1 de septiembre de 2019

Islas de fuego

Omar Cao (1948-2019)

Lo que nos hiere nos autodefine. Así mismo asisto a la despedida final del poeta matancero Omar Cao junto a su familia y amigos en el Jardín de los Ceibos. El fin elegido para el escritor es el fuego, las cenizas, dignatario del Valhalla, pero más aún de "La nave de los locos y diferentes" en la tradición tehuelche.

La mañana es fría y demasiado clara como para soportar el rugido de los extractores de calor que emanan del horno desde que comienza su labor. No todos nos hemos ganado el fuego y aquí, hoy, es el elemento restante a una obra que ahora es más grande que su propio esculpidor. De hecho, la sobrevive. Así debe ser. “Las almas de todos los hombres son inmortales, pero las almas de los justos son inmortales y divinas”, dice Sócrates. Yo creo que Cao, además de poeta, fue un justo, un desobediente, un nada funcional, otro "Almafuerte" hecho de cieno, letra, mate y vino tinto. Sobran las conclusiones emanadas y aunque no lo conocí personalmente sé de su labor de medio siglo.

Hay quien elige honrar los huesos y una lápida que, al fin, será olvidada en el cenotafio de un océano humano interminable; hay quien elige conservar las cenizas; otros esparcirlas al viento o al mar y honrar los recuerdos hasta que un día el tiempo los disuelva; otros, conservar la osamenta y vivir el duelo con forma de ramos marchitos de una liturgia frente a un nicho que nada dice de grandezas o bondades. Pero el dolor siempre está. Lo siento en las palabras que intentan el raciocinio de la poeta Anahí Cao, su hija, mientras ordena sus sentimientos.

Por suerte, aquí hay una obra que transmuta el rumor ígneo de las llamas en poesía y, así, el dolor hiere menos. La reunión pasea la espera alrededor del horno del fin por caminos de césped y piedras que crujen mientras los versos de un libro elegido para su lectura saludan al parque. Continuidad de los parques titula Cortazar a uno de sus cuentos famosos, que hasta me parece adecuado al momento, y el Sol por suerte entibia el paseo hasta que el fuego cumpla su destino. 

Pero la muerte de Cao desnuda de nuevo rencillas, evasiones, desapariciones inexplicables, agujeros negros de los cuales se me pide no escribir. Nada que no sepa. Ya hablé de las “islas” matanceras, las islas y los “quiosquitos” en palabras de Víctor Cuello. La Matanza no tiene arreglo. No queda más que vivir y morir alienados en una tierra desconocida y todavía inconquistada que no ama a sus habitantes ni honra a su propia cultura y menos se preocupa por ella. Precede a cada figura su ideología partidaria y eso es mierda, pero es la mierda de moda en estas épocas de ganada oscuridad. Concluyo que se debe leer a Borges o a Mujica Lainez o a Sarmiento a escondidas, no sea que les deba reconocer que escribían bien. 

Escribe Shaw, "Cada hombre haga lo que vino a hacer y cumpla con su obra. Cuando me muera, que el deudor sea Dios y no yo". Parta con nuestra gratitud, Sr. Omar Cao, su obra está completa. Pero como a la muerte de Pedro Chappa, quedan menos certezas para vivir que desalientos para metabolizar. Incluso el dolor se irá y no quedará nada excepto su poderosa obra poética. Las llamas no la alcanzarán. Ahora son viento. Las cenizas yacen en la urna. Todo terminó. O todo comenzó. Hay que merecerse el fuego, eso no es para cualquiera. La poesía tampoco.

Rigel


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15 de mayo de 2019

A la partida de Leo Brizuela


No olvido que en Agosto de 2015 hice gestiones con los organizadores de la Feria Municipal del Libro de San Justo, Secretaría de Cultura y Educación de La Matanza, para traer a Nielsen, a Mey y al hermético Brizuela, para darnos una apertura de cabezas a los autores del oeste sobre un género todavía extraño para muchos narradores, la novela contemporánea, presencia destacada del fallecido ayer que encargué al amigo Nielsen, quien no me admitirá una sola mentira a mis afirmaciones.

Hoy muestran su herida sorpresa quienes fueron indiferentes desde el momento en que reclamé 9.000 $ para repartir entre los 3 autores sobresalientes de nuestra narrativa. Y hasta me ofrecí a moderar el encuentro gratis para no engordar la cifra. Pagaba yo de mi bolsillo los remises del traslado de cada uno, como se merecen. Pero el dinero cerró la gestión con un NO final. 

Es que no han perdido la costumbre: Todos los días crean un "Almafuerte" y luego de muerto le rinden homenaje. 9 mil pesos y después gastan millones en asados y micros para la militancia y punteros de mierda. Si, incluso, que me hayan quitado el Stand en esta Feria de Libros es un distintivo de honor... Caraduras.

Rigel


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15 de enero de 2019

Liberis


Por el momento, el ensayo de literatura y alcoholismo con sus 180 páginas no cuenta con editor a la vista. Se trata de un material muy comercial y pienso que tendrá buenas ventas. Es probable que lo edite yo por mi cuenta para registrar algo de ingresos por el costo de realización. Luego, con un ejemplar en mano, visitaré, una editorial céntrica que tengo en vista desde hace un tiempo pero que ya tuvo un descenso en el distrito a través de un autor matancero. Y sé que ya ha celebrado contratos por cesión de derechos de autor. 

Posiblemente ceda los derechos parciales sobre las 14 o 15 obras editadas para ese momento. A poco, ha empezado a pesarme arrastrar la edición de 14 libros que se agotan en reposiciones cada vez más cortas pero que me restan tiempo para ocuparme de mis otros asuntos, como escribir y terminar las novelas y los ensayos comenzados y hasta, incluso, que han cumplido con la mitad del plan total de la obra para quedar suspendidos en el limbo de los escritos. También para dedicarme a la edición de otros autores que comprometen mi criterio y mi interés. 



De cualquier manera, seguiré trabajando sobre cuatro o cinco títulos nuevos de gran porte, y uno de ellos para concursar en un certamen de novela en 2020, a mi regreso a los grandes premios de narrativa, luego de mi retiro de 10 años de las compulsas abiertas. Cuento con las facilidades que me ofrecen editores amigos para enviar material al exterior a muy bajo costo, la causa principal de mi alejamiento de los certámenes. 

Que viva anulado en el corazón de La Matanza no es óbice para detenerme.

Rigel

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5 de enero de 2019

Conquistados







Cada generación debe escribir su propia historia”, dice Goethe, acaso para mantener el compromiso generacional con los sucesos de la sociedad humana a través del tiempo, pero me niego a sumar fechas y lugares como resumen de cronologías huecas de humanidad. Aprendimos más de Rosas con el novelista Andrés Rivera que por los libros del historiador Feliz Luna. 

Las fechas y los actos nada dicen de los motivos cuando son incluso más trascendentes que los resultados. Ni siquiera las buenas o malas intenciones determinan la conclusión de una voluntad que pudo ser magnánima y altruista en su origen con un pésimo final. Faustianos, como somos, incluso a la inversa. 

También dicen que el camino al Infierno está lleno de buenas intenciones. Me atrevo a concluir, entonces, que el camino al Cielo debe estar repleto de nefastas intenciones. Tal vez así logremos desactivar el criterio del camino a uno y otro lugar para concentrarnos simplemente en la humanidad: Todo está aquí y nunca dejó de estar frente a nuestros ojos, y no vale mirar los procesos por una cámara de fotos o de video. Documentar es sólo una parte, la ínfima parte, y reunir datos es tarea de compiladores. 

Porque de nada sirve reescribir la historia con la mente conquistada por conclusiones anteriores, así como no sirve una poesía fundada en sus criterios por la España conquistadora e imperial, recordado las palabras del poeta español Antonio Gamoneda, porque nada nuevo saldrá de allí, sino más de lo mismo. 

Fracturar las convenciones, poner la historia patas arriba a ver qué surge, no es para todos. Cualquiera registra el final del Titanic, pero casi ninguno buscará la historia del iceberg que lo hunde, porque suma los atributos de la cronología con la subjetividad. Humanizar un pedazo enorme de hielo, perseguirlo desde su origen continental hasta su desintegración oceánica, es el desafío en la edad del “sujeto”. 

En poesía, los autores exceden la marca aceptable de subjetividad: "Soy yo y sólo yo, todo es lo que me pasa a mí y a nadie más", mientras que en el registro histórico es donde falta el sujeto, cuando yace aplastado por los hechos, las cifras y los datos. Y donde debería primar el individuo para completar dimensionalmente los sucesos, resulta que lo suprimen.

La tarea de recopilar datos gélidos es siniestra de por sí cuando desnaturaliza la obra del hombre nacida en su corazón desde que aspira a una objetividad discordante con el espectro humano, como intentar leer los esfuerzos de un grupo de trabajadores por el libro contable de una empresa; u observar al hombre como a un mono en Animal Planet por sus actos externos y visibles, y luego pretender concluir qué piensa o qué siente.  Entiéndase, conformarse con la corteza para adivinar el núcleo del ser y sus circunstancias. 


Entonces, no alcanza con repetir lo conocido, tampoco sirve elaborar un pensamiento o un registro con la mente del conquistado. Desde la aparición del sujeto, pensando en Goethe, cada generación debe reescribir toda la historia traducida por la subjetividad. Historia completa… o nada.”

Rigel

Copyright®2019 por Carlos Rigel

12 de diciembre de 2018

Fondoseco: Los escritores y la bebida.



"...impermanecer, porque sus cuerpos arden, 
porque sus cuerpos gritan, porque gritan 
como ángeles en llamas. Unos mueren 
calcinados y otros de amargo silencio..."


Fuera de programa y con cierto retraso, a fines de Marzo o comienzos de Abril de 2019 saldrá a la venta el ensayo Fondoseco, volumen solitario que provisoriamente titulé como literalcoholismo, sobre el fenómeno de los escritores ligados a la bebida. Cerrado en 170 páginas, por cuestiones de costos y precio de venta, no explora a todos los autores dipsómanos de la literatura local y universal, como lo hace el madrileño Carlos Mayoral en el completo ensayo Etílico (Madrid, 1986), pero establezco ejes en los íconos famosos de las letras con los casos más resonantes y conclusiones muy diferentes. Voy a recordar que el presente fue uno de los tres ensayos principales que componían el volumen ambicioso La montaña prometida, además de ficciones y traducciones de poemas universales, promesa que tendrá que esperar para ser completada por la ausencia de la extracción. 

Pero fue una extravagancia indagar la vida de Rimbaud, de Faulkner, de Echenique, de Bukowski, de Duras, de Hemingway, de Poe, de Castillo y de tantos otros que todavía me colman de fascinación al escarbar sus riquezas y pobrezas de sus plumas cedidas, de olfatear sus vasos, de contar las botellas. Por eso comparto un fragmento cortado a la fuerza, ya que todo el libro cuenta con un único párrafo sin punto aparte, sino el último...


"... Nada alcanza, nada. Si fueron tres volúmenes, entonces pudieron ser cuatro; si fueron veinte, entonces pudieron ser veintiuno o veintidós. Siempre nos parecerá que falta algo para agregar a la tarea de crecer y multiplicar obras, cuando para el destino basta con el reconocimiento y el abrazo al alma laboriosa. El destino no mide la cantidad de piezas terminadas, sino el mérito social alcanzado, porque el alma no parte hasta no haber contabilizado el aplauso último dispensado por nuestra propia sociedad. Así debe ser. Maldito quien no labure para la aceptación del género y parta negado y sin admiración porque es la finalidad del alma. De Homero a la fecha, la brújula no ha movido la aguja, con o sin bebida. Inefable, no es un torneo de litros consumidos con premios al vencedor de la prueba, sino una misión a cumplir, cueste lo que cueste...

CR
Copyright®2018 por Carlos Rigel

11 de noviembre de 2018

Aeterna


¿Qué es el tiempo?

Nací en China hace 4724. pero la vi recién en 181, durante un incendio en Roma, y al sentir el aroma de su cuerpo recordé haberlo advertido antes, quizá en 112 A.C.. o tal vez en la Antioquía del 180. Luego, cuando los moros invadían Europa en 723, soñé que frotaba sus cabellos lacios por mi cara, pero debí perderla por poco. El 1616 sentí la desesperación de su muerte durante el descenso cruel en Panamá. Volví a sentirla morir en un pueblo de la España en guerra. La vi en Brasil en 1962, conversando con un ángel. Mañana creo que la veré en Buenos Aires cuando de vuelta a una esquina céntrica, o quizá en el viaje en tren de regreso, o mientras espere el micro. Estará de pie frente a una vidriera, eterna y dimensional. Y la veré entera con mi cuerpo y el peso de siglos.Penetraré de nuevo el aroma de sus lacios, sentiré el perfume de su cuerpo que grita y recordaré las llamas y la muerte, el tiempo y los sueños. No sé todavía qué le diré, pero no la dejaré ir. Sino, sé que tendré que esperarla hasta el 2318 en la Antártida tropical. Dios juega al tiempo y tardo siglos en aprender, pero el mío se agota. Me inspira la persistencia de su alma por encontrarme. Pero ella no lo sabe.

CR


Copyright®2017 por Carlos Rigel