por mucho que Sandy trabajara, pero cuando fuimos a la morgue y sacamos el archivo de Wechsberg, ninguno de los dos podía recordar quién había editado qué, o, para ser más precisos, quién había escrito qué. Lo que nos molestaba era que Wechsberg era inmensamente popular entre los lectores, lo que quería decir que nosotros éramos inmensa, aunque anónimamente, populares entre los lectores. Cuando llegaron algunos editores que eran todavía másjuniors que yo –Bill Knapp, Bill Fain, Bob Gerdy y un par de figuras más transitorias–, les asignaron a Wechsberg y yo quedé libre al fin. No totalmente libre, por supuesto. 

Como la revista publicaba cincuenta y dos números al año, la mayoría de los cuales contenía (entonces) al menos dos piezas factuales, era demasiado esperar que los escritores de primera fila pudieran satisfacer esa demanda. Eso abrió la puerta a escritores de segunda línea y yo (como Sandy, Shawn y todos los demás) tenía que echar una mano. Era el tipo de trabajo que me llevó a una serie de conclusiones sobre la edición. 

Regla general n.º 1: Para ser bueno, un texto requiere la inversión de una cantidad determinada de tiempo, por parte del escritor o del editor. Wechsberg era rápido; por eso, sus editores tenían que estar despiertos toda la noche. A Joseph Mitchell le costaba muchísimo tiempo escribir un texto, pero, cuando entregaba, se podía editar en el tiempo que cuesta tomar un café. 

Regla general n.º 2: Cuanto menos competente sea el escritor, mayores serán sus protestas por la edición. La mejor edición, le parece, es la falta de edición. No se detiene a pensar que ese programa también le gustaría al editor, ya que le permitiría tener una vida más rica y plena y ver más a sus hijos. Pero no duraría mucho tiempo en nómina, y tampoco el escritor. Los buenos escritores se apoyan en los editores; no se les ocurriría publicar algo que nadie ha leído. Los malos escritores hablan del inviolable ritmo de su prosa. 

Regla general n.º 3: Puedes identificar a un mal escritor antes de haber visto una palabra que haya escrito si utiliza la expresión «nosotros, los escritores». 

Regla general n.º 4: Al editar, la primera lectura de un manuscrito es la más importante. En la segunda lectura, los pasajes pantanosos que viste en la primera parecerán más firmes y menos tediosos, y en la cuarta o quinta lectura te parecerán perfectos. Eso es porque ahora estás en armonía con el escritor, no con el lector. Pero el lector, que solo leerá el texto una vez, lo juzgará tan pantanoso y aburrido como tú en la primera lectura. En resumen, si te parece que algo está mal en la primera lectura, está mal, y lo que se necesita es un cambio, no una segunda lectura. 

Regla general n.º 5: Uno nunca debe olvidar que editar y escribir son artes, o artesanías, totalmente diferentes. La buena edición ha salvado la mala escritura con más frecuencia de lo que la mala edición ha dañado la buena escritura. Eso se debe a que un mal editor no conservará su trabajo mucho tiempo, mientras que un mal escritor puede continuar para siempre, y lo hará. La buena escritura existe al margen de la ayuda de cualquier editor. Por eso un buen editor es un mecánico, o un artesano, mientras que un buen escritor es un artista."


19 de enero de 2015

El método del "modelo"





El kirchnerismo ha cruzado la raya. Se trata 
del día más oscuro para la civilidad argentina.
Ni la indolencia ni la indiferencia nos salvará 
del monstruo alegre que la misma sociedad
recibió con fervor.


En un país donde el más hijo de puta ladrón, estafador y criminal se expone como estrella civil y camina galantemente, erguido y temerario, como un justo entre iguales, tierra alegre donde, por ejemplo, todas las pruebas conducen al secuestro, tráfico y asesinato de una joven y sin embargo el juzgado falla a favor de la banda de traficantes que la secuestró y la asesinó, patria indolente donde impera la falta de interés del pueblo por la verdad y no existe la condena social, país de la tierra donde hasta los reos tienen derechos, militan y gozan de sueldo, debo creer que un fiscal que sabe de su estrellato inspirado en la conducta delictiva de gobierno y en quien más de medio país tiene los ojos puestos, siendo eje y centro de las últimas jornadas, y quien hasta hace pocas horas manifestó de distintas maneras estar asombrado de lo que tenía en su poder contra el poder, siendo fiscal y no juez, acaso porque no tenía tanta pruebas, o porque no estaba tan seguro, o porque padecía algún tormento ético, o porque pensó que su carrera, lejos del éxito, se acercaba al fracaso ¡en un país donde no pasa nada con un pueblo que no llega nunca a la indignación! de pronto... se homocidia.


A los argentinos no nos interesa la verdad, sino estar contentos. Y Nisman inquietaba, es el tercer atentado.. El juego es, ahora, precisamente, disipar y enturbiar hora tras hora una verdad siniestra detrás de un collar de pequeñas evidencias ambiguas, de si el arma estaba de culata u orientada al inodoro, si el cuerpo podría haberse caído de frente o de costado contra la puerta del baño, si la puerta trasera tenía llave, si el arma era para protegerse o para asesinarse, qué almorzó ese último día... hasta que la consternación popular mengüe que, sumado a las fotos de la Lechiguana –y cortesanos– con remeras alusivas y que reclaman justicia, pérdida y la ensombrecida verdad que los tenía de culo en los últimos días, más la desaparición de escena de las figuras principales incluidas en la denuncia del fiscal, finalmente se disuelva hasta ser parte del paisaje cotidiano en un reporte diario de 5 minutos, y que esta indignación que hoy nos enferma, esta cachetada espectacular civil y republicana, quede debidamente archivada en el catálogo de sucesos anuales de 2015.

O interna de la SIDE, con uso de los tontos "todonegocios" de La Cámpora, o encargo de la Rosada a través de sus cuadros, o resolución de los "amigos" del gobierno por decisión independiente, por voluntad propia, no importa, el resultado es el mismo, lograron alterar a la comunidad interna y externa. Pagan por tontos alegres, el tipo de ingenuos que postea opiniones por las redes sociales cuando ni deberían tenerlas. Nuestro país por fervor necio ahora está ligado al terrorismo, además de hermanados con los peores países de la Tierra, como acostumbra este gobierno. Nuestros aliados son Venezuela, Cuba, China, Rusia y ahora agrega a Irán. Falta pactar algo con el califato islámico y el neonazismo. El mismo espíritu de favores y  negocios que lleva a un delincuente muerto de hambre como Boudou a la vicepresidencia ahora nos deja otro regalo de excrementos judiciales en momentos en que la comunidad internacional nos mira de costado y, sin saludarnos, sigue de largo. Es que con una Cancillería paralela y servicios de inteligencia paralelos, no se sabe con quién tratar.

Demasiados "suicidados" apilados para explicar: el brigadier Echegoyen, quien pensaba denunciar las picotas de la Aduana, "atormentado" se pegó un tiro el día previo al casamiento de su hija; un funcionario de comercio, uno menor, que se "ahorca" cuando estaba próximo a casarse; otro que aparece colgado en Ciudad Universitaria con zapatillas rojas y lo declararon "suicidado" a pesar de que su mujer dijo que ese calzado no era de él; lostestigos claves de la tragedia de Once...

Pero nadie renunciará ni por ética ciudadana ni por vergüenza humana, ningún miembro del elenco de zombis escapará a otro país, nadie indagará qué interpretaron por "tapones de punta" los cuadros medios y altos de La Cámpora, o la SIDE o los iraníes, nadie dudará ahora de haber dado pelea airosa en el Congreso frente a la denuncia, todos estarán seguros de su hidalguía y quienes eran sospechados ahora serán los valientes, los príncipes de las causas perdidas, los nuevos pilares sociales del reclamo de justicia, los campeones de los Derechos Humanos.

Argentina, nunca olvides este momento de cuando te palmean el hombro mientras mediatizan la rabia de robarte una vez más tu moralidad: Terminan de violarte como a una perra callejera.





CR

¡Plof! justificado




No es bueno ni útil quedarse demasiado 
tiempo en un mismo lugar. Excepto raros ejemplos,
los grupos son casi siempre regresivos, decadentes y 
complacientes. Y lo que no crece está muerto.


A menudo cometo el error de polemizar. Expongo criterios que, a decir verdad, provienen de conceptos largamente elaborados y muchas veces inspirados o nutridos en pensamientos acertados y concurrentes de otros pensadores, artistas, filósofos, escritores, amigos, que también contribuyeron a cincelar mi propio pensamiento y mi estilo de observar la vida. Cómo explicar que un concepto de Federico Fellini, verificado en una experiencia personal, sea el promotor de mi "teoría del epicentro narrativo". Y que escriba más ensayos y críticas que ficciones habla de un espíritu crítico permanente de cuestionar lo que veo, muchas veces poniendo en duda premisas existentes. Ni la banalidad ni el conformismo o la aceptación son mis herramientas, aunque otros puedan confeccionar una obra con esos mismos elementos.

Nadie es por sí mismo, eso no existe desde que asistimos a la escuela primaria. La tridimensionalidad del ser no nace de un acto de generación espontánea, no es innato, a menos que el título de libre pensador o pensador autoformado esté signado por la creación de un lenguaje propio, con una gramática propia, una filosofía propia y hasta un sistema matemático propio. Todo lo demás es resultado de la inercia social. Incluso a quienes llamamos "genios" también adeudan a la educación general y la formación o universal o individual. Pensar en Amadeus Mozart sin Leopold Mozart, su padre, o pensar en Einstein sin Planck, sin Maxwell o Newton, es inventar arbitrariamente a dioses cuando sólo fueron hombres extraordinarios nacidos de la sociedad humana. Que otros renuncien a lo que se les fue dado. 

Pero ninguna cultura crece o mejora por el debate. Eso también es cierto. No hay una sola evidencia que confirme la mejoría de un grupo humano o popular o nacional producto de un debate o una polémica en las redes. Son por completo estériles. Nadie cambia ni mejora cuando, al contrario, a veces se ha llegado a la crispación de los ánimos. Como dice una película famosa "Cuando el vaso está lleno no se puede llenar otra vez". Al menos hasta haberlo vaciado previamente, lo que el género humano es casi imposible.

Hace poco, como resumen final, volví a advertir la futilidad de mis pasiones. Afecto como un idiota en querer ejemplificar lo inexplicable de la condición humana y, precisamente, en las redes. Es mi defecto. Quien está llamado a aprender aprenderá de cualquier manera, aún sorteando obstáculos, y quien no esté llamado a aprender, sobran las palabras, no aprenderá por mucho que se diga. Es una fantasía creer que en las redes sociales se aprende algo. Y hasta parece un trabajo cuando en verdad es una pérdida de tiempo. La experiencia no es transferible, me sirve sólo a mí. Por eso cada uno debe quemarse con fuego en la niñez para aprender a dominarlo. De poco sirve advertirle a una criatura que una quemadura es dolorosa. Pero, curiosamente, sí puedo enseñarle que dos más dos es cuatro para ayudarlo a comprender las matemáticas. Sin embargo no puedo quemarlo para que conozca cómo se siente el fuego en la carne.

Entonces, lo que pienso deviene de mis experiencias, mis observaciones, mis análisis, y me sirve a mí, como autor, para elaborar una obra, un perfil propio, solitario, una perspectiva racional o intuitiva pero nacida siempre de la percepción cognitiva. Como autor, finalmente, me cabe invitar al lector a observar el mundo de los fenómenos a través de mis ojos, pero eso no afirma que mi manera de ver es correcta, sólo es más nutrida o detallada o tal vez caótica. Es apenas mi manera de mirar. Es el lector luego quien dirá si mi visión de la existencia es pequeña, falaz, simplista, equívoca, grandilocuente, o acertada, minuciosa, correcta, implacable, empírica, existencial o apenas confusa. De un lado hay un destino, y del otro lado, bueno, no lo sé. No sé qué pasa con los demás ni me incumbe.

Pero no voy a volver a quemarme con fuego porque otro aún no lo haya hecho, así como no me preguntaré por qué tengo cinco dedos. No se vuelve atrás. Pero trataré de exponerme menos o mantenerme ajeno en lo que veo y pienso de absurdo en las redes. Cada uno tiene derecho a quemarse como se le antoje. Basta de solemnidad. Solo escribiré para quien quiera leer, pensar o reír. Pero si no les sirve, tienen el muro de Facebook lleno de mala poesía, notas mal escritas, pensamiento pueril y chongadas de toda naturaleza para una mayoría perfectamente pelotuda... ¡Plof!


CR

9 de enero de 2015

Final de juego





A comienzos de otoño saldrá a la venta 
una edición breve, de muy pocos ejemplares, 
de la segunda parte que concluye la novela
Diario del fin.



Voy a recordar que se trata de la historia terminada y presentada en 2010 para el certamen Clarín de novela (el que ganó Nielsen merecida y reparadoramente), acompañando en cantidad de ejemplares a la edición de la primera parte y aproximadamente con un paginado similar (entre 290 y 300 páginas). 

Respecto al tiempo específico de la obra se trata de un cuento frustrado iniciado entre 2004 y 2005, varias veces reescrito y terminado como novela en 2010 coincidente con el cierre de fechas de la edición del concurso Clarín de ese año. Lo anecdótico es que fue la última vez que participé en un concurso literario abierto para retirarme definitivamente de las contiendas que buscan saber quién es el mejor autor y cuál es la mejor obra. No es ese mi destino, aunque de ninguna manera desmerezco los méritos de mis colegas, ni siquiera diré que es el "camino fácil" porque tampoco lo creo cuando competir honradamente es siempre temerario y anticipa una producción de calidad popular y también erudita, simplemente no estoy en posición de destinar dineros en los concursos nacionales, y mucho menos a los del exterior, cuando prefiero destinarlos a los pocos ejemplares que edito con la exigua recompensa de recuperar esos dineros a lo largo del tiempo. La extrema precariedad de mis ingresos –con una familia numerosa– me obliga a pensar más en la construcción de un modesto público lector y seguidor de mis títulos que en la probabilidad de un acierto mayor. A eso se debe mi retiro definitivo cuando, precisamente, me había preparado toda mi vida narrativa para eso mismo. 

La novedad, más allá de las cuestiones del intratexto y los pocos referentes que agregue sobre la historia presente, estará dada por el extratexto y es que el mismo Gustavo Nielsen, nuestro arquitecto y narrador exitoso, operará como asesor de imagen de ambas cubiertas tan pronto su obra pública, el monumento al holocausto, esté inaugurado en Costanera sur. Espectacular pateador de culos, el David entre faunos corruptos, lo vi enfrentar estructuras gigantescas y aceptar el destierro de ganarles honradamente. Si algo volví a aprender de él, es que no se declina ante la adversidad cuando hemos procedido correctamente; hay que mandar a la mierda a quien sea, sin importar su tamaño. No todo se negocia.
Es un gran orgullo y una alegría para mí que destine su tiempo a mi primera novela con ánimos de publicar. Voy a repetir que he sido renuente toda mi carrera a la publicación, pero es un honor en esta hora incierta el contar con su experiencia y valía.

Anticipo una página elegida al azar.


CR

Copyright@2015 por Carlos Rigel