15 de noviembre de 2011

El mar en llamas





Marathónica de Poesía y Narrativa en Mar de Ajó, 2011,
organizada por la Fundación de poetas René Villar del 10 al 13 de Noviembre.


Apenas median horas entre el arribo a Mar de Ajó y mi ponencia anunciada por los coordinadores Horacio y Rubén Gómez. Se trata de la convención de autores y artistas de la Costa Atlántica, Mar del Plata y que incluye en este episodio a narradores y poetas de ciudad de Buenos Aires, GBA y provincias del interior. Transcurre en un noviembre anacrónico de calor, de viento y frío nocturno en el lujoso hotel Latinoamericano de Mar de Ajó, frente al mar.
En su mayoría se trata de coordinadores de encuentros de autores independientes, cafés literarios y talleres de escritura, incluso estudiosos de los procesos creativos, con irrupción de poetas y narradores, tanto veteranos como amateurs. 
La ponencia a cargo del autor prevista para las 19:45 –en la que el saco y la corbata no estuvieron ausentes–, comenzó finalmente a las 20:05, y aunque se me dispensaron dieciocho minutos, ocupé treinta y cinco minutos con atención absoluta del público –aprox. 100 personas–, clausurando la segunda jornada y previo a la actuación de Alfred Hopkins.
Como es sabido, jamás leo ni hablo de mi obra, y preferí comenzar con un análisis breve del estado de la letras en el Partido de La Matanza –ya que debo fundamentar mi presencia allí–, hasta dedicarme al tema propuesto. Como es habitual, hay reflexiones atinadas y risas, y lo que puede entenderse como el agradecimiento de la gente, que es cuando extienden manos para recibirnos de regreso a un ruidoso anonimato tras finalizar la ponencia.


La observación es que la poesía parece agotada, acorralada por lugares comunes perfectamente olvidables. Recuerdo entonces al premio Cervantes español Antonio Gamoneda cuando habla de "poetas imperiales" y de "poetas conquistados" porque siguen las estructuras mentales del siglo de Oro. Peor aún, es evidente el avance de la prosa por sobre la poesía clásica ya que el verso libre tiene más de narrativa que de sonoridad rítmica.
Pero quizás la novedad, el momento de ruptura con la solemnidad, el destello de contracultura, es la "Poesía sucia" del marplatense Víctor Clementi, especie de ogro semántico –o monstruo enamorado–, quien además caracterizó junto a Ana Pocorena y para estallido de risas del público su obra "(Osama) Bill Lamen", que vendría a ser el reportaje a un terrorista fundamentalista nacido de un experimento genético en la amalgama desopilante de Bill Clinton y Bin Laden, precisamente el humor arriesgado que yo agradezco.


Diría que al menos cincuenta autores expusieron, presentaron o leyeron sus textos durante las cuatro jornadas. Así escucho "años atrás", "tan es así" y otras variedades de la mala escritura y que revela la popular entrega a la redacción con poco estudio del español y menos lectura. Pero en todo caso habla de la formación media o baja de los moderadores del área que no sólo afecta a la costa sino a la latinidad. Hay más impulso que academia y la busca de "la belleza en los intersticios de la verdad" de las reflexiones hegelianas, no alcanzan para justificar la ausencia.

La cordialidad del grupo humano es intachable; así también la actuación del equipo de coordinadores: Horacio y Rubén Gómez, Lucía Vizio y Alicia Erdelysrky, que siendo autores resignan espacios propios en beneficio de las visitas. Sé cómo es eso. Tengo especial interés en asistir a la ponencia "La magia de los cafés literarios", lectura defectuosa a cargo de Josefina Rodríguez quien lista el origen de los cafés en Arabia y Europa medieval y, para mi asombro, salta al Café Tortoni, a comienzos del siglo XX, obviando nuestras payadas de pulpería que serían la versión autóctona más antigua de nuestros mates literarios. Por suerte en el Día de la Tradición Isabel Corrao Santos recita un fragmento extenso de Santos Vega de Hidalgo, salvando la fecha.
También soy invitado a la cena de camaradería preparada por los organizadores para la noche del sábado y me toca la mesa de autores marplatenses, algunos muy jóvenes, todos ellos coordinados por Marcela Predieri. 

La Patagonia está presente o recordada en la figura legendaria de Vicente Zito Lema, tras 19 horas de viaje para alcanzarnos, llegado desde una cárcel de mujeres, quienes editan un libro de poemas que me hubiera encantado escuchar. Por desgracia mi valija espera despanzurrada y vacía en la cama el viaje de regreso a Buenos Aires.
Una rareza: vendí todos los ejemplares que llevé, excepto uno que regalé a Augusto, un autor muy joven en lucha lúcida contra un visible síndrome de Down.




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