28 de octubre de 2014

Carta encontrada en la puerta de una casa en San Justo

La siguiente carta fue dejada en mi puerta (y no es broma) entre las 21 y las 22 hs. de hoy, lunes 27 de Octubre. Sin embargo, tras el acto terrorista de inaudito amedrentamiento, los malhechores se dieron a la fuga sin dejar rastro excepto en lo expuesto:





Las versiones de los vecinos próximos a la vivienda se contradicen ya que unos manifiestan que se trató de una camioneta blanca con inscripciones burdas alusivas al terrorismo cívico, otros que fueron dos malvivientes encapuchados y de camperas negras en una moto provistos de armas largas, y hasta una pareja de novios que simuló besarse a pasos de la entrada a mi casa. Hasta el momento, ni el grupo islámico ISIS, el IRA, o Brigadas Rojas se atribuyen la paternidad del crimen. El Mossad y el Hezbollah niegan tener conocimiento y se culpan entre sí.

En cuanto al análisis del contenido del escrito facineroso, "La pasión de Judas", se refiere a la novela concluida en 2003, y las otras dos, imagino que una de ellas es "Diario del Fin" terminada en 2010 y concursada en el Premio Clarín de novela, y la última de ellas, se me ocurre que trata de los dos tomos de "Las aventuras Quijote en las Indias". Se desprende que la misiva incluye implícita la sentencia: "Publicalas o te hacemos pelota".

CR



24 de octubre de 2014

¡Corrida de toros!



Dice el post del Face del 24 de Octubre del muro de Leopoldo Brizuela: "Debido a los últimos cambios editoriales, han llegado a mesa de saldos libros de la antigua Alfaguara, que hasta hasta último momento tuvo la política de no saldar. No sé que les pasará a otros escritores. Pero para mí al menos, es una alegría ver una novela como Inglaterra a sólo 30 pesos, y junto a libros de dos autores tan apreciados y queridos como Luis Mey y Gustavo Nielsen. En Librería "Lucas", de Corrientes 1247, entre Libertad y Talcahuano". 

Lo cierto es que Gustavo Nielsen no renovó el contrato por la re-edición de La otra playa (Alfaguara, 2010), aunque eso no aclara qué pasó con los dos autores que lo acompañan en la foto, es decir, la obra de Mey y de Brizuela, y de las alternativas que se barajaron con la novela premiada en 2010 con el Clarín de novela, se llegó a la decisión melancólica con el saldo editorial que de exponerla en librerías de oferta, propuesta promovida por el propio Gustavo. 

A la pregunta de qué pasó con la editorial, me respondió: "Nada malo, Carlos Rigel: en Santillana me dieron a elegir ampliar el contrato de Clarín sin volverme a pagar, y lo rechacé". Y agregó: "Pedí que cambiaran ciertas partes del contrato y tampoco quisieron. Se trataba de repetir una parte de la experiencia para poder seguir (...) Ahora cuando Fernando Díaz haga la peli, no le va a tener que pagar derechos al intermediario, solamente tendrá que arreglar conmigo. Mucho más sano y justo".

Nada que reprochar cuando algunos como yo visitamos las librerías comenzando por ahí, los mostradores de las ofertas, y dificilmente pasamos a las estanterías de novedades, pero me alegra saber que cambió el directorio del grupo Santillana –Alfaguara es uno de sus miembros–, corrigiendo viejos vicios. Espero que haya quedado en la historia aquella feísima experiencia de quemar libros de autores rebeldes.

Pero la otra novedad que dejó entrever es que la novela de su autoría será próximamente filmada.

CR

Pasquines ilustrados


Los acontecimientos han estallado en los parajes de 
La Matanza. Miles de millones de almas se encuentran 
ofuscadas y expectantes. Mientras tanto, ángeles 
y demonios menores estallan como petardos navideños
en el aire venenoso. Las tribunas literarias
de los Autores de La Masacre desbordan. Multitudes,
como de 80 personas, esperan el desenlace.


Qué compungido estoy: Una comunidad sobresaliente de escritores afamados y prestigiosos, locutores radiales entendidos y eruditos, pero también talabarteros, chanchistas, cuernistas, profesores y peones de studs, finalmente me han bajado el pulgar. 

No me cabe más que el autoexilio, paria infiel de una hermandad semántica, eso y quemar mis libros en una pira autógena y radioactiva, Gehenna de la depuración literaria, renovación kármica y dármica de mi alma. Ta vez probar en otra vida mejor suerte. La impugnación irreparable cruza los océanos geográficos de la tinta, millones de habitantes esperan tras la galaxia de San Justo y alrededores: Autores que han agotado ediciones de, quizá, 50 a 60 ejemplares, animadores de programas mundialmente afamados y escuchados por una audiencia de quizá 200, canillitas miembros de la fundación Novel repartidores de pasquines y payasos de fiestas infantiles, ahora me son indiferentes. El éxito está allanado. No hay más que hacer sino escapar, huir, ocultarme. 

Como un paciente terminal debo iniciar el tránsito al Calvario del silencio, sumido en meditaciones ácidas y profundas. Ellos, los escritores y poetas, me niegan. No sé qué diablos puedo hacer, no pertenezco al reino de las bibliotecas ni al marquesado de los escritos. Mi nombre será borrado tanto del cielo como de la tierra y la historia. 

Estoy acorralado. Mi pluma no tiene ya sentido, perdí la brújula, me quedé sin temas, sin recursos y, lo que es peor, sin estilo. He perdido el Cervantes y con él, la oportunidad de trascender, de cruzar los límites de la muerte e ingresar en la Eternidad. Así, además, no agotaré jamás las ediciones de mis títulos. Todo se me ha sido negado: los micrófonos, los pupitres para el firmado de ejemplares, las aguas de la palabra. ¡Señores, mi nombre está en los medios universales asociado a la infamia, oh! ¡Miles de millones de seres gatillando su repulsión en mis sienes, oh! ¡Mis escritos mancillados por lar hordas justicieras de quizá 30 personas, oh!... ¡Como si fuera yo un Frankenstein de la escritura, no, no, no!... Dios, ¿por qué tal infortunio? Juguete tétrico del destino, no sé qué haré a partir de hoy, ¿acaso someterme dócil a mis verdugos y ejecutores de la crítica erudita, buscando así promover la piedad? ¿Serán de tal nobleza que con sus plumas tan aclamadas, firmarán mi perdón? ¿o acaso repetirán mi nombre infame y canalla por siempre para mi eterna condena?

Pero, quizá, de exponerme ante el juzgado de notables públicos y populares e implorar piedad, le necesaria clemencia, la compasión de los sobresalientes, pueda yo ser perdonado en mis vilezas y fechorías, y así, mi abyecta alma concluirá penando en castigo, como una especie de vagabundo bajo los puentes civiles, como perro callejero, un mendigo en las orillas del reino multicolor de la poesía que me ha sido negada. Y la ruindad de mis escritos innombrables, y que yo mismo he de quemar en reparo y abdicación total junto con mi renuncia galiléica a continuar el acto infame de pensar ¡puaj!, y de creer, ¡puaj! y de escribir ¡puaj, nunca más!, encontrarán así el descanso eterno del Infierno ¡comiendo yogurt descremado para siempre!, ¡milanesas de soja hasta reventar de asco! ¡Nunca seré listado como escritor en la tierra culturosa que me vio nacer! ¡Jamás seré invitado a programas de radio! ¡Nunca seré consultado! ¡Mi títulos serán quemados en público, expiación necesaria para que las letras locales se recuperen del atropello criminal por mis infamias injustificadas! ¡No habrá canillita de libros que me recuerde, no, no, no! ¡A mi tampoco me gusta leer a Rigel... monstruo! 

Los salmones jamas probados, las espinas para mondarme los dientes, los chicles pegados bajo el pupitre, las sardinas enlatadas como cadáveres planos junto a la cebolla picada fina y el salero que espera el momento cruel, el pan con aceite de oliva y los ají putaparió, la copa de malbec sudando de terror, todo, todo. Y nada.... Nada. Apenas escapar y escabullirme entre los matorrales ciudadanos, ocultar mi leprosa deformidad cerebral porque en un paraje famoso de este mundo, un autor finalmente ha sido reprimido en sus perniciosas maldades. Los sobresalientes aclamados por las multitudes ardientes de seguidores ilustrados, tanto como sus ídolos letrados sentados en los sillones de los fueros magnos, están en paz. De aquí al Nobel para todos ellos hay sólo un paso.

CR

18 de octubre de 2014

Origen y sucesión

Lo que está tomando estado público de 
mi enfrentamiento con un comité de orangutanes 
coordinador de una comunidad de autores locales
en la que todavía tengo amigos y que por suerte 
se abstienen de tomar partido. Algunos de ellos, incluso, 
se han retirado silenciosamente, tomando distancia,
otros con disgusto, dando un portazo, dejando 
aislados al fin a los artífices de las calumnias.


Voy a recordar cómo fue la sucesión de hechos que desata este chusmerío de "yo dije, yo hice" y valoraciones posteriores de idas y vueltas con una organización difusa y nominativa, Autores de La Matanza, comunidad formada de hecho por la integración de autores de poesías y narraciones, a la cual serví en la promoción de la libre expresión literaria, y con la cual hoy estoy enfrentado pero no con todos ellos, porque tengo presente que no todos participan de la campaña de desprestigio de mis libros, actividad digna de simios, como me refiero a ellos, porque ¿qué problema podría tener con la honradez de Ricardo Montarte, qué con otros autores como el admirado Roberto Cisterna, que en cada edición de la Feria cruzan los pasillos para dispensarme un saludo honesto y cordial? Y no miento, no necesito mentir ni ocultar ni deformar la verdad para ajustarla a mis motivos, agregando algo que no haya visto o que no se me haya compartido como testigo fiel desde las redes.

Durante el encuentro de autores durante la Feria del Libro de 2012, disponiendo del micrófono, se me impidió en dos oportunidades concluir un reclamo de mejor apertura de los grupos representativos dedicados a la escritura, ya que estaba observando la discriminación de autores de ciudades cercanas a participar del stand de la Feria, gente amiga que participaba del café literario Rincón de Letras. Tal cual lo manifesté en ese preciso momento al simio de Víctor Orellana, se había equivocado. Aún hoy expreso lo mismo. Nada costaba incluir en el mostrador como "autor invitado" los libros de poetas o narradores allegados al grupo o incluso desconocidos, aunque fueran de otras ciudades, como CABA y otros distritos. Y lo mismo sostengo ahora, ya que he sido recibido en el partido de la costa y otras latitudes, y nunca fui discriminado por ser de La Matanza, cuando es frecuente con los habitantes del municipio

Ese reclamo fue acallado, impidiéndome terminar en las dos oportunidades que intenté cerrar el concepto ante el público. Participaron del acontecimiento digno del Proceso, como una y otra vez lo he escrito, el burlón de Christian Leonardo Malattia, animador de chistes, y con sus burlas y risas, la escribidora de poemas, doña Margarita Salas. Más tarde llega el simio retardado de Víctor a sumarse de puro comedido, ya que la mente no le da para más que eso. Debo aclarar que por esta acción jamás se me pidió disculpas, sino que fue confirmada a través de nuevas burlas y nunca negada por ninguno de los partícipes, ni siquiera considerada. 

Desde entonces, cíclicamente he recordado este hecho, ya que no tengo por qué ocultarlo, así como ellos hasta nuestros días lo dan por natural, adecuado para una organización literaria y hasta necesario para la salud de las letras locales. Por eso, ahora, todo lo dicho, justificado y explicado, me sigue sonando a burla contra mi persona y mis libros, más proclive de mi parte a una trompada reparadora contra hijos de puta que a la explicación pacificadora. Soy barón con B larga y con V corta, y si no me burlé y los insulté en sus caras cuando los crucé, hasta hoy, fue para no concitar el asombro de mis lectores, allegados y público con bochornos.

El punto culminante de esta campaña contra un autor independiente y sus propias menciones, recordando el episodio de 2012, culmina cuando publican en las redes sociales las tapas de mis libros completando una campaña clara de difamación contra una obra literaria registrada en la C.A.L. y que consta con los depósitos legales que marca la ley de protección de los derechos de propiedad intelectual, hecho que ha convocado libremente a la solidaridad en esas mismas redes sociales de nuestro novelista premiado, Gustavo Nielsen, ya que él también recibió el desprecio de su obra, como ya conté oportúnamente, cuando le queman dos ediciones de sus libros por el sello Alfaguara, como castigo por un juicio ganado a otro sello editor, uno que prefiero olvidar; por eso su solidaridad con mi causa y que yo agradezco.

Esto es tan cobarde como insultar a mi hijo con fotos en las redes públicas y luego dirigirse a mi con respeto y corrección, con la galantería que dispensa la distancia y el saberse correctos y gente de bien: no hay que creerles, es una prolongación de la burla, del acto jocoso de continuar burlándose, cuando hasta hace días me tenían de frente a diario y evitaban mirarme; o murmuraban cuando pasaba por allí para salir a fumar fuera de la carpa. Por eso digo que son cobardes. Mi sola presencia los hace cerrar las ventanas y continuar pero bajito.

Cagones como son, es lo que pueden hacer: murmurar bajito como putas de conventillo para luego comportarse de lejos como héroes refinados. No lo son, son orangutanes. Y si ahora digo que son afeminados reprimidos y simios, es porque se enorgullecen de serlo, lo confirman cada día. Esas burlas continúan, y cuando mencionan sus buenos deseos con mis libros, mis ventas y mi obra, es otra burla porque esas mismas cubiertas eran mostradas en los muros sociales hasta hace días como parte de la difamación y nadie advirtió que hacerlo era un delito civil con el auspicio de una Secretaría comunal. Por la mediación de un allegado es que no tomé el asunto por el camino legal, como era mi intención. Nunca hubo ni reparación ni disculpa, por eso agrego que, además de simios y putas, son mentirosos, como todo hipócrita: intentan dar una imagen social que no condice con sus actos y una osadía que, en verdad, no tienen en persona. 

Entonces, lo afirmo, son censuradores, represores, cagones, afeminados reprimidos, orangutanes y, como tal, burlones. El acto más bajo, el más cobarde, es difamar la obra de un autor cuando no se atreven a hacerlo con el propio autor en la cara, cuando ellos se tienen por autores y escritores, comité de coordinadores pertenecientes a una organización que, en apariencia, dice promover la escritura. Las cortesías se las meten en el culo, valen tanto como sus escritos, revelaron lo que son: aprendices de persona. Digo, entonces, con absoluta claridad: Grupete de simios, váyanse a la puta que los parió. 

Así es el mundo visto desde La Matanza, un acto de censura público se encubre con burlas cínicas y nuevas campañas que desde hoy merecen algo más que mi repudio. Son simios y como tal serán tratados. Ustedes no se disculparon y yo no tengo nada que meditar acerca de mis observaciones. Y les podré confirmar estas, mis expresiones, cuando, a partir de hoy, se brinde la oportunidad de tenernos frente a frente. Para aclaraciones posteriores, lugar, fecha y hora.

CR


Respuesta de la doctora Liudmila Calderín

Cómo es esto, me tenían al lado y pasaban lisos, 
tipo "no te vi", y ahora estallan en las redes como 
valientes ofuscados. Tal como dije, son afeminados 
reprimidos. Y así escriben.
Responde la Dra. Liudmila Calderín desde Brasil.



"He tenido la oportunidad de leer algún que otro libro del señor Barón Carlos Rigel, y consideró que se salen de la cursilería barata a la que muchos están acostumbrados, haciéndonos pensar y reflexionar. Siendo una latina como soy (y que conste, ni soy Argentina, ni vivo en Argentina) he podido y doy gracias, el haber accedido a la literatura del señor Barón, más leyendo su blog personal, encontré una critica, bastante..... inútil, de un señor llamado Christian Leonardo Malattia, al cual, jamas he oído mencionar, quizás señor, sea usted muy afamado en su ciudad, mas disculpe mi ignorancia y desconocimiento de su presencia en este mundo, pues realmente no se de ningún escrito suyo. Si en algo estoy desacuerdo con el señor Christian es que existe diversidad de criterios y eso, por supuesto, es respetado, pero también pienso que cada cual tiene el derecho de eliminar de sus contactos a quien le plazca, sea por la causa que sea, no siendo esto motivo de censura, y siempre y cuando esa diversidad no raye en lo pueril, absurdo, ridículo, mediocre y envidioso. Doy mis felicitaciones al señor Rigel por su literatura innovadora y creadora, quizás no entendible por muchos que se consideran eruditos, y a usted señor... (dios, olvide su nombre)... si, claro, Christian, disculpe nuevamente mi ignorancia, creo debe preocuparse un poco mas por su crecimiento intelectual, literario y humano y deje al resto con sus glorias. No conozco a autores de La Matanza, aunque ya su nombre se me esta haciendo familiar de tanto verlo en facebook. Ha sido todo un honor coincidir con un autor o no?, de La Matanza (aunque repito mis disculpas por mi desconocimiento de su arte). Quizás algún día señor Malatti (es más italianizado) sorprenda a la humanidad literaria con un Cervantes y entonces veremos quién es el censurado y quién el censurador. Un placer haber visto su rostro y por favor, cuando redacte, percatese de que a una personalidad como usted, no le falten letras en lo que escriba."



De la doctora Liudmila Calderín, desde Brasil.