8 de febrero de 2010

La guerrilla de los mundos



Naves achorizadas sobrevuelan Buenos Aires. 
Mientras tanto...


Cuando en pleno mediodía, y desde un cielo diáfano, descendió en mi patio el primer ovni, me encontró escabiando, mientras el costillar de asado lagrimeaba sobre las brasas. Mi actitud inmediata, entonces, fue poner un vaso más y servirle un tinto fresco. Como buen cristiano, dejó el rayo láser en el suelo. Hasta le ofrecí soda que, inexpresivo, desdeñó de inmediato mientras miraba inquieto el asado. Yo le conté de Spielberg y de las gomas de la vecina de al lado. Le pregunté —con semejante cabeza— qué analgésico usaba. Pero al ver que del ovni seguían bajando humanoides, interesados en la parrilla y desinteresados por lo visto en mi amistad y las reglas de la sana cortesía, no tuve más remedio que sacar la 38 y empezar a los tiros. ¡Ping! ¡Flang! ¡Pum!

Del libro La hipotenusa perniciosa, 2012
Barón Carlos Rigel

Copyright@2010 por Carlos Rigel

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