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El paseo que concluyó Nielsen para recordar el holocausto judío, en problemas. |
Recuérdenme, cuando decían que
"la cultura es algo muy importante", ¿como
cuánto era eso de
importante?
Desde este espacio
solitario he denunciado muchas veces el compromiso laxo y insano de la política
populista con los valores verdaderos del arte y la promoción cultural. O
bastardeados o ensalzados, los actores de las disciplinas artísticas o no existen o son vapuleados y usados como carne de cañón; o el barullo de la gestión o la nada. Si los gobiernos no son cultos sólo
verán la herramienta de conveniencia inmediata en el acceso a sectores sociales
amplios y populares o limitados e impenetrables, ese segmento que comúnmente se muestra escéptico
de los discursos del turismo político. Por eso operan mayor interés y destino de
recursos –y menos burocracia– orientados a los deportes populares, como el
fútbol, mientras que las corrientes genuinas del arte serán acomodadas o
removidas como un aparato suntuario reservados a unos pocos. De allí el juego
de atracción, neutralidad o rechazo, según cambien los momentos y los ánimos.
Ese es el lugar que ocupa en el panorama cultural. Es otra prenda del populismo.
Otra
revelación de la funcionalidad discrecional del arte en la visión de la política
en tiempos demagógicos, es que los artistas destinados a la función pública lo
son por su popularidad y adhesión al gobierno, no por sus antecedentes sociales
ni su actuación institucional. Las designaciones, o favoritismos, no pasan por la
tracción sobre los problemas sociales, sino por la seducción del público. La
cultura nacional hoy tiene heridos y desaparecidos, como antes, porque al
final, el artista argentino vive prendido de una red de salvamento en el ojo
del huracán: Si falla el manotazo cae al abismo.
Así parece estar
padeciendo nuestro arquitecto y novelista Gustavo Nielsen con su Monumento a la
Shoa judía, la obra terminada en el ex Paseo de la Infanta, Costanera sur de
Palermo en la ciudad de Buenos Aires, dedicado a la memoria del holocausto en la Segunda Guerra, pero que aún espera la inauguración oficial con reconocimientos que le pertenecen a su autor y sus colaboradores.
Se trata de un
concurso internacional convocado por la DAIA y el Museo del Holocausto y que él
ganó, como siempre, cumpliendo con las bases y condiciones limpiamente. Lo pagó
Cultura de la Nación. Así, DAIA y Cultura de la Nación son comitentes, uno
por solicitud y el otro por financiación. Pero no fueron pocos los obstáculos
resueltos por el grupo de profesionales liderado por Nielsen, porque la dimensión del proyecto
implicó cambiar la categoría del encuentro de arquitectos como proveedor del
Estado. Ahora figuran frente a la Secretaría de Ingresos Públicos como Sociedad
de Hecho –sin personería jurídica–, cuando corresponde a grupos como Techints y
otros. Pero la dilación de su inauguración convierte al éxito en calvario.
"Nos está perjudicando económicamente y no veo ninguna reacción cercana y
sí una pila de vencimientos y de plata que pagar a los bancos, a Ganancias, a
la AFIP", dice Gustavo.
No terminamos de acostumbrados nunca a perder en el
tiempo las batallas que ganamos a las estéticas, –"Si pasa un mes más sin
noticias, el premio se habrá convertido en castigo", agrega–, la burocracia
enferma lo que está sano y como si fuera poco, la proscripción o el desinterés
por los méritos o emprendimientos de gestiones anteriores, y que antes era
moneda corriente entre gobiernos de diferente línea, ahora ataca los resultados
desde los cambios internos de figurones de un mismo gobierno, uno de tipo
populista que hace mucho perdió el rumbo. El tiroteo ahora es entre
salientes y entrantes. Como enfrentamientos entre barras bravas o bandas narco, a nadie le importan los heridos externos.
Las partidas
de dinero para la realización fueron erogadas por el Estado bajo el control
administrativo de nuestro arquitecto, "lo que hicimos con total
responsabilidad", aclara el autor de la obra, de allí se subdividió en
jornales, servicios profesionales, pago a los proveedores y a las empresas
subcontratadas. Y agrega "Tienen que inaugurar para que nosotros podamos
cerrar la Sociedad de Hecho que abrimos a efectos de construir el Monumento.
Quedan cosas por hacer, pagos por concretar y trámites a cancelar (cauciones,
por ejemplo). Espero que alguien se haga responsable antes del 15 de Mayo, que
es el vencimiento de Ganancias".
Es obvio que hay un problema de
jurisdicciones entre el gobierno de la Nación y el de la Ciudad, más un
inoportuno cambio de personal, de cuando convirtieron a la Secretaría de
Cultura en Ministerio de Cutura, lo que motivó el retiro del anacrónico Jorge
Coscia, más un empuje adicional de la ultraderecha en DAIA-AMIA opositores al
gobierno en esta nueva conducción, amanecido luego del escándalo no cerrado del
pacto Argentina-Irán que buscó sublimar la rabia de los ataques con aportes de
dinero sucio a la campaña de Cristina Fernández vía Venezuela. Jugar a la historia arruina el momento. "Más mala
suerte no pudimos tener: nos cambiaron a los jefes de la DAIA y a los que nos
pagaban en Nación a mitad de camino. Nos quedamos en un limbo extraordinario:
los que nos habían dado su palabra se fueron; los nuevos desconfían de nosotros
porque alguna vez supimos entendernos con los anteriores. Así no se
puede".
Y prosigue: "La DAIA anterior era sociable: Aldo Donzis
llegó a venir al "Galpón" para estudiar la maqueta con nosotros.
Además de que el proyecto le gustaba y respetaba la decisión de un jurado
internacional de notables que lo seleccionó entre cantidad de trabajos, se
arremangaba para discutir cada novedad, y nos invitaba a testearlo en sectores
de la comunidad en los que no estaba demasiado seguro que pudiera gustar.
Nosotros fuimos, durante cinco años, a cada lugar que él nos invitó y le
presentamos el monumento a todos. La buena voluntad nuestra se encontró con la
buena voluntad de ellos. Ni bien firmamos el contrato para comenzar, cambiaron
las autoridades para ser reemplazadas por unos tipos durísimos e inalcanzables
cercanos al rabino Bergman. Chau diálogo".
Es que tampoco
terminamos de acostumbrarnos a la relación determinante entre los episodios de
la política internacional con el escenario interno de la vida cotidiana. Ahora
es al contrario en la Ley del Caos con el mitológico efecto mariposa:
Porque saltó un dinosaurio en Japón ayer murió una polilla en Perú; por eso mañana lloverá en Marte. Tal la conexión de los actos de gobierno cuando rebotan entre burós
externos con acuerdos sucios, y un monumento en un paseo vecinal de una ciudad
oculta al sur del mundo, a la altura del paralelo 34.
"¡Y nos pasó
algo parecido con la Nación! –reclama el autor y arquitecto–. Cuando estábamos
terminando la construcción cambió toda la gente de una Secretaría a Ministerio,
y perdimos la línea directa con Hamawi, que era otro grande que nos solucionaba
todas las cosas, porque sabía el esfuerzo que estábamos haciendo. ¡Solamente
pasar de Monotributistas a una Sociedad de Hecho fue una locura de la que
todavía estamos tratando de salir! No había otra manera de hacerlo, y Hamawi en
persona nos acompañaba para que la AFIP no nos tratara como si fuéramos grandes
contribuyentes, unos nuevos Techints".
Estoy seguro de que si se
tratara de un acuerdo millonario de préstamo con la banca externa y con la
participación estelar –y picota incluida– de los ministros y secretarios de
Economía, nada alteraría el normal funcionamiento hasta la conclusión de la
gestión. Pero no es así, sino que se trata del monumento de un artista en un país que
menosprecia la obra de los cultores del arte si no tiene un inmediato beneficio
mediático que llene estadios con adulones y ñoquis. Pero buscando el origen, el momento de cuando las decisiones se tomaban, recordemos que para los tiempos en que convocan al concurso por el monumento que intentó seducir al mundo judío con una cuota de humanidad recreada, también prosperaba el acuerdo con Irán sin necesidad de humanidad alguna. Todo es de plástico.
Y si no ganar
un concurso se siente como un fracaso personal, ganar aquí a veces puede
resultar en otro emblema de una condena kafkiana al estilo del edificio de la Biblioteca Nacional. Imagino la dignidad de don Clorindo Testa
30 años después de aquel concurso que lo diera como ganador del proyecto
monumental. Nuestro país tiene una larga tradición de volver pírrico cualquier
triunfo. El monumento de Gustavo Nielsen, tristemente, no será el último en dejar expuesto otro mamarracho de gobierno. De todo se hace a fin de cuentas un muñequito "Maradona" manufacturado en China.
"Ahora
sentimos que por desconocimiento y por desconfianza (somos un contrato
anterior) nos soltaron la mano, y si no nos ayudan en los próximos días vamos a
tener que salir a pedir un préstamo a los bancos para financiar impuestos que
fueron cobrados de más, en la perspectiva de que nadie hace una Sociedad de
Hecho si no tiene visión comercial de futuro. Nuestra S.H. era para cerrar ni
bien se terminara el objeto a contratar, no para seguir de por vida. Coscia y
Rodolfo Hamawi lo sabían; (la ministra) Teresa Parodi se está enterando ahora.
Debe tener mil cosas más importantes que hacer, pero si no se termina de
enterar pronto, me van a rematar la casa de Barracas por infracciones
impositivas de las que no tengo la culpa".
Todos tenemos cosas
importantes que hacer, de lo que se trata es de llevar adelante con equilibrio
lo importante con lo urgente. Procuremos que nuestro arquitecto y escritor
premiado Gustavo Nielsen no se convierta en otra víctima tardía de Auschwitz pero tampoco en otro herido residual de DAIA ni de AMIA. No
es aceptable plasmar al autor en su propio monumento en memoria a los caídos por el otro odio y el cinismo vividos.
CR
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