25 de agosto de 2013

Aztecoides y colibríes: Deleites de la sombreridad




El misterio del sombrero finalmente ha sido revelado. Se trata de la obra "Pescador de ilusiones" del artista argentino Guillermo Didiego. Los posteos corresponden al muro de Facebook en dos fechas separadas, el 4 de julio y el 25 de Agosto.



Carlos Rigel: Se lo ve esperanzado, expectante, casi iluso... ¿quién fue el modelo?

                 
Guillermo Carlos Didiego: Vos..., después de tu libro...
(se refiere a un capítulo del libro El conquistador don Quijote de la Mancha en el reino de Las Indias de mi autoría, de cuando el manchego llega a la provincia de La Riojana y conoce al Marqués Caudillo Chiroga Tresmenes, copia única editada especialmente como regalo).
                 
Carlos Rigel: Entonces soy esperanzado, expectante y casi iluso (aunque algo tímido). ¿Es tu imagen del espectacular, soberbio y inigualable Carlos Rigel?

                 
Guillermo Carlos Didiego: Ese es... Un fantástico soñador que llega sin saber; ese es Rigel un iluso ilusionista...


Guillermo Carlos Didiego: es un Quijote americano... Jejejeje… ahora voy ha hacer "la cazadora...", será su compañera...
ni desilusionado y aún menos sin ilusiones, es un "Quijote americano", saltador de océanos, vencedor de aztecoides, todo para dejar su perfume en los senos de una dama... En el no habita la desesperanza...

                 
Carlos Rigel: Es esperanzador, entonces, soñador catapultoso, creo que primero lanza las ilusiones bien lejos y luego parte hacia ellas, guiado por la brújula cardíaca. Todo un soñador.

                 
Carlos Rigel: No dejo de mirarlo, me encanta y me atrapa en su campo magnético, pero no me hago ilusiones de tenerlo en mi oficce.

                 
Guillermo Carlos Didiego: ¿porque no...?

                 
Carlos Rigel: Porque tendría que aceptar una burda copia láser sin dedicatoria de su autor... inaceptable.

                 
Guillermo Carlos Didiego: Nunca una burda copia, si una extraordinaria copia en camba... Como corresponde para que la enmarques.

Carlos Rigel: Eso me alegra hasta el fervor, y no son banalidades. Estoy cansado de afanar imágenes pretendiendo que he adquirido una pedazo de la creación. La creación no se afana.

                 
Guillermo Carlos Didiego: La deformidad no existe, es una realidad limitada, sólo puede ser apreciada por el artista.
                 
Guillermo Carlos Didiego: Nunca podrás afanar la creación, le pertenece a un sólo ADN. Apenas podrás recrearla si la repites o publicitarla, si la fotocopiás. Amigo del alma, dispones de todas mis imágenes porque dispones de mí. Abrazos.


De proporciones áureas, el sombrero que protege mi
particular peinado beethoveniano.

 Carlos Rigel: Me gusta mucho esta obra, aunque me avergüenza decir que me veo reflejado en ese personaje entre alegre, fantasioso e irresponsable. Me alegra el éxito de tu gira por el norte (Corrientes y Chaco).

                                   
Guillermo Carlos Didiego: Querido amigo Carlos Rigel, esta obra está inspirada en tu persona, pero no pienso hacer público como ciertos esos auto calificativos que dejaste entrever en tu comentario. Sólo puedo decir, y me hago cargo, que el sombrero está puesto ex profeso para tapar el revuelto nido de palomas y colibríes que con algarabía portas habitualmente.
                                   
Silvia Beatriz Cavani: Excelente comentario.... conociéndolos a ambos! Jajaja!


Carlos Rigel: Jajaja... bueno, menos mal. Gracias, has preservado sobriamente (y sutilmente, debería decir) mis nobles cualidades creativas para la Eternidad. Ahora portaré con algarabía el sombrero tan monocromáticamente dispensado por tu mano.

                                   
Guillermo Carlos Didiego: Querido amigo, no lo soportes, quitá tu sombrero para que el sol caliente los huevos que porta el nido... Jeje.
                                   
Carlos Rigel: Bueno, por ahí, y con suerte, sale un pollo o un faisán.

                                   
Guillermo Carlos Didiego: Querido amigo, te admiro porque en esa cabeza hay un nido de letras que dan la luz a las ideas que duermen, que deambulan desordenadas por las circunvoluciones laberínticas donde reposan infinitas, patrona de privilegiados como vos... Ellas gobiernan... Ellas eligen a quién... Necesitan ser entendidas para no desvanecer abrazadas a la ignorancia... Un cariño fuerte, con amor y pleitesía.



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